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Mundo Diners al día

San Isidro o el paraíso escondido

por Leisa Sánchez

8 1 Arti╠uculo San Isidro

San Isidro es una pequeña parroquia de Manabí donde el arte y la cultura son parte de la vida cotidiana. Uno de sus grandes sueños es abrir el Museo de la Cultura Montuvia.

“Sucursal del cielo” o “paraíso escondido”, así le llaman a San Isidro, una parroquia rural del cantón Sucre, en la provincia de Manabí, donde no tienen freno emprendimientos sociales y culturales, y el rescate y puesta en escena de costumbres y tradiciones. 

Allí se desarrolla el proyecto Promoción de la cultura montuvia en la parroquia de San Isidro. El gran motivador es el misionero vasco Juan Ramón Etxebarria, director ejecutivo de la Fundación Raíces y Sueños. 

La realidad de las comunidades y pueblos de la Costa ecuatoriana no le es desconocida, pues, misioneros de la Diócesis del país vasco han trabajado por más de sesenta años en las provincias de Los Ríos, El Oro y Manabí.

“Siempre tuvimos una sensibilidad especial para los temas sociales, comunitarios, agrícolas y culturales. Yo me identifico con ese modelo de fe y trabajo con la gente más pobre”, manifiesta el sacerdote en una entrevista con Mundo Diners.

Etxebarria, de 73 años, ha dedicado una buena parte de su vida a rescatar la cultura montuvia. ¿Por qué lo ha hecho? Porque le apasiona y desde su punto de vista no es diferente al ejercicio pastoral.

“No es que me dedico a otro campo que no es el mío. Incluso, yo creo en este tipo de iglesia comunitaria, de los pobres, que también celebra la vida a través del arte, para mí es una expresión profunda de un Dios que es cercano a la gente”, afirma.

En los años noventa, Etxebarria se adentró en la vida de la gente de San Isidro. Investigó, recopiló historias y empezó a plasmarlas en dibujos y pinturas. Tras idas y venidas por España, Asia y África, decidió volver a la parroquia y en el 2017 puso en marcha el proyecto.

San Isidro y su museo

El sentido de pertenencia e identidad está latente en “una comunidad muy participativa, organizada y activa”, dice Etxebarria, quien aclara que su papel es tan solo “de un coordinador porque el verdadero autor y ejecutor es el pueblo, las familias, las instituciones educativas y la juventud”.

Uno de los grandes sueños es el Museo de la Cultura Montuvia (una primera fase fue inaugurada a principios de este año) que se impulsa en alianza con universidades e instituciones gubernamentales.

Su diseño es la réplica de una casa montuvia y acoge una muestra etnográfica y de piezas arqueológicas de culturas milenarias de la Costa ecuatoriana, así como una cabaña dedicada a la gastronomía ancestral. 

Otro eje del proyecto es el rescate de historias de vida, de tradición oral, de costumbres y tradiciones que engrosan un voluminoso archivo audiovisual en el portal web de la Fundación.

Incluso, historias escritas por los niños fueron compiladas en el libro “Infancia plena” y otra publicación aborda la medicina ancestral con plantas de San Isidro. También se trabaja en la formación de guías turísticos, en una granja integral y en la creación de un mapa de árboles y plantas nativas.

Música, danza y teatro

Doscientos cincuenta niños, adolescentes y jóvenes participan en escuelas de música, pintura, teatro, cine y danza. A Etxebarria le da satisfacción que tengan motivación, desarrollen talentos y en un futuro tengan la posibilidad de ganarse la vida con eso. 

“Es más”, añade, “me gustaría que la iglesia se comprometa más en estos campos, que la liturgia no esté tan alejada de la gente, sino que también se acerque al pueblo y a sus raíces porque eso también va a ser una fortaleza para predicar”.

El trabajo en danza y teatro está muy relacionado a canciones, juegos tradicionales e historias del campo, desde “cómo se comporta la gente en una fiesta y el romance entre chicos de épocas antiguas, hasta representaciones de las culturas ancestrales”, explica  Juan Manuel Sornoza, profesor de esas ramas artísticas.

Sornoza, quien considera que Etxebarria es “como el ángel de San Isidro”, porque “todo nace de su motivación, empoderamiento y gestión”, aclara que también reciben a niños de sectores alejados que “aprenden, se divierten y están ocupados, lejos de problemas como es el consumo de drogas”.

Por su parte, Carlos Quinto Cedeño, quien está al frente de la escuela de cine, recuerda que en el 2019 comenzaron con apenas doce participantes, pero han logrado llegar a cuarenta y no solo con jóvenes, sino también con adultos que “han sentido curiosidad”. 

Han producido alrededor de una veintena de cortos y el mediometraje 'Trillados'. Este último fue presentado en festivales en Argentina y Bolivia. 

Cedeño resume muy bien las lecciones que deja San Isidro: “una parroquia tan chiquita hace una labor espectacular con el museo y el rescate del legado de los abuelos, ha editado dos libros, realiza festivales culturales durante todo el año a los que asisten cientos de personas, protege la ancestralidad y promueve la agroecología”.

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Acerca de Leisa Sánchez

Su gran motivación e interés periodístico son los temas históricos y culturales.
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