
En 1969 apareció en las librerías del Ecuador Cocinemos con Kristy. Escrito por la quiteña Delia Rosa Crespo Benítez e impreso por la imprenta Artes Gráficas, el libro pronto superó en ventas a títulos como Cien años de Soledad o Huasipungo.
Cocinemos con Kristy es una recopilación de 700 recetas que comenzaron a aparecer en la mesa de la familia de Delia Crespo desde 1915, cuando la abuela del clan -también llamada Delia- empezó a recopilarlas con su puño y letra en cuadernos y libretas. Inesperadamente, el libro rompió todos los esquemas y se convirtió en un superéxito de ventas.
Cocinemos con Delia
“Mi madre fue un ser humano lleno de fe, convicciones y certezas”, afirma Cristina (Kristy) Ordóñez, la heredera culinaria y la última de los cuatro hijos del matrimonio de su madre con Carlos Ordóñez Viteri; un empresario que falleció cuando ella era pequeña.
Con cuatro hijos, las carencias y necesidades empezaron a sentarse a la mesa de Crespo con mucha frecuencia. Sin embargo, cuenta Kristy, su madre fue una optimista empedernida y siempre encontraba la forma de comenzar un nuevo proyecto.

Un día decidió sacarle el jugo a su experticia en la cocina criolla y a su vena 'alquimista', que le facilitaba crear nuevas y deliciosas fórmulas culinarias con los productos más sencillos y abundantes del terruño.
Con el “empujoncito indispensable” de varias amigas, entre ellas Pía Molina y Lourdes Pozo, una vecina que laboraba en El Tiempo, Delia empezó a publicar una o dos recetas semanales en este periódico y, luego, en El Comercio.
Periodistas como Rodrigo Villacís Molina y Marcia Silva de Acosta dieron cabida y acomodaron sus recetas en varias secciones de este diario quiteño hasta 1969, cuando Crespo decidió escalar una nueva grada y publicó el primer tomo de su Cocinemos con Kristy.
Un “longseller”
La primera edición de Cocinemos con Kristy solo tuvo una tirada de 2 000 ejemplares. Desde la tercera, impresa por la Editorial Don Bosco, el número de libros subió a 10 000 por edición. Su proyección significó una verdadera sorpresa para todo el mundo cultural de ese tiempo, explica Édgar Freire Rubio, un librero de viejo cuño que obtuvo su “masterado” entre los estantes de la Librería Cima.
No era una locura, pero casi, explica Freire: “En Cima, por ejemplo, se vendían por lo menos tres “Cocinemos con Kristy” diarios, muchos más que las novelas en auge, como Cien años de Soledad del Gabo o la indigenista Huasipungo del coterráneo Jorge Icaza, la novela ecuatoriana más vendida”.

A Cocinemos con Kristy se lo encasilla en lo que actualmente es conocido como “longseller”, éxito de larga duración, o un libro que se publicará ad infinitum, asevera Freire con autoridad. A la fecha, el libro lleva 30 ediciones y 330 000 libros vendidos.
La publicación del segundo tomo llegó en 1999 y refrendó la buena estrella del primero. Fueron otras 750 nuevas recetas, 150 de ellas sopas y cremas. Y aunque no tuvo el éxito fulminante del primero, también se vendió mucho y sigue en ese andarivel; ahora reforzado por tecnologías como la impresión digital. Actualmente se puede conseguir los dos tomos a través de la página Cocinemos con Kristy.
Prolijidad y sencillez
¿Cuáles fueron los factores que lograron este éxito de ventas? La gran mayoría de chefs resalta la sencillez de las recetas; la prolijidad en los pesos y medidas; y la utilización de un lenguaje de fácil aprehensión para todo el mundo: ricos, pobres, enterados o neófitos.

En ninguna de las 1 450 recetas de los dos tomos se encuentran frases como: cocinar hasta que esté al dente; reducir hasta que quede dorado; realizar el mirepoix (corte de verduras para refritos); blanquear la verdura (cocinar brevemente en agua hirviendo); emulsionar la composición (combinar ingredientes líquidos y grasos); glasear la superficie (cubrir con brillo), en este libro todo es coloquial y cercano.
Otro punto a favor del libro fue la incorporación de medidas exactas de cada ingrediente, lo que no ocurría en publicaciones parecidas. El chef Patricio Granja resalta la estandarización de las recetas criollas utilizando un concepto didáctico, sencillo de comprender. Aunque las recetas no llevaban fotografías, eran sencillas de replicar en cualquier cocina y con ingredientes que se encontraban en cualquier mercado.

