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Bienvenido al club

por Juan Fernando Andrade

bienvenido al club adicciones
ILUSTRACIÓN ® ADN MONTALVO E.

No hay regreso a casa ni final feliz. Lo que se sirve en el desayuno es un coctel de pastillas. Las adicciones nos pasan a la vereda de enfrente donde todo se siente menos intenso. Todo.

Yo soy un vicio más
en la gente, soy un vicio más
contale a tu mamá
ella también tiene el vicio”.

Charly García

Es como el amor, lo primero que recuerda cuando abre los ojos y despierta, lo último que pasa por su cabeza cuando el vicio le cubre la mirada y lo despide con un beso en la frente.

Este beso, sobra decirlo, está caliente.

No sabe qué día es hoy. ¿Lunes?, ¿martes?, ¿sábado? Tampoco sabe qué hora es. Afuera está oscuro y no se escuchan ruidos trepando desde la calle, podrían ser las once de la noche o las cuatro de la madrugada. Da igual. Hoy será ayer y será mañana; hoy hará lo mismo que hizo ayer y que hará mañana. Se sentará al borde de la cama, junto al velador, las pastillas en una mano, el vaso en la otra. Desayuno de campeones.

No es que no lo sepa, es que no le importa.

Se cansó de que le pregunten, inclinando la cabeza hacia un lado y con esa voz que usan los adultos cuando hablan con los niños: “¿Cómo estás?”. Aún peor, que le pregunten cómo está mientras le ponen las manos sobre los hombros y lo miran con esa cara idiota de “tranqui, puedes confiar en mí”. Y las despedidas, uuufff, las despedidas son insoportables. Le ponen las manos sobre los hombros, aprietan, exprimen sus hombros, lo miran como si fuera una mascota que alguien puso en adopción pero que nadie ha querido adoptar, y dicen: me alegra verte, cuídate mucho, ¿ya?

Esta gente, piensa él de regreso a casa, volverá a su trabajo, a sus hijos, a sus proyectos, a sus eventos, a la sana costumbre de buscar ofertas en aerolíneas y descuentos en hoteles y planear vacaciones. Él vive de vacaciones, su estado civil es “vacaciones permanentes”, ocupa el cargo de no ser nadie. Mientras pueda sentir lo que está a punto de volver a sentir, el mundo será una ubicación secundaria, la esquina curva del universo.

Lo logró, ya nada le importa.

Es un Illuminati.

La última vez que fue a una librería, dentro de un centro comercial, encontró a una cajera leyendo detrás de un mostrador. La chica, más cachetes que rostro (parecida a él, de hecho), pelo negro de puntas verdes y azules, tenía entre las manos un ejemplar de El sutil arte de que te importe un carajo. El libro se publicó en 2016 y ha vendido más de quince millones de copias alrededor del mundo. ¿Y?, preguntó él, ¿te importa un carajo? Ella levantó la mirada, negó con la cabeza y siguió leyendo.

Él tuvo ganas de decirle: hubo un tiempo en que yo era como tú, me preocupaba por ser alguien, tenía metas, me importaba la gente, quería salir adelante, conocer ese lugar al que se refieren como “adelante”, dejaba que el amor me doliera, dejaba que mi familia intercediera y me importaban mucho las cosas importantes (las elecciones, las muertes, las religiones, las guerras); pensaba, pobrecito yo, que podía cambiar la rotación del planeta.

Y vivía con dolor. Vivía con impotencia. Vivía con frustración. Vivía con complejos. Vivía con preocupaciones. Vivía con anhelos basados en la nada. Vivía con luces que se apagaban enseguida. Vivía y me preguntaba por qué tal o cual persona me quiere menos o más que la otra. Vivía y andaba con gente parecida a mí. Vivía y decía: “pronto llegará/ el día de mi suerte/ sé que antes de mi muerte/ seguro que mi suerte cambiará”.

Por eso, la verdad, no entiendo por qué preguntas “¿por qué?”. Imagínate, dentro del cuerpo, del cuerpo entero, de pies a cabeza, una sensación de placer tan fuerte que no te permite sentir nada más. Dejas de moverte, dejas de pensar. Ya no te importa el saldo de la cuenta bancaria, las deudas, los intereses, los abogados, el divorcio, el seguro médico, la revisión vehicular, la pensión alimenticia para tus hijos, la enfermedad incurable de tu madre, la comida para el perro, la arena del gato, la cuenta de la luz o la velocidad de internet.

Escapaste, te abriste, te la sacaste. Pusiste distancia entre la realidad y eso que estás a punto de volver a sentir. A eso eres adicto. Y no te culpo.

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Acerca de Juan Fernando Andrade

'@pescadoandrade | Escritor y periodista. Editor adjunto en Mundo Diners. Sus libros están disponibles en formato impreso y digital en www.dinediciones.com. Sus textos cortos pueden leerse en su blog personal: www.culturab.blogspot.com 
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