Francisco José de Caldas, apodado el Sabio, pasó a la historia por su erudición y conocimiento de múltiples disciplinas. Su diario, del que le hablamos en este artículo, refleja los cambios de sensibilidad y de mentalidad que estaban experimentando las élites americanas.
A fines del año pasado apareció publicado un diario de Francisco J. de Caldas en el que narra su viaje por la Sierra norte y por Esmeraldas. El manuscrito había permanecido extraviado al punto de que ni siquiera los propios eruditos sabían de su existencia. Por lo visto, apareció en un anticuario de París y, luego, no se sabe bien cómo, fue a parar a la Universidad de Indiana. Este tipo de documentos son de un gran valor para entender las costumbres y los comportamientos de los pueblos. Son como una ventana abierta a escenas del pasado, que el paso del tiempo ha desvanecido. Gracias al virtuosismo narrativo de estos hombres sus crónicas parecen fotografías que reviven la memoria de esos hechos.
Los contextos
El Ecuador fue un destino que atrajo a numerosos exploradores. Desde la llegada de los geodésicos, se convirtió en objeto de interés para las academias y sabios de medio mundo. Buena prueba de ello es la presencia de figuras tan destacadas como Darwin o Humboldt. Ambos, y los que los sucedieron, lograron que el país adquiriera visibilidad y saliera del anonimato que significaba vivir en uno de los rincones más remotos del Imperio español.
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