Varios expertos advierten sobre cómo impacta el uso problemático de las pantallas en la salud mental. Un golpe de realidad para replantearnos cambios en ciertos hábitos del estilo de vida hiperconectado que llevamos.
Dice Byung-Chul Han, filósofo surcoreano y profeta de nuestro tiempo, que, en la economía de los datos, las empresas luchan por mantener fijos nuestros sentidos en las pantallas. Esto sería una suerte de eucaristía digital, donde el smartphone es el rosario que llevamos siempre en la mano; el discurso de los influencers es la liturgia; cada like es un amén; “compartir”, la comunión, y consumir, la redención.
Pecaríamos de necios si no reconociéramos los innumerables privilegios de la era digital. Pero el pecado de la ingenuidad sería el mayor si continuáramos obviando la evidencia científica, cada vez más contundente, de cómo estas tecnologías están alterando nuestros procesos cognitivos y emocionales.
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