
El terremoto que estremeció Colombia el 10 de agosto de 2026 cambió en un instante la vida de miles de niñas, niños y adolescentes. Una donación no puede cambiar lo ocurrido, pero sí ayudarlos a que vuelvan a sentirse seguros, educarse, jugar y vivir plenamente su infancia.
La vida de Samuel, de catorce años, cambió repentinamente ese día. A las 07:34 de la mañana, escuchó la voz de su madre llamándolo y corrió hacia ella mientras el suelo temblaba bajo sus pies y veía desplomarse una casa de dos pisos frente a ellos.
Esa fue una de las muchas escenas dramáticas durante el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el Pacífico colombiano, una emergencia que demandó la inmediata movilización de ayuda y donaciones.
Las primeras horas de una emergencia son decisivas. Por ejemplo, la falta de agua segura y de saneamiento aumenta el riesgo de enfermedades, además de que niñas, niños y adolescentes están expuestos a la violencia, la explotación y el reclutamiento por parte de grupos armados.
Desde los primeros momentos, UNICEF movilizó equipos técnicos, suministros y recursos para proteger a la niñez. El desafío era grande: más de 185.000 personas resultaron afectadas, más de 26.000 viviendas y 260 escuelas se destruyeron.

El impacto
El impacto de una emergencia continúa días, semanas e incluso meses después de haber sucedido, especialmente a los niños, niñas y adolescentes que viven de cerca el colapso de sus casas y comunidades.
El riesgo es mayor en las comunidades que ya enfrentaban pobreza, desigualdad y violencia. Entre 2021 y 2025, la Organización de las Naciones Unidas verificó en Chocó 180 graves violaciones contra la niñez relacionadas con el conflicto armado. Sin la protección de la escuela y sus redes comunitarias, aumenta el riesgo de estar expuestos a distintas formas de violencia.
Nicole, de 18 años, cuenta que muchos niños y jóvenes todavía tienen dificultades para dormir y gritan cuando sienten que una vivienda que ha quedado “floja” vuelve a moverse. Atender esos temores también forma parte de la respuesta humanitaria.
Más de 75.000 niñas, niños y adolescentes quedaron sin acceso a la educación. Perder la escuela significa, además de dejar de aprender, carecer de un entorno seguro para jugar, relacionarse con personas de su edad, contar con alguien que escuche sus emociones, construir vínculos y desarrollar su potencial.
Una respuesta para cada necesidad
Las contribuciones monetarias de sus donantes permiten que UNICEF tenga capacidad para responder de inmediato ante un terremoto, una inundación u otra emergencia, es decir, destina recursos a necesidades urgentes como agua segura, higiene, educación, protección o apoyo psicosocial.
En Colombia, hasta el momento, UNICEF movilizó suministros de agua, saneamiento e higiene para 25.000 personas.
Trabaja en la instalación de espacios amigables donde los menores puedan expresarse y recibir apoyo psicosocial, así como colabora con el Ministerio de Educación para apoyar el regreso a entornos seguros de aprendizaje y ha llevado materiales educativos y recreativos a las zonas afectadas.
En países como Ecuador, también se prepara ante emergencias como las inundaciones asociadas al Fenómeno de El Niño. Recepción de donaciones en el portal web: www.unicef.org

