
Charles y Ray Eames reinventaron la forma de sentarse en Occidente, con la creación de la silla Eames. Ahora, su casa, ubicada en California, es un parada obligada para los amantes del diseño y de la arquitectura. Lo invitamos a conocer su historia.
No vuelve de las cenizas, pero una densa capa de humo tóxico amenazó con acabar con ella. Es decir, con uno de los legados de la arquitectura y el diseño más importantes de los Estados Unidos. Largas horas pasó la Casa Eames envuelta en el humo que desprendían las construcciones vecinas que se consumían entre las llamas, sin salvación posible, un par de cuadras más arriba. La suerte, o el viento, la salvó de correr igual suerte y California todavía cuenta con este ícono del siglo XX en su inventario patrimonial.
El incendio de Pacific Palisades del 7 de enero pasado arrasó 7 000 estructuras, entre viviendas y negocios, y hoy es una zona devastada, llena de lotes baldíos que aún muestran algunos hierros retorcidos y columnas semidestruidas. De entre ese paisaje desolador brotan oasis mínimos de verdor y normalidad, a los que el fuego les perdonó la vida. Uno de ellos es un pequeño pasaje sin salida, rodeado de eucaliptos, en el que está ubicada la casa de Charles y Ray Eames, en el 203 Chautauqua Blvd.

Desde hace aproximadamente dos meses este sitio icónico para los devotos de la arquitectura y el diseño está abierto nuevamente a quienes quieran visitarlo (a USD 47 la entrada). La radio pública local dio la noticia sin poder evitar la hipérbole diciendo algo así como que reabría la casa donde vivieron y crearon los diseñadores industriales que reinventaron la forma de sentarse. La alusión es a las famosas sillas y sillones creados por la pareja (35 en total), entre los cuales está la lounge chair con otomán, ese objeto del deseo, de precio prohibitivo para la mayoría de mortales, que comercializa la firma estadounidense Herman Miller, en asociación con los esposos Eames, desde el día uno de este best seller del diseño industrial, en 1956.
De la voluntad de lo masivo a la exclusividad

La silla Eames, que más parece un sillón, y viene acompañada de su otomán para apoyar los pies encima y hacer más placentera la experiencia, es uno de los pocos diseños que nacieron de la creatividad de la pareja ya con vocación, y precio, de exclusividad. Los Eames -él, arquitecto aunque sin diploma, y ella, artista visual- estuvieron más bien siempre atraídos por la posibilidad de la producción masiva y la utilización de materiales industriales, como el plywood. Sin embargo, ni su casa, que recibe a visitantes de todo el mundo, ni la mayoría de los artículos que crearon con ese objetivo estuvieron ni estarán nunca al alcance de las masas.
En una porción modesta del terreno de 5 670 metros cuadrados que alberga a la casa, se levantan las dos estructuras cúbicas de metal y vidrio, principalmente, que diseñaron los esposos para vivir y crear dentro de ellas. Economía de recursos, limpieza del diseño, integración orgánica con el entorno verde, espacios de calidad… son descripciones que hablan de la potencia arquitectónica de estas enormes cajas, simples y perfectas.
Una es su casa y la otra, su estudio. Este último está por primera vez abierto al público luego de la limpieza minuciosa y restauración del espacio luego de la invasión del humo. Quienes van a visitar la Casa Eames no pueden entrar dentro de las edificaciones; todo se ve desde afuera, a través de los enormes ventanales de piso a techo. Así, de lejos, atestiguan la vida inmóvil de una casa cuyo trajín quedó congelado en el tiempo tras la muerte de Ray en 1988. Todo está intacto: los muebles, las lámparas, las plantas, las alfombras, el arte y las artesanías exóticas que la pareja coleccionaba.
Un caso de estudio
La cualidad de Sitio de Interés Histórico nacional de la casa no radica únicamente en la importancia de quiénes la habitaron, sino en el hecho de que fue parte de un programa ambicioso llevado a cabo por la prestigiosa revista Arts & Architecture a mediados de los años 40 del siglo XX, en el contexto de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, a la Casa Eames también se la conoce como Caso de Estudio #8.
La propuesta de este programa era: comisionar a arquitectos ya establecidos (Richard Neutra, entre ellos) o de gran proyección (Eero Saarinen, por ejemplo, creador de otra silla muy famosa) para estudiar, planificar y finalmente construir casas que pudieran servir de modelo para replicarse masivamente en Estados Unidos en los años de construcción y bonanza de la posguerra. La vocación masiva y asequible con la que nació el proyecto no se concretó, pero, a cambio, dejó como legado algunas de las casas más icónicas del estilo conocido como Mid-century Modern de Estados Unidos. Los hiperbólicos dicen que también del mundo entero.
De acuerdo con Los Angeles Conservancy Modern Committee, 11 de los más de 20 casos de estudio comisionados han sido reconocidos como de interés histórico, la mayor parte de ellos, en Los Ángeles. En cuanto al resto de casas construidas gracias al programa, muy pocas cuentan con la protección necesaria para su preservación y algunas han sido incluso derrocadas o modificadas sustancialmente.
Una pareja multifacética

La creación fue siempre el eje de la pareja. No importaba tanto el campo ni el producto, lo medular era seguir creando y explorando nuevos límites. Una temporada, del estudio de Pacific Palisades así como de su oficina en Venice, salían a la luz ideas para textiles o juguetes. Y a la siguiente, los esposos estaban poniendo toda su creatividad en el diseño de camillas, fuselaje de aviones, colas estabilizadoras de vuelo, asientos para pilotos o cabestros para brazos rotos (todo hecho de plywood, con financiamiento y al servicio de la Marina estadounidense, una vez que el país se involucró de lleno en la Segunda Guerra Mundial).
Casi 30 años después, de allí mismo salió su creación cinematográfica: el corto Powers of Ten, visto y aclamado en varias partes del mundo. En 1978, aunque la pareja física se rompió, tras la muerte de Charles, la pareja creativa no cesaba en su latido, en el empeño de Ray de mantener vivo el legado creado junto a su esposo.
Incluso tras la muerte de Ray, la Casa y el Estudio Eames siguen muy activos, con un sinnúmero de alianzas con museos y organizaciones culturales de distintas partes de Estados Unidos. Es como si su fuerza creativa siguiera habitando la casa e irradiando nuevas ideas y proyectos a quienes están cercanos a ella. Es quizá esa fuerza, si nos ponemos hiperbólicos, la que desvió el viento y salvó a la Casa Eames del pavoroso incendio de enero de 2025.

