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Mundo Diners al día

El tsunami cultural de Trump

por Gabriel Flores Flores

Trump y Village People
El presidente Donald Trump junto a uno de los integrantes de la banda estadounidense Village People.
TIEMPO DE LECTURA 3 MINUTOS

Donald Trump volvió a la Casa Blanca con el manual del populista latinoamericano bajo el brazo. Por eso, entre sus objetivos está refundar Estados Unidos y para lograrlo sabe que las industrias culturales no solo tienen que estar de su lado sino ser sus aliadas.

En la última década, que incluye el primer mandato de Trump, las industrias culturales estadounidenses -desde el cine hasta los videojuegos- han recibido la influencia de la cultura ‘woke’, cuyo propósito ha sido abogar por la equidad racial y social, el feminismo, los derechos del movimiento Lgbtiq+, el multiculturalismo y el activismo ecológico. 

Solo así se entiende, por ejemplo, que ahora en la lista de superhéroes de Marvel y DC Comics existan más mujeres, latinos, negros o indios; que haya más series y documentales sobre el impacto del calentamiento global y que los videojuegos estén llenos de personajes que se identifican como queer o de género fluido. 

Al mejor estilo de Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, y de las tiranías latinoamericanas de los siglos XX y XXI, Trump se ha impuesto la tarea de desaparecer de la vida de los estadounidenses cualquier referencia a la cultura ‘woke’, para sembrar su particular visión del mundo; una donde no hay espacio para las diferencias ni la diversidad y menos para la imperfección. 

Hollywood 'made in Trump'

Hace rato que Trump se dio cuenta que para manejar al país a su antojo no solo necesita tener de su lado a la industria bélica y tecnológica sino también a Hollywood. Por eso, como si se tratase de una nación extranjera, escogió a los actores Sylvester Stallone, Mel Gibson y Jon Voight como sus emisarios dentro de este sector. 

“Yo haré lo que ellos me sugieran”, ha dicho Trump, quien también ha sido enfático en señalar que su deseo es que “Hollywood viva una nueva era dorada”. Sin duda, el más entusiasta es Stallone, quien ve como un personaje mitológico al primer presidente de Estados Unidos que llega al poder tras ser declarado culpable de 34 delitos.

La pregunta que muchos ya se hacen en medio de este contexto es saber cómo será el Hollywood de un Presidente que quiere reivindicar al hombre blanco, heterosexual y de clase media, la verdadera víctima según él -el populismo siempre está buscando una- de todos los cambios culturales que han aparecido en EE.UU., en los últimos años. 

La incertidumbre está instalada en Hollywood y en el resto de industrias culturales, porque como todo buen populista, Trump puede empezar a prohibir todo; y lo que ahora es parte del ‘mainstream’ puede pasar a ser ‘underground’; desde la música urbana que se canta y se baila en español hasta las películas que hablan de un mundo diverso.

cultura
Jon Voight, Mel Gibson y Sylvester Stallone, los emisarios de Trump en Hollywood.

El caso Village People 

Por estas tierras sabemos, desde hace rato, que el tirano de turno puede hacer suyo cualquier producto cultural que nos guste. La novedad es que, en su afán de copiar y potenciar el populismo latinoamericano, Donald Trump ha exportado este fenómeno a Estados Unidos y ha comenzado con una canción icónica para la comunidad Lgbtiq+. 

Desde su lanzamiento en 1978, 'YMCA’, de los Village People, ha estado estrechamente asociada a la cultura gay. No importa que ahora los integrantes de la banda declaren públicamente que su intención jamás fue esa. Ellos, como nosotros, saben que cualquier producto cultural es de las personas que lo hayan suyo, que lo acojan.

Tanto es así, que Trump y sus seguidores convirtieron la canción en un himno de su última campaña presidencial. En una entrevista para la BBC, el antropólogo estadounidense Jamie Saris señala que esta apropiación es parte de esa estrategia de refundar el país, para demostrarle al mundo que el pasado “siempre fue mejor”.

A la reflexión de Saris habría que añadir que la apropiación de ‘YMCA’ por parte de un mandatario abiertamente homófobo, también puede ser leída como preámbulo de lo que vendrá en los próximos cuatro años. Trump ha dejado bien claro que cualquiera que no esté con él está en su contra y las industrias culturales no están ajenas a esa realidad. 

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