El paraíso de las orquídeas queda en el municipio de La Ceja, Antioquia, donde Daniel Piedrahita exhibe una colección de más de 25 000 plantas de 5000 especies.
De pronto, una ranita diminuta asoma su cabeza por el labelo central en forma de zapatito de un Paphiopedilum; resulta que esta ranita funciona como un radar para atraer al insecto polinizador único de esta orquídea. Más adelante, hay una planta con hojas en forma de corazón. No parece a simple vista una hija del reino de las orquídeas, no hay rastros de floración. Resulta que la muy astuta se las ha ingeniado para utilizar las hojas como una especie de paraguas, mientras ella florece oronda y tranquila en el envés de estos corazones verdes, porque de otra forma no podría mantenerse en pie en su hábitat de lluvias constantes. Hay orquídeas cuyas flores vierten al suelo escaleras colgantes para que las hormigas polinizadoras tengan por dónde subir y copularlas; otra, como una descubierta hace quince años en la isla New Britain, cerca de Papúa Nueva Guinea, que solo florece en la noche.
Alma del Bosque es un lugar físico y virtual que da cuenta de toda esta maravilla. Donde se experimenta y se aprende, cual Alicia en un país cercano, sobre el fascinante, inteligente y extenso mundo de las orquídeas, una de las familias más grandes y diversas del reino vegetal con cerca de veintiocho mil especies registradas. Esto corresponde más o menos al 8 % de todas las plantas con flores que hay registradas en el planeta, según datos de los Jardines Reales de Londres (Kew Gardens), donde algunas orquídeas son custodiadas en vitrinas, como joyas.
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