Las brujas no existen, ¡ajá!, pero de que vuelan, vuelan. Y el Ecuador es un país rico en relatos sobre sus andanzas, sus maleficios y rocambolescos curanderos.
En el Ecuador la brujería y el curanderismo han estado a la orden de día. Desde los remotos tiempos coloniales las autoridades detectaron y se empeñaron en denunciar y extirpar tales prácticas. Tal es el caso sucedido en pleno siglo XVIII con unos brujos de Santa Elena que tuvieron que afrontar un largo juicio. Pero incluso en plena década de los cincuenta del siglo pasado los curanderos solían ser apresados y objeto de fuertes castigos. Un caso sonado en el que afloró la presencia de estos entendedores de maleficios fue el que ofreció un anejo cercano a San José de Minas. Hacia mediados de la década de 1860, los prodigios y las extrañezas que ahí ocurrían alarmaron a las autoridades eclesiásticas que, como veremos, terminaron tomando cartas en el asunto. La zona, desde tiempos precolombinos, había sido el lugar donde los indígenas llevaban a cabo rituales religiosos. De ello dan buena cuenta las tolas que allí existían, pero que con el tiempo fueron desapareciendo.
Las brujas del viejo Alance
Todo ocurrió hacia la segunda mitad de la década de 1860 en el viejo y desparecido Alance. Si por algo salió a la luz pública esta aldea fue por la inclinación de sus habitantes a las supersticiones, la brujería y las artes mágicas. Ahí la religión oficial no tenía la menor cabida: sus vecinos eran reacios a la misa dominical y menos aún habían sido bautizados o tomado la primera comunión. ¡Para colmo, muchos de ellos no se habían confesado en su vida! La corrupción de las costumbres era manifiesta: el adulterio y el concubinato público estaban a la orden del día. Las fiestas consistían en diversiones ordinarias que terminaban en borracheras y orgías generalizadas. Solía practicarse el boxeo, unos eventos que derivaban en actos de violencia. Una prueba de lo refractarios que eran a la religión fue su negativa a construir una iglesia en Alance. Si se analiza bien el modo de actuar de sus habitantes, se puede concluir que se trataba de un pueblo con ínfulas libertarias, puesto que rechazaban la molesta presencia de las autoridades civiles y de los jueces.
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