En un rincón de Nueva York se escuchan los ecos de un sonido que conecta a los migrantes con sus raíces. Son las radios comunitarias ecuatorianas, emisoras que, más allá de ofrecer música, se convierten en refugios de identidad y pertenencia para miles de compatriotas que, lejos de su tierra, encuentran en estas ondas la calidez de su Ecuador querido.
Son las 10:00, y el eco de la canción “Ventanita, ventanita silenciosa, estás triste y desolada como yo”, de Máxima Mejía, se cuela por los altavoces de El Tambo Stereo, una emisora online fundada hace seis años por Segundo Angamarca, un migrante ecuatoriano originario de El Tambo, Cañar. Este pequeño pero vibrante espacio, ubicado en el sótano de un edificio del Bronx, hace de puente sonoro entre el Ecuador y su comunidad fuera del país. La música ancestral, especialmente los sanjuanitos, albazos y yumbos, transporta a los oyentes a su tierra natal, un territorio de montañas y valles que persisten en el imaginario de quienes emigraron.
Uno de los programas más queridos de El Tambo Stereo es “Kichwa Jatari”, que se transmite los viernes de 18:00 a 20:00, conducido por Segundo y otros compatriotas. El espacio se ha convertido en un refugio cultural donde se celebra el kichwa, la lengua de los pueblos indígenas. Con entrevistas que exploran las vivencias de los kichwas en Nueva York, y lecciones sobre filosofía andina, este emisión es un llamado al reencuentro con las raíces.
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