Varias veces en la historia, hombres y mujeres han renunciado al nombre con el que la pila bautismal los condenó. Unas veces lo hicieron por miedo y otras por placer, pero aquella seña transformó la vida y personalidad de genios como Rita Hayworth, Salman Rushdie y Joaquín Sabina.
El otro nombre del genio maldito
Salman Rushdie, escritor británico nacido en India dos meses antes de la independencia, despertó el Día de los Enamorados de 1989 gracias al timbrazo del teléfono, tenía una resaca emocional porque la noche anterior su esposa le había confesado que ya no lo amaba. Al levantar el auricular, una voz desconocida le disparó a quemarropa: “¿Señor Rushdie?, ¿sabe que lo van a matar?”.
La persona que lo llamó era una periodista y estaba hablando de una fetua y la recompensa de tres millones de dólares que el ayatolá Jomeini había ofrecido por él a raíz de su novela Los versos satánicos publicada un año antes.
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