
La visita del Papa León XIV a España es un ejemplo más de cómo el catolicismo imita el lenguaje y las dinámicas de los grandes eventos culturales liderados por las estrellas del pop.
La visita del Papa León XIV a España entra en la categoría de acontecimiento global con cada vez más semejanzas con otras citas de este alcance como la gira de Bad Bunny o el Mundial de Fútbol. Las misas y los conciertos organizados estos días se estructuran bajo la misma premisa: provocar la sensación de que si no se acude se pierde la oportunidad de vivir algo único.
La Iglesia sabe que para provocar estas emociones el púlpito ya no es altavoz suficiente y recurre, como desde hace siglos, a la cultura popular y sus estrellas mainstream para evangelizar. La diferencia es que, en 2026, ya no solo sirve, como hizo San Pablo en los Hechos de los Apóstoles, citar a los poetas paganos de moda de aquel momento, ahora también hay que cederles la palabra a esas figuras carismáticas con millones de seguidores para que divulguen la palabra de Dios.
Juan Pablo II, el pionero

En Madrid acompañaron al Papa la banda Hakuna, el grupo musical que mejores resultados saca de la relación de la iglesia con el pop; Siloé, con letras espirituales y simbología religiosa desde el propio nombre; David Bustamante y Niña Pastori, dos artistas que han confesado su religión. Actuaron en espacios como el estadio Santiago Bernabéu, antigua sede —hasta que las protestas vecinales llegaron a los tribunales— de macroconciertos como los de Taylor Swift y Karol G.
Muchos artistas han actuado para pontífices, sobre todo para Juan Pablo II, que organizaba conciertos de Navidad, pero en 2025, por primera vez, León XIV convocó uno en la plaza de San Pedro. En el festival llamado Grace for the World (Gracia para el mundo) actuó Karol G. con otros famosos como Pharrel Williams, John Legend, Jennifer Hudson y Andrea Bocelli, en un recital que se transmitió en directo a nivel mundial.
“La iglesia o el ecosistema cristiano global parece haber entendido que la cultura pop funciona desde hace décadas como una tecnología social o casi una religión sustitutiva”, opina Frankie Pizá, analista cultural y divulgador. “Genera rituales, comunidad, tiene sus himnos, hay peregrinaciones, merchandising, relatos de caída y redención, figuras carismáticas, líderes, predicadores y momentos colectivos de gran intensidad emocional”.
La agenda del pontífice se comparte de la misma manera que los asistentes al Primavera Sound tratan de cuadrar los horarios de los conciertos para no perderse ninguno, estos días en Barcelona. “Ha llegado el momento en que determinados sectores religiosos han dejado de relacionarse con el pop desde la sospecha moral y han empezado a dominar los formatos y léxicos que atraviesan toda esa cultura”, añade el analista.
Paco Serrano, catedrático de la Universidad San Pablo CEU, cita dos libros recientes para explicar esta simbiosis. “From Angels to Aliens, de Lynn Schofiel Clark, y Understanding Theology and Popular Culture, de Gordon Lynch, plantean que no es tanto que la Iglesia haya encontrado la manera de evangelizar en la cultura pop, sino que los sujetos inmersos en esta, también los que se definen como cristianos, han encontrado en la Iglesia una forma de canalizar dimensiones constitutivas de lo humano abiertas a la trascendencia”.
Es decir, en estos tiempos de incertidumbre, de derrumbe de aquellos cánones y discursos que parecían inquebrantables, un grupo multitudinario de personas (una mayoría de jóvenes) encuentra una nueva dirección y sentido en los postulados religiosos. “La clave está en cómo en el sustrato de esta cultura contemporánea emergen expresiones de necesidades y sentimientos que la Iglesia ha sabido detectar”, añade el también autor de Iglesia y poder en España (Arzalia). Una ventana de oportunidad que no se puede dejar escapar.
La conversión como ejemplo

La prosa del premio Nobel Jon Fosse asemeja una larga oración. La comparación de su escritura con una prolongada plegaria está íntimamente unida a su condición de católico converso. El noruego llegó a la fe en torno a 2012 como medio para trascender una grave adicción al alcohol.
En España, escritores desde Juan Manuel de Prada al sacerdote Pablo D’Ors también han hecho del catolicismo el núcleo de su pensamiento ético y estético y, aun sin llegar a Fosse, han alcanzado notables cotas de éxito: Biografía del silencio, ensayo de D’Ors sobre la meditación publicado en 2012, se convirtió en superventas con cientos de miles de ejemplares despachados.
En su Carta de un neófito al papa, publicada hace solo unos días en internet, el profesor de Estética y ensayista Ernesto Castro es el último nombre español en unirse a las filas de León XIV, en su caso como salida a una depresión. “El hecho de que el cristianismo se haya hecho minoritario ha provocado una serie de dinámicas de esfuerzo interior de comprensión del presente, de la secularización, que ahora están empezando a dar su fruto con este denominado giro católico que genera nuevas expresiones también culturales”, dice Serrano.
Este ritual de la conversión retransmitido públicamente también genera interés e identificación. Pizá hace esta cronología: “Si un artista relevante ha pasado por un mal momento y la conversión religiosa le ha ayudado a tomar el control, entonces a mí también me servirá, ¿no?’, se pueden plantear muchas personas”.
Y tienen decenas de ejemplos: el actor Mark Wahlberg y la cantante Gwen Stefani promocionan Hallow, una de las apps de rezar más populares, que también usa Jaime Lorente; Daddy Yankee, retirado de la música, anuncia que su nuevo oficio como convertido es “dedicar su vida a Jesús”; Rosalía declara que prefiere rezar unos padrenuestros que ir al terapeuta.
“Es realmente paradójico cómo se están recuperando y defendiendo valores antiguos mediante herramientas extremadamente contemporáneas”, dice el analista. “El Papa y los obispos han descubierto que estas estrellas sintetizan el imaginario de sus seguidores, que la presencia de lo religioso, incluso de lo cristiano, en sus formas expresivas, es un indicativo de una tendencia que incluso les ha sorprendido”, prosigue Serrano.
Contenido publicado el 6 de junio de 2026 en El País. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.

