
El origen del nombre de un país muchas veces se hunde en el misterio. En el caso de Ecuador todo tiene que ver con una medición científica y un viaje que arrancó en el actual Manabí, acompáñenos.
El ecuador con mayúscula
Pedernales es una región turística del norte de Manabí adonde se acude en busca de playa y buena comida, sin embargo, eso no es todo: allí, arrancó la medición del arco de la Tierra en 1736.
Con exactitud, los científicos franceses liderados por Louis Godin, Pierre Bouger y Charles Marie de La Condamine empezaron su trabajo en Punta Palmar, a 7 kilómetros del actual cantón.
En esta región, la naturaleza era violenta, con cascadas y rompientes que a los europeos debieron parecerles de un planeta distinto. Y en medio de eso, La Condamine escribió:
“Por las observaciones astronómicas de la Real Academia de las Ciencias de París, se descubrió que este promontorio del Palmar está debajo del ecuador. Año 1736 de Cristo.”
Doscientos años después, inspirados en esta frase la Asamblea Constituyente decidió que el nuevo país no se llamara Quito, como lo habían hecho los españoles, sino República del Ecuador.

El problema de la Tierra
Pese a que la discusión sobre la forma del planeta se centró por un buen tiempo en si era plana o esférica, el hecho es que entre los partidarios de esta última idea tampoco existía un acuerdo pleno: algunos creían que era circular y otros, ovoide.
En el siglo XVIII, el debate lo acaparaban los ingleses que, siguiendo a Isaac Newton, proponían una Tierra aplanada en los polos, y los franceses, quienes creían en un óvalo perfecto de acuerdo con lo propuesto por el filósofo René Descartes.
Para zanjar el problema, el rey Luis XV ordenó a la Academia Francesa una investigación. Entonces, esta envió dos expediciones para medir la circunferencia del planeta; la primera viajaría hacia la Audiencia de Quito y la otra a Finlandia, es decir, al ecuador y al polo norte.
La idea era poner a prueba la teoría de Newton comparando ambas mediciones: en caso de ser correcta el arco del meridiano en el ecuador debía ser más corto que en el polo.
Así, en 1735 académicos franceses ingresaron a un territorio que, por años, había sido hostil para cualquiera de sus compatriotas por las guerras entre Francia y España. Un año después el matemático Pierre Louis Moreau de Maupertuis viajó a Finlandia.
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Victoria y derrota
Maupertuis regresó a su país con el resultado en 1737 y al compararlo con las mediciones del segmento del arco de la Tierra hechas en París, corroboraron que Newton tenía razón. Mientras tanto, en la Real Audiencia los exploradores franceses no habían avanzado con su trabajo, estaban al borde de la quiebra y mantenían disputas internas irreconciliables.
Pero no era cuestión de incapacidad: Finlandia es un territorio plano y, aun con sus condiciones ambientales, mucho más accesible para los europeos del siglo XVIII que América del Sur. Allí, en el corazón de las colonias españolas, las autoridades los miraban con miedo u hostilidad por la sospecha de que fuesen espías.
Incluso, al inicio del viaje, el rey Felipe V encomendó a Jorge Juan y Antonio de Ulloa acompañar a los franceses para, entre otras cuestiones, mantenerlos vigilados.

Ellos llegaron a América con baúles cargados de instrumentos científicos y ropa de última moda parisina, sin embargo, en la billetera solo había dinero para el inicio, además de una promesa de recibir el resto en el futuro. Un año y medio después de haber empezado su trabajo, La Condamine ya estaba vendiendo sus ropas de lujo a los criollos de Quito para cubrir sus gastos.
Y es que, tras dos siglos de dominio español, América era un continente lleno de parajes que los europeos no conseguían dominar, con montañas altísimas y selvas eternas. Aun mares como el Mediterráneo parecían enanos al lado del océano Pacífico.
Los instrumentos que traían los franceses se dañaban en los traslados por acción de nativos o conspiradores internos. Tras varias jornadas de reparación, la marcha se retomaba, pero el trabajo seguía pendiente.
Este y otros desastres pasaron desapercibidos en Europa, donde la Expedición Geodésica ya no tenía sentido por el resultado que se obtuvo en Finlandia, derivando en más demoras en el envío de dinero y hasta el fin del apoyo.
Al terminar la aventura en 1744, algunos protagonistas no regresaron a Francia y los que sí lo hicieron afrontaban a veces la cárcel como La Condamine o la tragedia como el sobrino de Godin.
El caso es que, por el deseo de ganar a sus compatriotas en América, Maupertuis hizo su medición tan deprisa que cometió un error de 390 metros. El resultado obtenido en la Real Audiencia solo tenía 60 de falla. Considerando las dificultades técnicas y logísticas fue extraordinario y sirvió para que los fundadores de la nueva nación decidiesen en 1830 que esta iba a ser la tierra del ecuador.

