Es de madrugada en Kolhapur y sus calles, aún a oscuras, siguen desiertas. Todavía falta un par de horas para que el tráfico se apodere de esta ciudad del estado de Maharashtra al suroeste de India.
Entre tanto, Ashutosh Patil, de veintidós años, que lleva despierto desde las cuatro de la mañana, ha empezado el primer entrenamiento del día junto a sus compañeros, alrededor de un pozo de tierra rojiza, iluminado por una tenue bombilla y junto a un pequeño altar con la imagen de Hanuman, el dios de la lucha, que representa la fuerza, el valor y la autodisciplina, en el talim de Gangavesh, la histórica academia de lucha tradicional de India.
Dicha academia es una de las dos atracciones de Kolhapur, de unos ochocientos mil habitantes. La otra novedad —que atrae a miles de peregrinos de todo el país— es el templo hindú de Mahalaxmi, donde se venera a una diosa que simboliza la riqueza y la prosperidad, y es conocida también por ser un centro de culto del kushti, el estilo tradicional de lucha libre sobre arcilla en India.
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