Para unos el Go es un arte; para otros, un deporte o simplemente un juego de mesa. Lo cierto es que apareció en China hace 2 500 años. Y ahora, en pleno siglo XXI, en medio de los Andes, sigue seduciendo a todo el que se siente frente a un tablero de 19 filas y 19 columnas.
Son las tres de la tarde de un sábado de agosto. Edisson Vásquez y Miguel Pazmiño están sentados en una de las mesas que hay en la terraza de un hostal entre la 10 de Agosto y Asunción, a unos pasos del Puente del Guambra. Edisson, hotelero, 31 años; Miguel, centenial, 18 años. Lo único que conecta sus vidas es la pasión por el Go.
Edisson juega Go desde los 14 años. Su maestro fue Diego Albuja, el presidente de la academia La piedra en el lago. Albuja, diseñador gráfico, aprendió este juego en el Café Libro, cuando el negocio funcionaba en un pequeño local en el sector de La Pradera. Era 1999 y, para entonces, el Go llevaba dos décadas de vida entre casas y cafés de la ciudad.

Mientras Edison mueve sus fichas blancas sobre el tablero -las negras están en manos de Miguel- dice que el Go es un juego sencillo de aprender en cuanto a reglas, pero complejo en relación con las tácticas que se pueden usar para controlar la mayor cantidad de territorio. Si el ajedrez es una batalla, el Go es una guerra llena de estrategias.
Miguel conoció el Go a los 9 años. Un día después de clases llegó a uno de sus extracurriculares y en el aula se encontró con Albuja, un tablero y piedras de colores naranjas y verdes. Nueve años después es el Campeón Latinoamericano Sub18. “El Go, entre otras cosas, -cuenta- me ha servido para ver la vida con perspectiva a futuro”.
El juego entre Miguel y Edisson dura poco más de una hora. Finalmente, después de una serie de negociaciones, Edison se quedó con más territorio. En el mundo amateur, una partida puede alargarse entre dos o tres horas; y en el profesional, incluso, días, como los que jugó Lee Sedol, la estrella surcoreana de Go, frente a la Inteligencia Artificial.
El Go me ha ayudado a ser una persona más tranquila y estratégica”
Edisson Vásquez
Go, una historia milenaria
Un día Yao, legendario emperador de China, descendiente de la diosa Yao-Mu, pidió permiso a Pangu, el primer ser vivo del universo, para dividir el cosmos en una cuadrícula de 19 filas y 19 columnas, así creó un tablero con 361 intersecciones, un modelo a escala del infinito, mediante el cual se enfrentaría a Danzhu, su hijo.
Esta es parte de la versión literaria que el escritor chileno Benjamín Labatut escribió al final de Maniac y está inspirada en una de las leyendas más populares con relación al origen del Go. Wikipedia es menos poética y dice que Yao solicitó a su consejero Shun que diseñara un juego que enseñara a su hijo disciplina, concentración y equilibrio.

Albuja añade que Yao mandó a diseñar el Go para que Danzhu aprendiera a gobernar y que en sus inicios era un juego elitista; pero a medida que fue difundiéndose por el mundo se democratizó. A Corea del Sur llegó de la mano de los comerciantes; y a Japón, de los hombres que practicaban artes marciales. “Ahora, en Europa es un deporte muy competitivo mientras que en Latinoamérica está más vinculado al mundo amateur”.
Hasta hace dos años, Marlin Salas, Ingeniera en Sistemas, no conocía la historia del emperador Yao, pero ya había escuchado sobre el Go y Lee Sedol. Ahora es una de las personas que llega los sábados a la terraza de la 10 de Agosto y Asunción. Se enganchó con el juego porque descubrió que puede funcionar como una analogía de la vida.
En el Go puedes perder mucho en el presente pero finalmente ganar en el futuro”.
Marlin Salas
Lee Sedol versus Alpha Go
Lee Sedol (Corea del Sur, 1983) es maestro de Go, noveno dan (el máximo rango posible en este juego y en cualquier arte marcial) y el único ser humano que ha vencido a Alpha Go, un sistema avanzado de inteligencia artificial. Ocurrió en 2016, 19 años después de que una computadora derrotara en un juego de ajedrez al maestro Garry Kasparov.
La victoria de Lee, aunque finalmente perdió la serie 4 a 1 frente a la IA, quedará para la posteridad por la complejidad que tiene el Go.
- Mientras que en una partida de ajedrez existe cerca de veinte posibilidades tras cada movimiento, en el Go hay más de doscientas.
- En el Go todas las piezas tienen el mismo valor, las piedras blancas y negras valen exactamente lo mismo.
- Los jugadores de Go deben usar su instinto e intuición para decidir dónde colocar la próxima piedra.
- El jugador de Go debe ser capaz de leer el tablero utilizando su visión interior para mirar hacia el futuro y determinar si una agrupación de piedras vivirá o morirá.

Durante mucho tiempo, en China el Go fue considerado una forma de arte. Era una de las cuatro disciplinas que todo noble debía dominar (las otras tres eran el quin -un instrumento musical-, la caligrafía y la pintura) Lee Sedol no tiene vínculos con la nobleza coreana y aun así se dedicó a estudiar el juego con una devoción de un santo.
Miguel y Edisson han jugado contra la inteligencia artificial. Para Miguel han sido partidas complejas, porque ha sentido que la IA tiene todo bajo control; a Edisson, en cambio, se ha frustrado por el nivel de juego de la IA. En lo que están de acuerdo es que nada se compara a jugar con otro humano, al final la guerra es nuestra invención.

