
No importa si es como parte de la historia oficial o de la cultura popular, los pavos siempre serán uno de los protagonistas de las fiestas de Fin de Año.
Mientras está vivo, el pavo es tratado como una especie de dios entre las aves de corral. Come bien y se pasea con libertad. Para muchos no es posible que existan celebraciones de diciembre sin que esté presente en su mesa, fácil puede alimentar a una familia extendida de 10 o 12 personas.
Sin embargo, de acuerdo a una lista hecha por Chef’s Pencil, solo en cuatro países sudamericanos se come pavo por las fiestas de Fin de Año: Ecuador, Perú, Chile y Brasil. La lista continúa así: Estados Unidos, Canadá, El Salvador, Reino Unido, Irlanda, Francia, Bélgica, Portugal, Grecia, Croacia y Georgia. En el resto del mundo, las estrellas de la temporada son: pollo, ganso, pato, cerdo, peces, carne vacuna y hasta tamales.

El 'gran monstruo'
El pavo fue domesticado por los habitantes de territorio mexicano, antes de la llegada de los españoles. Para los mayas y los mexicas -lo conocían como huexolotl o guajolote- era un animal sagrado.
La palabra ‘guajolote’, proviene del náhuatl ‘huexólotl’, que significa ‘viejo monstruo’ o ‘gran monstruo’, porque hace alusión al gran tamaño del macho y sus exuberantes plumas ornamentales”. Estaba ligado a deidades del sol y de la vida, así como a prácticas curativas y agrícolas.
Se presume que los pavos eran parte de los festines que comían los mexicas en las fiestas Panquetzaliztli, que celebraba el nacimiento del dios Huitzilopochtli. Una festividad que coincidía con el solsticio de invierno; es decir, con Navidad.
Los españoles que llegaron a lo que luego sería México continuaron con esa costumbre -dejaron de lado los sacrificios humanos y las danzas- y llevaron el animal a Europa. Ya para el siglo XVI, comer pavo se incluía en las cenas de Navidad de nobles europeos en tierras americanas.
La historia cuenta que en Plymouth, en 1621, colonos ingleses que habían arribado hacía un año, celebraron que la cosecha de esos meses fue perfecta. Un grupo de indios wampanoag se acercaron al asentamiento y tanto ingleses como nativos americanos comieron juntos.
Es poco probable que haya sido pavo lo que comieron esa primera vez, pero hoy es parte de la tradición del Día de Acción de Gracias. Según la fuente que se consulte, el pavo llegó a ese territorio porque eventualmente el animal subió de México, o porque de Europa finalmente viajó a Estados Unidos gracias a los colonos.
De Dickens a Kung-Fu Panda
Charles Dickens, escritor famoso y popular en el siglo XIX, consideraba al pavo como elemento central de las cenas navideñas. En muchas de sus cartas personales se jactaba de su forma de prepararlo y lo delicioso que le salía.
Dickens también llevó al pavo a su literatura. En 1843 publicó Un cuento de Navidad, novela en la que tres fantasmas se le aparecen a Ebenezer Scrooge y lo ayudan a cambiar su forma de vivir esa festividad.
La novela apareció en un momento en que Inglaterra estaba renovando sus costumbres para esas fechas -como el uso del árbol de Navidad- y Dickens consiguió popularizar una nueva: comer pavo. Al final de la historia, cuando Scrooge cambia de actitud, envía un pavo enorme a la casa de Bob Cratchit, el empleado que él explotaba y maltrataba.
El pavo tiene un temperamento complicado. Si le caes mal, te lo va a hacer saber, persiguiéndote y abriendo sus alas como si quisiera atacarte. Muchos advierten que no hay que molestarlo, que hay que ponerle la comida a un lado y dejar que esté a sus anchas.
Su presencia es tan imponente que se ha convertido en el material de las pesadillas de muchos niños pequeños. No en vano, el villano de Kung-Fu Panda 2 es un pavo real blanco, llamado Lord Shen. Estas aves también son las protagonistas de 'Free Birds', cuya trama gira alrededor de un viaje en el tiempo para salvar a todos los pavos que se usaron en el primer Día de Acción de Gracias.
Seis años antes, y con bajo presupuesto, apareció la película ThanksKilling y sí, como su nombre lo indica, es de horror y un pavo se dedica a asesinar como si fuera el mismísimo Jason Voorhees.


