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Activismo ambiental sub 30

por Isabel Alarcón

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ILUSTRACIONES ® MAURICIO MAGGIORINI

Los nuevos rostros del activismo ambiental del Ecuador tienen menos de treinta años y han ganado resonancia internacional por su trabajo para evitar el aumento de la temperatura mundial, proteger el océano y detener la destrucción del planeta.

En el mundo vive la generación más grande de jóvenes de la historia. Alrededor de 1800 millones de personas, entre los diez y veinticuatro años, conforman este grupo que, aunque reúne toda esta cantidad de voces, aún lucha por ser escuchado, especialmente en el campo ambiental. Conscientes de que serán los más afectados por el aumento de la temperatura y la degradación del planeta, algunos de ellos han encontrado en el activismo climático una oportunidad.

Hay ejemplos en todas las regiones. En 2018 una joven sueca, solo con una pancarta en mano, logró que todo el mundo conociera su nombre: Greta Thunberg. A su huelga de cada viernes, frente a la sede del Parlamento sueco en Estocolmo, se le han sumado más de un millón de niños y adolescentes en más de cien países.

En el Reino Unido el movimiento Just Stop Oil cada tanto sorprende al manchar obras de arte para llamar la atención sobre las amenazas al planeta. En eventos como las Conferencias de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP), cada año los jóvenes demuestran que, aunque no son incluidos en las negociaciones formales, están pendientes de cada decisión. Solo a la última COP28 llegaron los aportes de más de 750 000 jóvenes, de 150 países, que mostraron su compromiso en una declaración mundial de la juventud.

En el Ecuador, un país que se caracteriza por las riquezas naturales, pero también por las amenazas a sus ecosistemas, este movimiento suma adeptos. Janice Márquez (veintinueve), Alexis Greffa (veintisiete), Alejandro Luque (veinte) y Belén Gómez (veintiséis) son parte de las nuevas voces que, desde distintas regiones del país, luchan por detener el deterioro medioambiental.

Los cuatro tienen menos de treinta años y ya empezaron a escribir su historia de lucha. Han participado en conferencias de las Naciones Unidas, en huelgas mundiales y en negociaciones internacionales. Desde diversos frentes levantan la voz con un mensaje al unísono: el cambio climático no afectará a las futuras generaciones; ya nos está dejando ver sus secuelas, aquí y ahora.

El océano para Janice Márquez

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Janice Márquez recuerda que una de las pocas veces que ha llorado en su vida fue cuando le anunciaron que no podría volver a bucear. No se había sentido así ni siquiera cuando le dijeron que a sus veinticinco años tenía un tumor en el cerebro, tampoco cuando le ratificaron que era cáncer y debía seguir un tratamiento oncológico. Su mayor dolor era no poder sumergirse nuevamente y ver ese “mágico mundo azul”, al que había dedicado su vida.

Desde que era una niña, Márquez sentía que tenía una conexión especial con el océano. Todos los fines de semana iba de Guayaquil, donde nació, a la playa más cercana y, cuando aprendió a bucear, descubrió un mundo nuevo, del que no se volvió a separar. En la universidad estudió Biología y formó un club científico de buceo, porque tuvo gran acogida y desencadenó una ola de organizaciones que querían conocer su trabajo.

Mientras más aprendía sobre las maravillas del mar, también se daba cuenta de la infinidad de actividades que lo amenazan. En ese entonces, la noticia de que un barco asiático fue encontrado con más de siete mil tiburones en Galápagos fue uno de los eventos que la sobrecogió. Entonces se unió al colectivo Pacífico Libre, para promover los derechos de la naturaleza.

Después, le diagnosticaron el tumor cerebral que implicó un proceso de quimioterapia y radioterapia. Esto tampoco detuvo su lucha. “Durante el tratamiento no podía caminar, pero mi mano me servía”. Así es que empezó a explorar en internet, hasta que encontró a la Sustainable Ocean Alliance (SOA). Esta es la red más importante a escala mundial, presente en más de ochenta países, que promueve el activismo de los jóvenes (18 a 35 años) en torno a la protección del océano.

La red no actuaba en el Ecuador. “Después de un proceso largo e intenso de selección, la felicidad fue enorme cuando me dijeron que mi perfil daba para ser la presidenta de la organización en el país”, dice Márquez. Con esta noticia y la recuperación de su enfermedad, ha dedicado su vida a incidir en las políticas públicas para la defensa del océano. Ahora SOA Ecuador tiene capítulos en cinco provincias del país.

A sus veintinueve años ha participado en negociaciones internacionales como las COP de Egipto y Dubái. Estos son los eventos ambientales más importantes del mundo. También da educación oceánica a niños, trabaja en fundaciones como Amiguitos del Océano y Mingas por el Mar, y organiza encuentros de juventudes para contagiar su activismo.

Alejandro Luque y las leyes

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Las complejidades de los acuerdos climáticos y las leyes ambientales se desvanecen cuando quien habla de ellos es Alejandro Luque. Con la paciencia y el entusiasmo que lo caracterizan, puede sentarse a conversar sobre los términos más básicos hasta los más complejos, como lo que se discute en la Asamblea de Naciones Unidas por el Medio Ambiente (UNEA) de Kenia, a la que ha asistido en cuatro ocasiones.

Luque tiene veinte años y, aunque hace tres se involucró en el mundo de las negociaciones climáticas, parece que lleva décadas estudiando este campo. Su camino en el activismo empezó a los quince años; mientras pasaba por episodios fuertes de ansiedad y depresión. No imaginó que los árboles que pintaba como parte de su terapia se convertirían en una herramienta para generar conciencia ambiental.

Después continuó con acciones en su escuela. Mientras en Suecia aparecía Thunberg, en el Ecuador, él formaba un grupo de estudiantes para proponer prácticas ambientalmente responsables en los colegios. Con la llegada de la pandemia, su activismo se trasladó a sus redes sociales. “El planeta pierde un campo de fútbol de bosques cada tres segundos”, era uno de los datos que publicaba en esa época para llamar a la acción.

Así empezó a buscar cómo sumarse a grupos ya consolidados. Llenó más de doscientos formularios para aplicar a diferentes iniciativas, hasta que llegó al grupo principal de jóvenes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el organismo más importante del mundo en estos temas.

Gracias a esta experiencia se involucró en los acuerdos ambientales multilaterales y en 2022 fue a la UNEA, en Nairobi, Kenia, como encargado de las relaciones y comunicaciones internas y externas con embajadas y ministerios. A 2024 ya es el representante regional de juventudes para el Pnuma. Este rol también lo llevó a eventos internacionales como Estocolmo +50 y a colaborar con Unicef y otras agencias de Naciones Unidas.

Ahora concentra sus esfuerzos en campañas para que se cumpla la ley contra la contaminación por plástico en el Ecuador. “Hoy, tres años después de su aprobación, ni siquiera estamos cumpliendo con las prohibiciones del año uno”, advierte.

Mientras estudia Derecho para reforzar su activismo, se prepara para viajar nuevamente a Kenia a dar su mensaje. “El planeta está en esa parte del risco donde se pisa y se caen las roquitas. Aún no llegamos a un punto de no retorno, pero estamos jugando un juego muy peligroso al tentar al planeta y probar hasta dónde puede soportar”.

Alexis Greffa lucha en territorio

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Con una mano, Alexis Joel Greffa sostenía un altoparlante y, con la otra, alzaba una pancarta que decía: Keep the Amazon free of extraction (“Mantengamos la Amazonía libre de extracción”). Estaba seguro de que, si no lograban escucharlo en medio del bullicio de la huelga climática de Nueva York, leerían su mensaje. En septiembre de 2023 Greffa viajó a Estados Unidos para formar parte de este evento que reunió a decenas de miles de jóvenes. Tres meses después de este hecho, se trasladó a Dubái para dar charlas, participar en paneles y analizar de cerca las negociaciones de la COP28.

Cuando un proyecto hidroeléctrico trató de instalarse en su territorio en 2018, este joven de veintisiete años, de la nacionalidad indígena kichwa de Santa Clara, aprendió lo que significan las energías renovables, la transición justa y las conferencias de cambio climático.

“Hasta ese momento, peleábamos entre nosotros por cosas de la tierra, por la organización o por la chacra. Pero eso nos obligó a prepararnos más y a darnos cuenta de todo lo que pasaba afuera”, cuenta. Greffa empezó a estudiar los impactos que podrían ocurrir y, tras un año de protestas y acciones legales, lograron detener la incursión que amenazaba su territorio.

Ahora, mediante el Colectivo de Jóvenes Piatua Resiste, se enfoca, además de en la defensa ambiental, en el empoderamiento de las nuevas generaciones frente a la crisis climática y en informar a la población de los temas que no son conocidos en la Amazonía.

“Me di cuenta de que la única forma de cambiar las estructuras es estar dentro. No podemos ser solo activistas que reclaman cumplimiento de derechos, sino que debemos ser parte de las negociaciones con nuestra visión”, dice.

Su lucha ha sido reconocida con premios internacionales como el Renaissance Award 2022. Mientras tanto, se mantiene vigilante de que los proyectos hidroeléctricos y extractivos no vuelvan a su territorio. “La energía de nuestro pueblo nace en el río, si se nos quita esta fuente de vida, se mata la cultura de nuestro pueblo”, recalca.

Belén Gómez, la Greta ecuatoriana

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Cuando Belén Gómez vio en la televisión a Greta Thunberg afuera del Parlamento sueco, se hizo la pregunta que cambió su vida: “Si ella sale, ¿por qué yo no?”. Aunque la activista sueca estaba a miles de kilómetros de distancia, Gómez sentía que podía hacer algo similar en Quito y, en general, en todo el Ecuador.

“En las COP vemos que todo está liderado por empresarios y gente que le interesa el poder. Los jóvenes queremos saber qué va a pasar mañana porque el reloj del cambio climático sigue corriendo y los gobernantes no hacen nada”, dice.

Con esto en mente, empezó su misión de contactar a Thunberg. Aunque para muchos era una tarea imposible, logró comunicarse por redes sociales con Jacob, uno de los principales fundadores de Fridays For Future, el movimiento de la sueca.

Para su sorpresa, estaban buscando expandir el grupo a otros países. Después de algunas conversaciones, Jacob vino al Ecuador en 2019 y la ayudó a crear el movimiento en el país.

Al principio todo era por redes y solo eran tres personas. Poco a poco empezó a moverse, a hacer videos y organizar marchas. Con la noticia de que algunas empresas extractivas querían entrar a la Amazonía en Brasil, reunió a decenas de jóvenes en las afueras de la embajada de ese país. “Ese fue el primer boom”, recuerda.

Después de esto, se realizó la huelga climática a nivel nacional, en 2019. Se reunieron cientos de jóvenes en el Centro Histórico de Quito para pedir más acciones por el planeta. Ahora Fridays For Future Ecuador cuenta con veinte personas fijas, distribuidas en la Costa, Sierra y Amazonía. Sus acciones no solo se enfocan en las huelgas climáticas. Este año realizarán recorridos por la región amazónica para evidenciar el impacto de las actividades extractivas y para mostrar la importancia de cuidar esta zona.

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Acerca de Isabel Alarcón

Periodista especializada en medioambiente. Trabajó en Diario El Comercio. Becaria de International Center For Journalist (ICFJ), Earth Journalism Network, Fundación Gabo y Pulitzer Center. Finalista del Premio Nacional de Periodismo Jorge Mantilla Ortega 2022.
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