Parece que una ciudad como Quito no está hecha para quienes van a pie por la vida. Un experto y varios peatones coinciden en que el problema es la imprudencia en la calle pero, ¿de quiénes?
Hay una historia que siempre cuenta Javier López —33 años— cuando quiere hablar sobre lo complicado que es ser peatón en una ciudad como Quito. Dice que, en 2009, mientras caminaba por la acera en la avenida América, al norte de la ciudad, a la altura del colegio San Gabriel, casi lo atropella un carro grande conducido por una señora que parecía de cincuenta años.
¿Cómo? Mientras él avanzaba, la mujer subió el carro a la acera para parquearse porque quería bajarse a comprar en uno de los locales que había en esa zona. Javier tuvo que lanzarse hacia adelante, casi tres metros de un solo salto, para evitar que lo golpearan.
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