En agosto de 1936 Adolfo Hitler inauguró los Juegos Olímpicos de Berlín con el afán de demostrar la superioridad racial aria, una ideología nazi que quedó hecha trizas en la pista de atletismo.
En esas olimpiadas una gran parte de las 57 medallas que obtuvo Estados Unidos en el medallero final se debió al dominio en las disciplinas de campo y pista.

La gran sensación de esos juegos fue el afronorteamericano Jesse (James Cleveland) Owens, al conseguir cuatro medallas de oro y, en especial, detener el cronómetro de los 100 metros planos en 10,30 segundos.
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