Los animales de compañía no han quedado al margen de páginas literarias ni de la vida misma de renombrados autores.
Sobre el animal de compañía más fiel sobran ejemplos. José Saramago tenía tres perros, Pepe, Greta y Camões, que un día “llamaron a su puerta”, y en su narrativa quedaron Constante (Levantado del suelo), Encontrado (La caverna) y “el perro de las lágrimas” (Ensayo sobre la ceguera).
Flush fue un cocker spaniel muy afortunado. El can fue idolatrado en poemas de su dueña, la poetisa Elizabeth Barrett; mientras la escritora Virginia Woolf también lo consagró en una novela homónima con la sociedad victoriana como trasfondo.
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