Pequeña, delgada y puntiaguda es la herramienta que, a lo largo de la historia de la humanidad, no ha sufrido mayores variaciones en su sentido práctico: la aguja de coser y de la jeringa de inyecciones.
Ya no son varillas de huesos o cuernos, e hilos de tendones de origen animal los que estructuran la costura, ni las incisiones son el modo de introducir emplastos y sustancias con fines curativos.
Las agujas de acero fueron inventadas por los chinos y llevadas por los moros a Europa, donde se comenzaron a fabricar a finales del siglo XII. Sin embargo, “no fue hasta aproximadamente el siglo XVII que se forjó como una industria”, explica un boletín del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania.
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