
¿Cuál es la relación entre Venezuela y el videojuego de acción bélica Call of Duty ? Más allá de la entrega que se lanzó en 2013, quizás la respuesta esté en la teoría de la programación predictiva.
En 2013 se lanzó Call of Duty: Ghosts, la décima entrega (van por la 22) del videojuego de acción bélica, que se ha convertido en el favorito de toda una generación. La historia presentaba a La Federación, -una alianza ficticia de países sudamericanos cuya capital era Caracas- como una superpotencia militar que se convierte en el principal enemigo de Estados Unidos.
En su día, esta elección narrativa provocó una polémica no menor en Venezuela, donde un recién llegado al poder Nicolás Maduro interpretó que el juego asociaba al país con una amenaza militar global y lo situaba simbólicamente como antagonista. Evidentemente, el juego ha cobrado actualidad por la historia que cuenta y por su concomitancia con los recientes eventos mundiales.
La programación predictiva
Los teóricos de la conspiración podrían esgrimir que la saga Call of Duty participa de la teoría de la programación predictiva, ese término que se emplea para describir la supuesta práctica de introducción de ideas o narrativas en productos culturales: cine, series de televisión, publicidad, música… con el fin de normalizar o preparar psicológicamente a la población para eventos futuros.
Pero lo cierto es que quizá sea más útil apelar al principio filosófico de la Navaja de Ockham, que sostiene que ante varias explicaciones posibles para un mismo fenómeno, la más simple suele ser la más probable y correcta. Vista la prolijidad con que Activision, empresa que creó y desarrolló Call of Duty, ha mezclado realidad y ficción, era cuestión de tiempo que uno de sus juegos predijera un futuro evento bélico o militar.
En los últimos años no han existido más polémicas comparables de lo que pasó en relación a Venezuela y Call of Duty: Ghosts, pero otras entregas de la saga, como Modern Warfare, Black Ops o Warzone han generado controversias en otros países o contextos geopolíticos.
Y, por supuesto, la cosa no termina con Call of duty. Juegos como Battlefield, Medal of Honor, Rainbow Six… muchos de han adoptado un tono claramente promilitar y con colaboración, en muchas ocasiones, de exmiembros de las fuerzas especiales. Mención aparte merece America’s Army, un videojuego desarrollado directamente por el Ejército de Estados Unidos como herramienta de comunicación y captación.
Evidentemente, esto no termina con los videojuegos. El cine se ha paseado por las mismas sendas en películas como Top Gun, 13 Horas, Black Hawk Derrivado, American Sniper... o directamente ha tenido como protagonistas a las Delta Force, cuerpo de élite que, de hecho, ha sido el encargado de capturar a Maduro.
Los ecos del poder blando
Si nos ponemos líricos, podemos decir que estos productos suponen un punto intermedio entre la propaganda militar pura y dura y el thriller militar ficcionado, pero más allá del análisis puntilloso, está claro que todos ellos comparten un mismo sustrato de base: convertir conflictos geopolíticos complejos en espectáculos de acción inmediata y frenética en los que la intervención, a la fuerza, de Estados Unidos es necesaria y está moralmente justificada por las circunstancias. Es decir, este tipo de creaciones son las embajadoras culturales del poder bélico made in USA.
Quedará por ver si Maduro se ha entregado de forma encubierta o estamos ante la operación militar más brillante de la historia de Estados Unidos, pero no hay muchas más opciones que estás dos. Y si es la segunda, concuerda perfectamente con esa imagen de fuerza que Estados Unidos quiere exportar al mundo con su poder blando.
De hecho, muchas de las pantallas de los juegos mencionados concuerdan exactamente con lo vivido ahora en Caracas: ataques localizados con pocas bajas, fuerzas de élite infiltradas sin hacer ruido en un territorio hostil y operaciones de extracción quirúrgica. “Sacamos a Maduro de una fortaleza militar fuertemente vigilada en el corazón de Caracas”, declaró el sábado Donald Trump.
Era probable que acabaremos viendo un vídeo en primera persona de cómo unos barbudos sacan a Maduro de la cama, porque esa inevitable concepción visual del conflicto está quirúrgicamente implantada desde hace años en la retina de las nuevas generaciones: todos los menores de 40 años sabemos lo que es hacer un Call of Duty. La concreción quinética del juego es ya un aviso profético para el mundo: ahora todos sabemos exactamente lo que les espera a los "enemigos" de la libertad.

