
Desde gestos de la dirigencia de la FIFA, cánticos en los estadios, acciones concretas de hinchas y hasta en detalles en los uniformes de las selecciones, lo político también se hace presente en el Mundial 2026.
Fue el 10 de noviembre de 2001, en su partido homenaje en el estadio de Boca Juniors, en Buenos Aires, cuando Diego Armando Maradona dijo una de sus frases más célebres. — Porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha —dijo ante un estadio que no podía más del cariño.
Maradona lo enunció como una especie de filósofo de la vida y del balón y con los años, lo de “la pelota no se mancha” surge cada vez que se quiere decir que este deporte y la pasión que genera están por encima de cualquier acto de jugador, técnico, dirigente o hincha. Es decir, su pureza trasciende lo demás.
La pelota sí se mancha
Pero hoy, en pleno Mundial 2026 de fútbol, compartido entre Estados Unidos, Canadá y México, el fútbol no tiene por qué ser puro; es decir, la pelota tiene que mancharse. Cuando Maradona dijo lo que dijo, el mundo no era el de ahora. En la actualidad no hay más remedio, el balón no es ajeno a lo que sucede en el planeta y lo va a mostrar, porque así pasa con todo lo humano.
“Lo personal es político”, escribió la activista Carol Hanisch en los años 70, siguiendo un camino trazado por el filósofo Herbert Marcuse, que decía que no existía espacio en la vida, público o privado, que no esté sujeto a luchas de poder. Ni el fútbol se aleja de eso y las muestras de pasión alrededor de este deporte reflejan también esa batalla política. Pese a que a FIFA dice que no deben existir manifestaciones políticas en la cancha.
Pero meses antes del inicio del Mundial, la FIFA ya politizó el juego con una acción duramente criticada por expertos e hinchas: la entrega del FIFA Peace Prize — Football Unites the World a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, el 5 de diciembre de 2025. —Esto es lo que queremos de un líder, que se preocupe por la gente —dijo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante el acto de entrega. Para muchos fue una forma de congraciarse con él antes del inicio del Mundial, para tenerlo de su lado. Sin embargo, el plan de Infantino parecería no haber funcionado.
Por ejemplo, el 8 de junio, tres días antes del inicio del torneo, y luego de 11 horas de interrogatorio en el Aeropuerto Internacional de Miami, al árbitro somalí Omar Artan —uno de los 170 árbitros seleccionados para pitar los partidos— le fue negado el ingreso a Estados Unidos, por una supuesta “asociación con personas sospechosas de ser parte de organizaciones terroristas”. La FIFA dijo que no podía intervenir en asuntos migratorios y que le pagaría a Artan el salario pautado, que por lo bajo es de 100 mil dólares.
Al equipo de Irán se le prohibió instalarse en Estados Unidos, en medio de un conflicto bélico y diplomático entre ambos países, que todavía no se soluciona. Por eso, los iraníes establecieron su campamento en Tijuana, México y, con permisos especiales, entraron y salieron los días de los partidos en territorio estadounidense. Eso, sin contar que, en abril, de acuerdo a un reporte de Financial Times, un emisario de Trump pidió formalmente a la FIFA que excluyera a Irán —que había ganado su cupo en la cancha— y que reintegrara a Italia, que no clasificó.
Al menos, para el partido del viernes 6 de junio, contra la selección de Egipto, a Irán se le permitió ingresar dos días antes. Hace 10 meses, Gianni Infantino decía que todo “el mundo sería bienvenido en Canadá, México y Estados Unidos”. Un día antes del arranque de los partidos, cambió el discurso: “No lo controlamos todo. Lo intentamos, discutiremos, hablaremos, veremos. Tal vez a veces también sea bueno simplemente calmarse, relajarse”.
Las pieles de los países
Los uniformes de las selecciones no solo responden al negocio, que es poderoso. Por ejemplo, los costos de la camiseta oficial de la Tri van de los 30 a los 80 dólares. Pero durante los partidos en la fase de grupos, quedó claro que en los detalles de las vestimentas se habla de cada país, su historia, su cultura y contradicciones: una mancha necesaria.
Así han destacado la camiseta alterna de Curazao, con un amarillo de postal en homenaje a los colores que se encuentran en el centro de Willemstad, la capital del país. La alterna de Corea del Sur llamó la atención tanto por su mezcla de violeta y blanco como por el uso de la rosa de Mugunghwa, la flor nacional, en un diseño que para muchos ha sido inspirado en BTS. La camiseta de visitante de Bélgica mira al surrealismo, con diseños que recuerdan a René Magritte entre celeste, blanco, rosa y negro, con la cereza del pastel en el cuello: la frase “esto no es una camiseta”.
—Un Mundial es una plataforma de exposición muy importante. Un espacio de representación de una nación y si la indumentaria siempre responde a un contexto en particular, la indumentaria oficial del Mundial va a responder a un contexto político muy claro —dice la especialista en marketing y comunicación de moda More Cardona.
Eso ha hecho la República Democrática del Congo al mostrar una elegancia y paradoja, que tiene mucho que ver con una subcultura propia de Kinshasa. El equipo llegó a Houston el 11 de junio vistiendo un traje negro con portentosos detalles de leopardo y con eso la rompieron, referenciando al movimiento sapeur, que une ropa lujosa y estilo de vida extravagante, a lo dandy, a territorios en los que se vive en condiciones precarias. La moda es política y no se puede ser más contundente que esto.
Más historias en los uniformes
- La FIFA le impidió a Haití colocar en la parte inferior de su uniforme principal un diseño inspirado en la Batalla de Vertières, el enfrentamiento final que consiguió la independencia de Haití de Francia, en 1803.
- El rechazo fue por considerarlo “político” y eso obligó a la empresa colombiana Saeta —que diseñó el atuendo— a trabajar contrarreloj para cambiar la camiseta.
- Una de las cosas más curiosas ha sido ver en la de las camisetas de la selección noruega que todas las letras y números estaban basados en el alfabeto rúnico.
- Colombia se decidió por hacer un homenaje a Cien años de soledad, la gran novela de Gabriel García Márquez a través del uso de un estampado de mariposas amarillas en la tela de las camisetas.
- La selección brasileña realiza un guiño a la conservación de la Amazonía en su uniforme alterno, usando como referencia la piel de las venenosas ranas dardo de la selva, a través de un tono azul oscuro con trazos negros.
El turno de los hinchas
Desde los graderíos, la pelota ha seguido empapándose de actos políticos. Y Trump ha estado en boca de muchos hinchas, especialmente los de habla inglesa. Ya sea en los exteriores, dentro de los estadios, o en zonas en las que los fanáticos se reúnen. Hinchas de Australia, Inglaterra, Escocia y Nueva Zelanda han lanzado cánticos en los que han hecho referencia a los vínculos de Donald Trump con Jeffrey Epstein.
El 14 de junio, antes del partido entre Australia y Turquía, por las calles de Vancouver, en Canadá, decenas de australianos avanzaron gritando “Aussie boys are on a bender, Donald Trump is a sex offender”, que no hay que traducir para entender.
Hasta el momento, Trump no ha estado presente en ningún estadio —y se entiende por qué—, pero el 24 de junio se confirmó que él entregará el trofeo a los ganadores del Mundial, el 19 de julio, en el estadio Metlife, en Nueva Jersey. Habrá que ver si pasa.
La alegría del fútbol se ha vivido desde los asientos con sus particularidades. Con hinchas disfrazados —como el famoso El Cole, de Colombia, vestido de pájaro— y con el movimiento de los noruegos, como si estuvieran navegando en un barco vikingo y les tocara remar… La idea es ofrecer algo llamativo y que revele identidad nacional. Pero lo que ha hecho un fanático de la selección de República Democrática del Congo es la prueba de que desde los asientos hay un discurso que busca hacer memoria.
Michel Kuka Mboladinga llegó a México a apoyar a su selección en su partido contra Colombia, el 23 de junio. Si bien no puede ingresar a Estados Unidos por las restricciones sanitarias alrededor de un brote de ébola en el país africano, Lumumba Vea, como se lo conoce, entró a México luego de una cuarentena obligatoria. ¿Y por qué era importante que esté? Porque lo suyo es una lección de resistencia y de historia.
Usando trajes llamativos —casi siempre con los colores de su país— él permanece de pie, imperturbable, toda la duración del partido, imitando la pose de una estatua en homenaje a Patrice Lumumba, quien fuera el primer presidente de su país luego de la independencia de Bélgica, en 1960, y que fue asesinado por un complot belga y de la CIA en 1961. Lumamba Vea —que quiere decir Lumamba Vive— le rinde homenaje a un líder nacionalista y anticolonialista y lo hace en una plataforma mundial. Pequeños actos que nos recuerdan, como decía la activista Carol Hanisch que "Lo personal es político".

