El Salvador construyó dos modelos carcelarios opuestos: uno basado en el aislamiento total y otro en el trabajo productivo. Las cárceles granja son un ensayo social que casi nadie mira.
Los hombres caminan entre los cultivos con machetes en las manos. Otros sostienen cuchillos largos, de esos que en cualquier cárcel serían considerados armas. Desde lejos, la escena podría parecer el inicio de un motín.
Pero aquí ocurre lo contrario.
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