Una ‘app’ transforma el reciclaje en comida. ¿Cómo? Sencillo. Usted entrega residuos aprovechables a recicladores o en estaciones autorizadas y suma puntos que pueden canjear por productos en 12 restaurantes, cafeterías y locales de venta al granel.
Con una mano, Mateo Vela sostiene una bolsa llena de botellas plásticas vacías, mientras que con la otra abre un contenedor azul en el que se lee: “plástico y metal: limpios y secos”. Uno a uno, introduce los materiales reciclables que recolectó en su casa durante las últimas dos semanas. Después, abre una aplicación en su celular, registra la cantidad de botellas que depositó y muestra la pantalla al Elías Muzo, propietario y administrador del restaurante , L-Eden, que es parte de esta red de reciclaje. A los pocos minutos Mateo recibe una pizza mediana de salame.
Los comensales que siguieron los movimientos de Mateo Vela, miran con asombro la dinámica. Pero, para él, llevar lo que recicla a restaurantes y cafeterías con la idea de obtener productos o descuentos a cambio, se ha convertido en una tradición. Muzo también está acostumbrado a este proceso. Desde hace un año, su restaurante es uno de los 12 ‘Recinegocios’ donde se puede intercambiar reciclaje por platos de comida, postres, bebidas o lavavajillas y detergentes ecológicos para el hogar. “Las estaciones de reciclaje se llenan seguido. La gente hace su canje por alimentos, incluso, por descuentos en talleres de cerámica, dibujo o pintura”.
Estos ‘Recinegocios’ son parte de la iniciativa ecuatoriana ReciVeci, que fomenta la conexión de los vecinos con las recicladoras de base de cada barrio, para impulsar la práctica del reciclaje y disminuir la generación innecesaria de basura. Según datos de la Universidad de las Américas (UDLA), en Ecuador se producen más de 4,4 millones de toneladas de residuos al año o 14.000 toneladas al día.
Aunque más del 80% podría recuperarse a través de distintos sistemas, actualmente solo se recicla entre el 4% y el 6% de estos desechos. Es decir, se podría aprovechar la mayoría de productos que ahora se acumulan en rellenos sanitarios o, incluso, en los ríos y playas.
Con la idea de aumentar estos porcentajes de reciclaje, Lorena Gallardo, una de las tres cofundadoras y gerenta de Innovación y Sostenibilidad de ReciVeci, cuenta que en 2018 se lanzó la ReciApp, una aplicación móvil que mapea la ubicación de más de 2.000 recicladoras de base en el país. Para motivar a las personas a participar, de una forma más novedosa y creativa, sumaron los ‘Recinegocios’, que brindan una especie de recompensa a quienes acumulan puntos en la ‘app’ a través de la entrega de sus residuos.
Comida por puntos
Antes de llegar al L-Eden, Vela separó los residuos en su hogar. Aunque parezca el paso más sencillo, no muchas personas lo hacen de forma correcta. En la aplicación hay una guía para saber qué productos de cartón, papel, plástico, vidrio y metal se pueden reciclar y cuáles no. Por ejemplo, las cajas con residuos orgánicos o de pizza, el papel higiénico y las bolsas metalizadas de snacks no pueden reutilizarse. Además, es importante que todos los productos estén limpios y secos.
Tras separar estos productos, hay dos opciones. Vela los llevó directamente a la estación, pero la otra alternativa es contactar y entregar los residuos a una recicladora de base a través de la aplicación. Después, se tiene que registrar la entrega en la aplicación móvil. Así se empieza a sumar puntos para canjearlos por uno de los 40 alimentos o servicios.
Por ejemplo, cada entrega representa 100 puntos. Con este puntaje se puede acceder a un café expresso, americano o capuchino en distintas cafeterías de la ciudad, como JAE Café Design o Zindagi Coffee.
Gracias a todo lo que recicló durante estas semanas, Vela pudo acumular 1.000 puntos y canjearlos por una pizza mediana a mitad de precio. En L-Edén, con 330 puntos se puede acceder a un café en prensa o a una limonada de albahaca y con 500 a un ‘shot’ de caña.
En otras ocasiones, este quiteño de 30 años ha canjeado sus puntos por detergente, lavavajillas o jabón líquido en tiendas como Verde Granel EcoMarket, Ecoterra y Azul Esfera Ecotienda, incluso, le han serivdo para ganar descuentos en entradas a eventos en lugares como Casa Palenque.
Mientras Vela come su pizza, hasta L-Edén llega Verónica Pulupa, recicladora de base de la asociación Sonreir, que, junto con sus compañeras, es una pieza clave de esta cadena. Ellas son las encargadas de recoger el material de las estaciones o de los usuarios de la ‘app’ para venderlo y así generar ingresos.

Más allá de los puntos
Pulupa mueve la estación como si no pesara. Mientras saca las botellas que Vela dejó en los contenedores revisa, uno a uno, que estén limpios y en buen estado. Todo lo aprendió de su madre y de su abuela. Aunque estudió la secundaria, después no tuvo el dinero para ingresar a la universidad y tuvo que dedicarse por completo a recolectar los productos reciclables sobre todo en el sector de la avenida República del Salvador, en Quito.
Todos los días, camina desde las 11:00 hasta las 24:00, en busca del reciclaje. Con los ingresos que obtiene de las ventas de estos materiales, esta madre soltera de 36 años mantiene a sus tres hijos. Las botellas de plástico pet de agua o gaseosas son por las que obtiene mejores ingresos: USD 0,55 por kilo, mientras que por el vidrio recibe USD 0,04. Al final del mes, gracias a este trabajo obtiene cerca de USD 450.
Gracias a la aplicación y a los puntos de reciclaje, Pulupa, ahora conocida como “Verito, recicladora influencer” dice que es más fácil contactarse de forma directa con las personas y negocios que quieren entregar su material. “La tecnología permite tener un impacto más grande con menos esfuerzo y esa fue la razón de crear la ‘app’, para decirle a la gente que ellos pueden buscar al reciclador”, explica Gallardo.
Aunque este sistema le ha facilitado el trabajo, ya que los productos están clasificados de acuerdo al material, Pulupa cuenta que uno de los problemas persistentes de trabajar en las calles es que las personas todavía no separan sus desechos y colocan todo en la misma bolsa. “ Me he cortado los dedos con las latas de atún porque la gente deja las orejas hacia arriba, cuando solo deberían dejar la tapa hacia abajo”, cuenta, mientras mete todos los materiales a un costal para después venderlos.
La idea es que esta iniciativa, que empezó con tres ‘Recinegocios’ y que ahora tiene 12, continúe sumando más establecimientos a su mapa para motivar a las personas a reciclar. Pero, más allá de los puntos, el objetivo es que, como dice Pulupa, “los ciudadanos tengan conciencia, se pongan en nuestros zapatos y se den cuenta de que, solo separando y limpiando sus residuos, ya están contribuyendo a que trabajemos de una forma más digna”.

