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El oro: el extraterrestre que seduce a la Tierra

por Paulina Gordillo Tejada

Oro
El sarcófago de Tutankamón, con sus 110 kilos de oro macizo, es el objeto de oro más grande encontrado en Egipto. Fotografía: ® ALAMY PHOTO STOCK

Para los egipcios, el oro era la mismísima carne divina, los incas lo consideraban el sudor del sol y los mexicas, el excremento de los dioses. Los alquimistas chinos creían que, si lo consumían, alcanzarían la vida eterna. Hasta antes del siglo XX, el escaso metal se usaba para males tan variados como la sífilis, la viruela o la melancolía.

El símbolo por excelencia de lo sagrado también lo es de la codicia y el poder. Su escasez ha despertado lo peor de la condición humana: genocidios, movimientos migratorios masivos, desastres ambientales incalculables… Y aunque sabemos que es uno de los metales de la tabla periódica más útiles —blando, dúctil, maleable, resistente, inoxidable—, durante milenios se ha usado, sobre todo, para cosas “inútiles”.

Según la ciencia, sus cualidades son la clave de la vanguardia; en el arte, sus lecturas tremendamente sugerentes y contradictorias han servido para glorificar catedrales, gestar obras pictóricas inmortales o denunciar la obscenidad del poder.

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Acerca de Paulina Gordillo Tejada

Periodista y escritora. Trabajó durante años en el sector editorial. Reside en Galicia y colabora como reportera free lance para diversas publicaciones locales. Dirige, además, un taller de escritura creativa para niños.
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