Skip to main content

No existe el último tatuaje

por Gelitza Robles

Tatuaje
Fotografía: Shutterstock.

Los fantasmas que perseguían al mundo del tatuaje en los ochenta y noventa en el Ecuador se han reavivado con la creciente ola de violencia en el país. Mientras los integrantes de bandas o grupos delictivos se marcan la piel para mostrar lealtad y pertenencia, los ciudadanos comunes quieren borrar cualquier señal que los ponga en peligro. ¿Cómo ha afectado esto al oficio de la tinta?

Félix Beltrán tenía catorce años cuando se tatuó por primera vez. Ese día se enamoró del tatuaje y lo convirtió en una forma de plasmar su amor por el dibujo. Hoy, con 42 años, aún conserva en su brazo derecho aquel primer diseño que se pierde en los incontables trazos que marcan casi el 90 % de su cuerpo. Su meta es dibujarse hasta el último pliegue. Pero tatuarse no fue suficiente, él quería ganarse la vida con ese oficio y para ello debió saltar los prejuicios que lo situaban como una cosa exclusiva de delincuentes y prostitutas. Con el paso de los años, dice, los estigmas se fueron disipando. Sin embargo, en los tiempos que vive el país, los juicios negativos regresaron de la mano de la creciente ola de violencia.

Es febrero de 2024 y Félix está sentado en un taburete de su recién inaugurado estudio-galería, al norte de Guayaquil. En ese lugar, con paredes enmarcadas con decenas de sus pinturas, recuerda que su primera máquina para tatuar la tuvo que fabricar él mismo. Lo hizo con el motor de un carro de juguete, una aguja para coser chaquiras y un lápiz mecánico. Ese artefacto marcó el inicio de su camino como Zombie Tattoo, su nombre artístico. “Eran mediados de los noventa en Guayaquil y en aquel tiempo la mayoría de los tatuados eran prostitutas o delincuentes y los pocos tatuadores ‘formales’ se asentaban en la calle Colón. El resto trabajaba en la cárcel o los prostíbulos”.

Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
¡Lee sin límites! HAZTE PREMIUM o Iniciar sesión

Etiquetas:

Imagen de perfil

Acerca de Gelitza Robles

(Portoviejo, 1987) Periodista desde 2004. Desde que las entendió, se zambulló en las letras y en ellas nada, remolinea, flota y las salpica. Dircom, editora y cronista. A veces roja y otras, verde.
SUS ARTÍCULOS