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Mundo Diners al día

Legos navideños

por Juan Fernando Andrade

Navidad
Foto: Midjourney IA
TIEMPO DE LECTURA 3 MINUTOS

Cada Navidad trae sus propios obsequios. Algunos llegan envueltos en papel de regalo, con tarjetita y todo. Otros llegan como lecciones de vida. Y llegan para quedarse.

Historias de legos

Como pasa en otras familias, que han llegado a cierto kilometraje y a cierto momento, en la nuestra hemos decidido que por Navidad solo se compran y entregan regalos a los niños. Los grandes nos apañamos solos, apechugamos y decimos mentiras del tipo ‘por favor, que esta Navidad no se trate de cosas, agradezcamos que estamos juntos’. Yo extraño las cosas, me encantaría encontrar paquetes bajo el árbol que lleven mi nombre y, más importante, que contengan las cosas que he querido/pedido todo el año. Pero no, me lleno de dignidad, madurez, hipocresía, y digo ‘el amor es suficiente’.

¿Cómo va a ser suficiente? Quiero una guitarra nueva, todas las películas de Billy Wilder, un abdomen plano y duro en el que apoyar los tragos que beberé antes, durante y después de la cena; en un orden más terrenal, quiero que me regalen las cuotas de la alícuota del edificio en el que vivo, las compras de cada semana, un viaje todo-pagado a Bora Bora, en Tahití. Que me regalen la tranquilidad de ya no tener que pagar por lo que necesito y deseo. Ese, Niño Dios, sería un gran detalle; no lo suficiente para creer en ti pero sí para decir que creo y hacerte bomba en mis estados de WhatsApp.

Quedan el consuelo, la alegría de ir a las jugueterías a buscar regalos para los sobrinos. Los míos están obsesionados con los legos de Harry Potter, no aceptan suplantaciones o equivalentes. Y tienen que ser oficiales, es decir, de la marca ‘LEGO’. Una vez, rebelados contra la dictadura del monopolio y el sobreprecio, optamos por legos de marcas genéricas, de padre y madre desconocidos. Fracaso total: las piezas no se unían, había que apretarlas con los dientes, y las llantas de los camiones de bomberos no giraban. Desde ahí, los niños nos pidieron que por favor no volvamos a regalarles ‘Legos chafa’.  

Historias de legos 2

Los legos de Harry Potter son carísimos, desproporcionalmente caros. Un set, que viene en una caja de fósforos e incluye nada más que una figura y un animal fantástico, no baja del salario mínimo vital. Y de ahí para arriba: un vagón del Expreso de Hogwarts cuesta más que un viaje en tren de Chone a Londres; el comedor de la casa de Gryffindor cuesta lo mismo que una casa de una planta y tres dormitorios; y para comprar la mansión Malfoy, cuartel general de Voldemort durante la Segunda Guerra Mágica, habría que sacar un préstamo a trescientos años plazo.

Yo les regalaría cubos repletos de piezas de lego para que armen lo que quieran. El problema es que no arman aviones o campamentos de misioneros, construyen armas y se ponen a disparar esas balas de mentira que suenan como rayos de protones. El problema, digo, es de los padres de estos niños, gente de bien y de avanzada que ha impuesto la regla de no agasajar a sus hijos con juguetes que inciten a la violencia.

legos
Midjourney IA.

Un poco ñoños, si me lo preguntan. Jugar a la guerra no produce conflictos armados (internos o externos). Lo que nos vuelve violentos y salvajes es crecer y tener que defendernos de los demás como si estuviésemos rodeados por el enemigo.

La decisión final es comprar los legos en Amazon, aunque lleguen dos o tres días pasada la Navidad, y preservar el centavo. Como dice la gente de infinitas posibilidades: los millones se cuidan solos, hay que cuidar el centavo. Y hacer el trabajo: convencer a los niños de que la vida merece ser vivida y continuada. Eso hacemos los grandes: vender la idea de que vale la pena seguir adelante y encontrarnos con lo que venga después, sea lo que sea.

La verdadera forma de amar es cuidar al prójimo más que a uno mismo; aunque el prójimo sea una niña que te dice, como si nada, ‘tienes los dientes amarillos, y un pelito blanco que te sale de la nariz, estás viejo’. Cuidar es mantener la ilusión. La ilusión es vivir dentro de un juego: uno avanza casillas, retrocede, tiene momentos de poder y momentos de angustia, soberbia y humildad, riqueza y austeridad, suerte y desgracia. Y hasta cuando pierde quiere volver a jugar. Ese es el premio.

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Acerca de Juan Fernando Andrade

Escritor y periodista. Sus libros están disponibles en formato impreso y digital en www.dinediciones.com. Sus textos cortos pueden leerse en su blog personal: www.culturab.blogspot.com.
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