Ante el volumen de vídeos en redes sociales que diagnostican desde autismo hasta TDAH en menos de un minuto, conviene recordar que las etiquetas no siempre son inocuas y que no todo en el mundo es neurodivergencia.
En los últimos años, la salud mental ha saltado del ámbito clínico a las conversaciones cotidianas y, sobre todo, a las redes sociales. TikTok, Instagram y YouTube se han convertido en una nueva fuente de “evaluación psicológica”, donde los diagnósticos se explican en vídeos de 30 segundos y la palabra neurodivergente aparece como etiqueta bajo miles de contenidos.
El fenómeno tiene una cara positiva: la información llega a mucha gente que antes no tenía acceso a ella. Pero también una consecuencia preocupante: el autodiagnóstico indiscriminado y el uso inflacionario de etiquetas psicológicas que han perdido, en algunos casos, su verdadero significado.
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