Edgardo Bauza, extécnico de Liga de Quito, es el protagonista del documental ‘La cima de la vida. El valor de la memoria’, una película que se proyecta en Multicines y que busca romper con los estigmas alrededor de la demencia.
Ser hincha de un equipo de fútbol no es algo menor. A muchas personas, esa filiación les ha cambiado la vida. Maritza Gallardo lo sabe. Un día, hace 15 años, ella se encontró por casualidad con Edgardo Bauza, el técnico que ganó con Liga la Copa Libertadores de 2008. Lo abordó, le pidió una foto, luego tomaron un café y el resto es historia.
Maritza y Edgardo fueron novios, se casaron, tuvieron un hijo y formaron una familia. A Bauza no le pudo ir mejor en el fútbol; ganó otra Copa Libertadores con San Lorenzo y fue técnico de la Selección de Argentina. No duró mucho en el cargo pero quedará en la historia como la persona que convenció a Messi de que vuelva a jugar con la Albiceleste.
Todo cambió en 2018. Bauza comenzó a olvidarse de conversaciones, personas y lugares. Después de consultar a doctores y de muchos exámenes llegó el diagnóstico, demencia frontotemporal. Para ese momento, el ‘Patón’, su apodo futbolero, no llegaba a los 60. Lo que vino luego fue el final de su carrera y el inicio de otro capítulo en su vida.

El documental
Según un estudio de 2021, en Ecuador 80 000 personas viven con algún tipo de demencia. Una de ellas es Eduardo Bauza, el protagonista de ‘La cima de la vida. El valor de la memoria’, el documental de la Fundación TASE (Trascender con Amor, Servicio y Excelencia), que pone en primer plano la historia de dos familias, los Bauza y los Laso, unidos por una pasión, el fútbol; y por una enfermedad, la demencia de un ser querido.
Junto a Bauza, quien es una presencia constante pero silenciosa durante el filme, aparece Maritza Gallardo, que habla sobre su relación con el ‘Patón’; cómo empezaron a darse cuenta de su demencia y sobre el mundo de amor y cuidados que han tejido alrededor de él. También habla sobre ella y sobre la importancia de que las personas que cuidan a una persona enferma también encuentren espacios de contención emocional.
A su testimonio se suma el del periodista Alfonso Laso Ayala y el de su hermana Magdalena, quienes vivieron de cerca el alzhéimer de su padre, Alfonso Laso Bermeo; también los de José Francisco Cevallos, Paúl Ambrosi y Damián Manso, exfutbolistas profesionales que fueron dirigidos por Bauza. Frente a la cámara todos cuentan anécdotas cotidianas y reflexionan sobre el valor de la memoria y los afectos que construimos a su alrededor.
Bauza y Pancho Moreno
El 22 de abril de 2007, Edgado Bauza salió del estadio Rodrigo Paz Delgado subido en un patrullero, porque la hinchada de Liga de Quito pedía su salida después de una serie de malos resultados deportivos. En 2008, esa misma hinchada lo elevaría a la categoría de héroe y gritaría su nombre, una y otra vez, luego de la hazaña en el Maracaná. En los dos hechos hubo una constante, la calma y el sosiego que siempre mantuvo el ‘Patón’.
Esos dos momentos claves en la historia profesional de Bauza también aparecen en ‘La cima de la vida. El valor de la memoria’. Las imágenes de archivo sobre su vida entran en una especie de conversación audiovisual con las del archivo sobre Alfonso Laso Bermeo, quien cariñosamente se conocía como ‘Pancho Moreno’ y al que muchos recuerdan por relatar el gol que llevó a la Selección de Ecuador a jugar su primer Mundial.
Ver las imágenes de Bauza y de ‘Pancho Moreno’ en otros tiempos, junto a sus esposas y a sus hijos, relatando o dirigiendo un partido de fútbol, no solo sirven para activar la añoranza y la nostalgia, sino también para recordar la importancia del archivo como herramienta para poner en valor la memoria. El ‘Patón’ ya no habla, pero aún podemos escuchar su voz diciéndoles a los jugadores de Liga en la final del Mundial de Clubes:
Son el Manchester y valen 300 millones de dólares más que nosotros; pero no importa, porque sabemos que esto es once contra once”.
Contra el estigma
Si hay algo que este documental logra, además de conmovernos, es quitar el velo sobre las enfermedades mentales, por lo general asociadas solo a la locura. Alfonso Laso Ayala sostiene que hablar del alzhéimer o de la demencia frontotemporal tiene que dejar de ser un estigma, sobre todo para las familias. Y pone de ejemplo lo que hasta hace un par de décadas sucedía en relación a los niños y adolescentes con síndrome de Down.
Y sí, hablar del tema aunque ya haya pasado el tiempo. Hablar y acordarse de ese tío abuelo, al que desde que tengo memoria llamé ñaño Gus, un hombre al que siempre admiré y vi con cariño; guayaquileño, barcelonista, migrante y que igual que al ‘Patón’ Bauza le diagnosticaron demencia antes de cumplir 60 años. Lo doloroso, en mi caso, fue ver, a la distancia, cómo la vida de ese hombre incansable se apagaba como una vela.
En el documental, Maritza Gallardo también habla de la necesidad de que los familiares de las personas con algún tipo de demencia rompan con el estigma y pidan ayuda. Hacerlo -dice- no está mal y no es signo de debilidad. En una escena que antecede al final de la película, ella, heroica -los que cuidan son los héroes de carne y hueso- le recuerda a Bauza que ya son 15 años de esa primera foto y de ese primer café.

