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Mundo Diners al día

El chisme histórico: el papa que explotó

por José Luis Barrera

Papa Pío XII en su funeral.
Para evitar que los fieles vieran de cerca el cuerpo del papa Pío XII, se colocó un pedestal bajo el féretro. Foto: Getty Images.
TIEMPO DE LECTURA 4 MINUTOS

Tras la muerte de un papa, el Vaticano se llena de fieles que anhelan despedirse de él. No obstante, el luto a veces deja lugar a lo macabro. Así le ocurrió al cuerpo de Pío XII, que en medio de sus funerales explotó…

Son días de luto para el mundo católico porque el papa Francisco ha muerto. La televisión muestra a diario imágenes de la gente con la cabeza baja desfilando ante la inconmovible Guardia Suiza. Sin embargo, hace 67 años estos soldados se desmayaban al lado del cadáver de otro pontífice y no por la emoción, sino por su olor… ¡Bienvenidos al chisme histórico!

El drama empezó el 9 de octubre de 1958 a las 03:52 de la mañana con el fallecimiento de Pío XII en el palacio de Castel Gandolfo, residencia papal de descanso a veinte kilómetros de Roma. Los médicos declararon que la defunción no era por una enfermedad, sino resultado del cansancio: aquel hombre había trabajado tanto que su corazón no pudo resistir un día más.

De inmediato, uno de los médicos de confianza del pontífice, Riccardo Galeazzi-Lisi persuadió al cardenal Tisserant, decano del Sacro Colegio, de que le permitiera embalsamar el cuerpo. Su argumento fue irrebatible: uno de las solicitudes de Pío XII era que no le extrajeran sus órganos para el procedimiento y el doctor junto con su colega Oreste Nuzzi habían inventado una técnica ideal para cumplir ese deseo.

La odisea del papa

El cardenal Tisserant bendice el cuerpo del papa Pío XII.
El cardenal Tisserant bendice el cuerpo de Pío XII.

El papa conocía el método de Nuzzi y Galeazzi -la ‘ósmosis aromática- porque este, años antes, le mostró una serie de fotografías de un hombre muerto en un accidente de tránsito, cuya piel mantuvo su elasticidad y color tras el embalsamamiento. Al parecer Su Santidad le autorizó a usarla sobre su cuerpo cuando ‘llegara la hora’.

El primer paso era sumergir al cadáver en una sustancia hecha a base de hierbas aromáticas y luego envolverlo en varias capas de celofán. Sin embargo, en pocas horas, Pío XII ya despedía un olor tan insoportable que los guardias suizos a cargo de su custodia se desmayaron.

El cardenal Tisserant, sintiéndose estafado por Galeazzi, solicitó ayuda a otros médicos, pues el cortejo fúnebre ni siquiera había empezado. De hecho, la descomposición vertiginosa del cadáver hizo que el Vaticano renunciase a trasladarlo a la Santa Sede en un coche especial tirado por caballos blancos, aceptando un automotor del ayuntamiento romano cubierto de cortinas y pompones.

El doctor Riccardo Galeazzi-Lisi examina el cuerpo del papa luego de la 'ósmosis aromática'.
El doctor Riccardo Galeazzi-Lisi examina el cuerpo del papa luego de la 'ósmosis aromática'.

En ese vehículo inició el viaje final de Pío XII, pero a medio camino el chófer y los guardias escucharon golpecitos en el ataúd. No era un fantasma: el tórax del papa estaba explotando y en esas condiciones arribó al Vaticano.

De inmediato, los tanatólogos practicaron una reconstrucción capaz de aguantar por unos días. No fue suficiente: en la basílica de San Pedro, uno que otro fiel pudo ver cómo se desprendía la nariz de Pío XII. En la madrugada del 12 de octubre, pese a que la tradición lo prohíbe, se suspendió la exposición del cuerpo para aplicarle una máscara de cera que disimulara la falta del tabique nasal y el color gris de la piel, al tiempo que se elevaba el ataúd de modo que no fuese posible mirar de cerca.

Descanso y exilio eternos

El doctor Riccardo Galeazzi-Lisi (derecha) con un colaborador.
El doctor Riccardo Galeazzi-Lisi (derecha) con un colaborador. Foto: Getty Images.

Una vez terminado el cortejo fúnebre, fue necesario unir los miembros con sedas evitando que el cuerpo se desarticulase mientras lo trasladaban a las grutas del Vaticano.

Luego, los cardenales pusieron sus ojos sobre Galeazzi y el dictamen no solo fue la destitución, sino el destierro definitivo, pero no por sus errores con el cadáver, sino porque se atrevió a vender a la prensa fotos del pontífice en plena agonía.

Aunque el médico no se recuperó de su derrota profesional, supo sacarle el jugo con un libro de memorias: ‘A la luz y la sombra de Pio XII’. En él, además de justificar sus acciones, desnudó al papa como político y líder espiritual, pero sobre todo como el humano lleno de contradicciones que conoció en sus conversaciones privadas.

En cuanto al embalsamamiento, el Vaticano dejó de lado los experimentos prohibiendo el uso de cualquier método que no fuese aprobado por un consenso científico, al fin y al cabo, no se debe jugar con los restos de un sucesor de Pedro.

El papa de las controversias

No solo el entierro de Pío XII llegó a los libros de historia: su pontificado duró desde 1939 hasta 1958 y coincidió con la Segunda Guerra Mundial y las primeras décadas de la Guerra Fría.

De nombre secular Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, fue elegido en un cónclave de apenas dos días y es uno de los pocos que entró como favorito y obtuvo el papado. Su talento como diplomático -fue nuncio en Alemania- al parecer lo convirtieron en la mejor opción para aquel tiempo peligroso.

Los críticos lo acusan de no haber condenado de forma directa al nazismo, al tiempo que amenazaba con la excomunión a cualquier italiano católico que simpatizase con el Partido Comunista o firmaba concordatos con dictadores del estilo de Rafael Trujillo de República Dominicana y Francisco Franco de España.

De todas maneras, la comunidad judía le agradece aún sus esfuerzos para ayudarlos en el periodo más violento del fascismo, pues en la ocupación alemana de Italia, se encargó de su protección ofreciendo bienes del Vaticano para sufragar el gasto. Sus partidarios dicen que el silencio del papa con respecto a Hitler o Mussolini en realidad era parte de una estrategia diplomática para salvar vidas y no un acto de colaboracionismo.

Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, futuro papa Pío XII, en 1924.
Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, futuro Pío XII, en 1924 durante las conmemoraciones por el IX centenario de la ciudad de Bamberg.

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