
Termina noviembre, empiezan las compras navideñas y los centros comerciales desbordan de gente empeñada en aprovechar las rebajas, pero ¿qué historia esconde el Viernes Negro?
Todos sabemos que Navidad es el 25 de diciembre o Año Nuevo el 1 de enero, pero cuando se trata de hacer compras, los tiempos son inciertos. Por eso, el Viernes Negro (Black Friday), consagrado a dicha actividad, no tiene una fecha específica, sino que depende del Día de Acción de Gracias estadounidense, es decir, el cuarto jueves de noviembre.
En la jornada siguiente, las tiendas se llenan de personas que, como cazadores, se alinean junto a las puertas a la espera de atrapar una presa con descuento antes que otros. Y es una locura: hay atropellados y empujones. Pese a esto, la historia del evento no empieza en ningún centro comercial…
Oro y especulación

El escenario es Wall Street. Era el año de 1869 y Estados Unidos atravesaba un periodo de reconstrucción luego del fin de la Guerra Civil. El Gobierno se vio obligado a endeudarse y emitir dinero sin respaldo en oro para pagar a sus acreedores, lo que, según creían entonces, lo obligaría a sacar el metal guardado en la reserva con el fin de cubrir el bache.
Dos agentes de la bolsa, James Fisk y Jay Gould, decidieron aprovecharlo; cercanos al círculo del presidente Ulysses Grant, colocaron un aliado en la Tesorería de los Estados Unidos, cuya misión era informarles cualquier movimiento en la Reserva para, hasta entonces, acaparar el oro disponible afuera.
En efecto, en noviembre ambos habían acumulado tal cantidad que los precios se elevaron de forma absurda: el miércoles 24, el águila doble, una moneda de oro estadounidense, tenía un valor 30% más alto del normal.
Entonces, Ulysses Grant, al borde del colapso nervioso, sacó al mercado 4 millones de dólares en metal precioso y, como resultado, el negocio de los especuladores se desplomó. Antes del sábado, los inversores que habían comprado acciones en él estaban arruinados. Aquel, fue su viernes negro.
Viernes Negro

Sin embargo, la expresión Black Friday se empezó a usar en la segunda mitad del siglo XX. El sábado posterior al Día de Acción de Gracias, se solía realizar un partido de fútbol americano en Filadelfia entre la Marina y el Ejército y para los años sesenta, la gente empezó a invadir la ciudad el viernes para hacer su compras navideñas antes del juego.
La policía no se daba abasto para controlar las hordas de compradores y muchos agentes se veían obligados a suspender sus fines de semana libres, por lo que empezaron a llamar ‘viernes negro’ a ese día en que todo estaba fuera de control.
Eso sí, la expresión se hizo popular el 19 de noviembre de 1975 gracias al The New York Times que la usó para referirse al tráfico resultante de los descuentos que ofrecían las tiendas luego de Acción de Gracias.
La tradición era solo americana, pero llegó al mundo hispanohablante por la puerta de España: en 2012, una cadena de productos electrónicos prometió buenos precios si acudían a hacer compras el viernes siguiente a una festividad que casi nadie conocía en el país ibérico.
Luego llegó a Latinoamérica y para aprovechar el arrastre, el lunes siguiente las rebajas inundaron internet con el nombre de Cyber Monday.
Contra el Black Friday
El consumismo tiene sus detractores. Claro, no son comerciantes. No obstante, hay razones: las compras exageradas, la contaminación producida por los desperdicios, el ahogamiento de los pequeños negocios ante marcas grandes que pueden abaratar costos hasta aniquilarlos…
En fin, las quejas son muchas y, por eso, hay una serie de propuestas alternativas. Una de ellas se llama Giving Tuesday que arrancó en 2012 y que propone donar dinero a causas altruistas como construir viviendas en África o dar soporte en zonas donde el coronavirus dejó devastada a su población. Normalmente, se celebra al día siguiente del Cyber Monday.
Y aunque esta tendencia es mundial, en diversos lugares es proponen opciones propias como el Buy Nothing Day en Reino Unido, Suecia y Finlandia; la fecha coincide con el Viernes Negro, aunque su fin sea justamente el opuesto.
Por otra parte, en el resto de aquel continente, la World Wild Foundation y la Unión Europea sugieren hacer un Green Friday, cuya característica es concientizar a los consumidores sobre el problema de contaminación que provoca una compra desmedida e irracional, ofreciendo opciones como intercambio y reparación de ropa y paseos por el campo.
De todas maneras, hablar en contra del negocio, cualquiera, no tiene sentido, toda vez que miles de personas viven de él más allá de las grandes corporaciones, pero también es inevitable hacer una pausa pensando en el planeta que está agotado de los abusos a los que la humanidad lo somete. Así, la respuesta quizá no sea negarse a las compras, sino hacerlo por necesidad y con sentido común.

