Skip to main content

Mundo Diners al día

Y el Negro va…a Loja

por Pablo Cuvi

Negro Paz
TIEMPO DE LECTURA 8 MINUTOS

En este especial recopilamos tres artículos publicados entre 1995 y 1996 en los que Pablo Cuvi siguió a los candidatos a presidentes. Así revelamos cómo se hacía la política puerta a puerta hace casi 30 años. Este es el primero de nuestra selección. ¡Disfrútelo!

Artículo publicado en Mundo Diners. Noviembre 1995.

Sentadito en el terminal quiteño de Icaro, esperando a Rodrigo Paz para acompañarlo a Loja, recuerdo la primera vez que anduve por esas sureñas tierras hace veinte años con un grupo de teatro ambulante. Éramos tres los actores y nuestro único repertorio consistía en La Pancarta, del chileno Jorge Díaz, obra que ironizaba justamente las promesas y manipulaciones de una campaña electoral de entonces. Allá en Loja nos presentamos en una tarima del hall municipal ante un público cómplice y risueño, hicimos la indispensable colecta con sombrero y continuamos el viaje hacia el Perú.

En esos días rebeldes e izquierdistas, el símbolo máximo del gran teatro electoral seguía siendo mi doctor José María Velasco Ibarra, derrocado de su quinta presidencia por el general Rodríguez Lara. Y a donde Velasco llegué, ya solo y sin disfraces, en agosto del 75, para realizar una serie de entrevistas que culminarían en un libro sobre el último caudillo de la oligarquía, a quien llamé así por considerar que con él terminaba una forma de ejercer la política y, en particular, de llevar adelante la campaña electoral, forma que se resumía en la frase legendaria del propio Velasco: "Dadme un balcón en cada pueblo y seré presidente".

Algunas cosas claves cambiaron desde entonces: la televisión reemplazó en buena medida al balcón como espacio de difusión y propaganda de las candidaturas; la derechización del discurso político, la globalización de la economía y la caída del muro de Berlín dejaron a la vieja izquierda muda y desamparada; el descrédito de los políticos profesionales y del estado impulsa a un nue­vo tipo de líderes con perfil empresarial... como el que viene llegando al aeropuerto.

Sin trámites formales, jovial, campechano, Paz bromea con el capitán Benítez y una chica de la compañía. Viste pantalón habano, camiseta celeste sobre el pronunciado vientre, y chaqueta a cuadros. Minutos después decola la avioneta bimotor. Viene en la comitiva Absalón Rocha, director nacional de la Democracia Popular, pequeño, tranquilo, quien retruca de vez en cuando las vaciladas del candidato. Vuelan también Germán Pazmiño, coordinador de la campaña, Patricio Guevara, Hanz, un viejo amigo alemán, y el fotógra­fo Fernando Arauja luciendo una camiseta que dice: Y el Negro va...

Con sus 23.000 horas de vuelo, el capitán Benítez: tiene mano de seda, de modo que el candidato, era leer el diario Hoy, se echa una ligera ceja sobre el colchón ininterrumpido de nube que cubre al callejón interandino, hasta que asoma, abajo, la arrugada orografía austral. Pero aterrizar en la pista de La Toma, ubicada en un delgado valle cercado de montañas, no es juego de niños. "Me voy a meter por este cañoncito", explica el capitán a su copiloto, cuya mano izquierda luce tatuada una figura de la buena fortuna, menos mal, porque empieza el zarandeo de los vientos encontrados y la adrenalina se alborota ante la áspera proximidad de las laderas, que finalmente se convierten en una franja de asfalto rodeada de verdes cañaverales, y adornada en la terminal con el Chato Castillo y su entusiasta grupo de la Flecha Verde.

DINERS 1995 NOVIEMBRE N162 70
Una chica se apresura para alcanzar el alboroto de la caravana.

Como paz en el agua

No bien asoma por la portezuela la larga humanidad del candidato, que se agitan las banderas y estallan los gritos de rigor: "¡Viva Rodrigo Paz!", "¡Paz presidente!". Saludos y abrazos que alcanzan hasta mi inesperada persona.

Acomodado en uno de los automóviles de la caravana que emprende el ascenso a la ciudad de Loja, accedo súbitamente a la política local. Dos amables señoras me informan que en las elecciones seccionales del año pasado, cuando boicotearon con una leguleyada la participación de José Bolívar, o sea el Chato, dicen, los candidatos gobiernistas utilizaron toda la maquinaria estatal, desde los carros oficiales hasta las presiones directas a los tenientes políticos. Que gastaron una millonadas de sucres, añaden, y la gente se malacostumbró porque les llevaban camionadas de víveres. "Pero ahora sí vamos a barrer".

Más vehículos se incorporan en la entrada de la ciudad. "¡Loja con Paz!", gritan los muchachos que van en un camioncito. La caravana desemboca en el centro comercial erigido por el Chato Castillo cuando fue alcalde, del 88 al 92, con los colores de la ID. Simpático, acelerado, orador de barricada, 'full' carisma, con los ojos que le bailan tras los lentes de abogado de la PUCE, el Chato es la llave maestra para entrar en todos los rincones de la extensa provincia.

Seguros de su victoria, en los cantones le piden que se lance a la diputación, "usted arrastra a dos, doctorcito", mientras los capitalinos le exigen que sea alcalde, "aquí vos mismo ves tus obras y tienes al Negro de presidente... " Con una sonrisa pícara, el Chato delega la decisión a la Junta Provincial y sigue saludando a las vivanderas y defiende a PREDESUR y exige la descentralización cada vez que toma la palabra, que es a cada rato, en el mercado mismo, en la rueda de prensa, donde los ingenieros, con una voz que sube la escala del messo soprano y baja por los arrozales de Macará y vuelve por Zapotillo para encontrarme encantando como cualquier hijo de vecino que se inicia en la magia del ritual electoral.

Ha llegado el momento de Paz. Alto, calmado, claro en su exposición, en los auditorios cerrados hace valer sobre todo su experiencia de alcalde quiteño. Es un gerente que planifica operaciones factibles: está por la descentralización administrativa, el fortalecimiento de las gobernaciones, por municipios que controlen toda la ciudad, está por el desarrollo de la agroindustria y las reglas claras para el capital.

"Ni estatismo ni neoliberalismo -añadirá más tarde ante el Colegio de Ingenieros- sino un tercer camino: la economía social de mercado. El estado debe disminuir de tamaño, pero mejorar su calidad y dedicarse a producir utilidad social, porque el único padrino que tiene el pueblo es el estado. Por eso hay que mantener la Seguridad Social, permitiendo la competencia".

Una y otra vez, los distintos representantes exponen los problemas locales y provinciales: que no hay agua, la desertificación avanza y no hay industrias ni otras fuentes de trabajo, que los lojanos migran en oleadas, que están cansados del secular abandono de muchos gobiernos, que deben hacer los trámites en Cuenca o en Quito, que... Y él escucha, propone, promete lo que puede hacer.

Cuando se reúne a puerta cerrada con de­legados DP de Zamora, voy a recoger mis pasos por las orillas del Zamora y el parque central. El hall donde actuamos en el 74 exhibe ahora un mural de Kingman y otro de Oswaldo Mora y en la catedral está la imagen de La Churona, la Virgen del Cisne, que todos los años llega en hombros de los romeros para las fiestas de septiembre. A la entrada del templo venden postales de la virgen vestida ... ¡de militar y de policía! Un chubasco interrumpe la prolongada sequía, respuesta, dicen, de las oraciones a La Churona (Al menos para este trámite con las Alturas no hay que hacer viaje a Cuenca).

Por la noche hay una recepción de independientes en el hostal Aguilera, donde despliegan su talento musical violinistas y cantantes. Es tan acendrada aquí la tradición musical que no bien empiezan a cantar las chiquillas ya sueñan con pasar el acetato, o sea, con grabar un disco. Como pez en el agua, Rodrigo Paz se mezcla con la gente, departe de mesa en mesa y termina dando unos pasos de baile, con un ritmo envidiable, producto de su viejo e inalterable amor por la música cubana.

DINERS 1995 NOVIEMBRE N162 73
Un ceibo cargado de lana junto a los famosos arrozales de Macará.

Dos perfiles opuestos

A las ocho de la mañana siguiente partimos hacia Cariamanga. Paz va en la camioneta manejada por el Chato; yo me acomodo en el Suzuki de Wilfrido Paz, primo del candidato, junto a Germán y Patricio. Al volante, Wilfrido resulta ser tan acelerado como el Chato, no en vano ha corrido dos vueltas a la república. Cruzamos el valle del Catamayo hacia Gonzanamá, entre lomas secas matizadas por las anécdotas políticas de Germán, que acompaña a Paz desde su campaña 9 la alcaldía. Poco antes del pueblo nos reciben algunas personas, entre ellas una guapa profesora vestida de verde.

-Por nosotros vive el partido en Gonzanamá -dice-. Nuestra casa ha sido comedor popular en la campaña, ¿no es cierto?

-Es dura la campaña -asiente su cuñada.

Tan dura que el candidato, luego de visitar la iglesia, debe aceptar una cerveza del chispo del parque. "¡Viva el doctor Castillo!", gritan los vecinos. "Y abajo éste", agrega el Negro Paz, bajándose el vaso de biela y encaminándose al concejo municipal, cuyo presidente es roldosista, pero democrático y abierto.

"Necesitamos una reforma moral", afirma el anfitrión al rememorar la campaña con Jaime Roldós. Paz, que fuera ministro de finanzas del gobierno roldosista, concuerda, añadiendo que "las ideologías no han desaparecido, se han acercado, solo nos diferencia el color de las banderitas: el nuestro es el verde de la esperanza". Una señora menuda y canosa se acerca al candidato: "Usted era de los primeros que tenía una casa de cambios en Quito, a mí qué me va a decir." Todos sonríen: es doña Alejandrina, famosa agitadora conservadora de los tiempos duros del cura Armijos, quien, en los escrutinios, mandaba a preguntar a Quito por telegrama:

"¿Cuántos votos quieren que les mande?".

Camino a Cariamanga, bastión del velasquismo, Wilfrido añora las viejas campañas pistola al cinto, con luchas tremendas entre vela quistas y conservadores, tanto así que los curas amenazaban con la excomunión a quienes osaron votar por Velasco. (Comparo mentalmente perfiles de dos épocas distintas: si el doctor Velasco Ibarra era un intelectual y político de escasos recursos económicos, ascético más bien, elegante y formal, orador consumado, administrador errático y temperamental, exiliado, solitario, académico de la lengua, ajeno a los negocios, al deporte, al humor y a la pachanga, Rodrigo Paz aparece como lo opuesto: empresario de éxito, pragmático, dirigente deportivo, deportista él mismo, dicharachero y bromista, afincado en su gallada quiteña, informal, descachalandrado, administrador muy eficiente, aunque casi novato en las lides políticas, casi independiente, de un discurso sobrio y mesurado).

Seguimos por un paisaje medio árido. En Tierra Colorada se une un San Remo con magnetófono: es Xavier Cabrera, dueño de una radio, quien luego nos invitará a almorzar repe y fritada con mote en su finca, pero ahora perifonea por las calles de la ex ciudad blanca de los Reyes Magos el alegre adveni­miento del Negro Paz bajo un sol implacable y un cielo azul recortado sólo por el doble perfil del cerro Ahuaca. Desde las ventanas de Radio Cariamanga, perteneciente a Jorge Montero, alguien cuenta sólo la mitad de los participantes, para mañana decir por la radio que había cuatro gatos. Tras los discursos de oficio, acompañado por su primo Wilfrido, el candidato visita la tumba de su abuelo, el coronel Elíseo Paz, alfarista de a caballo que fuera muer­to por los conservadores al otro lado de la frontera.

DINERS 1995 NOVIEMBRE N162 72
Todos querían estrechar la mano del candidato Paz.

La frontera paterna

Al atardecer, tragando polvo como con­denados, avanzamos por esos campos de Dios rumbo al sur. En la hondonada brotan cultivos y en las lomas algarrobos, eucaliptus, algún campesino que guía a su obstina­do burro cargado de granos. Pasamos junto a Piedra Lisa, la quebrada donde finiquita­ron al legendario Naún Briones, y entra­mos a Sozoranga, pueblito que luce varios edificios de cemento: IETEL, el BNF, el municipio, el mercado. Una hora más tarde, el camino desciende abruptamente entre potreros de secano y potreros de inverna hasta el ardiente nivel de los arrozales famosos de Macará y los ceibos cargados de ligeros copos de lana.

Las monjitas marianitas y las niñas del jardín de infantes Mónica Paz nos reciben con canciones y banderitas. Una vieja pla­ca agradece al filántropo macareño Plutarco Paz, padre de Rodrigo, quien también ayudó al jardín y ahora inaugura un aula. A la hora del cafecito, Paz pregunta a cuánto está el inti. Le responden que no saben porque los cambistas se han dedicado a ju­gar baraja pues sigue cerrada la frontera. En la plaza, un mecánico saca la cabeza del motor para ver al candidato: "Grandote ha sido", comenta. ¿Qué tal será para presidente?". "No sé. Parece que bueno".

Parece no más, porque esto recién empieza. La música y los parlantes convocan al vigilante pueblo fronterizo a la reunión que arranca golpe de ocho y media de la noche. Iluminado por los reflectores, el Chato Castillo cita a Velasco Ibarra en su arenga y Paz luce contento pues cumplió la promesa de iniciar su campaña en la frontera. Como debemos madrugar a Celica, bastión de la DP, dejo para una próxima la discusión sobre carisma, clientelismo, y otras hierbas que mis colegas sociólogos utilizan para descifrar el gran espectáculo de las elecciones. Acabado mi papel, hago mutis por el foro.

Etiquetas:

Imagen de perfil

Acerca de Pablo Cuvi

Abrió el camino de la crónica de viajes cuando la revista Mundo Diners comenzaba y 33 años después sigue tan campante. Tiene cuentos, obras de teatro y una larga fanaticada que continúa admirando su producción.
SUS ARTÍCULOS

Finalizar Compra

DETALLES DE FACTURACIÓN

Requerido.
Requerido.
Ingrese un correo válido.
Documento inválido.
Celular inválido.
País / Región *
    Requerido.
    Región / Provincia *
      Requerido.
      Localidad / Ciudad *
        Requerido.
        Requerido.

        RESUMEN DEL PEDIDO

        Producto
        Cantidad Total 1
        Subtotal $0.00
        IVA 0% $0.00
        Total $0.00

        Pagos seguros vía:

        Visa Mastercard Amex Discover Diners

        Finalizar Compra

        Detalles de facturación

        Requerido.
        Requerido.
        Ingrese un correo válido.
        Documento inválido.
        País / Región *
          Requerido.
          Región / Provincia *
            Requerido.
            Localidad / Ciudad *
              Requerido.
              Requerido.
              Celular inválido.

              Resumen del Pedido

              Plan
              Subtotal $0.00
              IVA 0% $0.00
              Total $0.00

              Pagos seguros vía:

              Visa Mastercard Amex Discover Diners
              Revista Mundo Diners
              Resumen de privacidad

              Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.