Skip to main content

Mundo Diners al día

Papas fritas y un foco: inventos comunes que cambiaron el mundo

por José Luis Barrera

Edison
Thomas Edison en su laboratorio de inventos en Nueva Jersey. Foto: Getty Images.
TIEMPO DE LECTURA 6 MINUTOS

¿Se ha preguntado de dónde vienen los inventos que usa a diario como los cubiertos o la bombilla eléctrica? Quizá no: la prisa y la necesidad nos obligan a utilizarlos sin pensar en su génesis. Sin embargo, este suele ser tan interesante como su impacto sobre nuestras vida.

El faro del auto, el paquete de caramelos en el supermercado o hasta el botón de la camisa esconden a una o varias mentes que, por azar o curiosidad, transformaron una idea en algo material y, sobre todo, útil.

Lo extraño, sin embargo, no es la creación, sino cómo su origen suele perderse en la memoria. A menudo, varios autores confluyen en una misma obra pese a estar lejos o no conocerse. En otros casos, es imposible apuntar a una sola persona porque el producto resulta de la cooperación.

De cualquier modo, una buena idea no tiene dueño, mas, igual que una roca tirada a un estanque, lo importante es cómo sus ondas lo cambian todo a su alrededor.

Historia de patatas

Según el dicho, no hay muerto malo y así le pasó a George Speck Crum (1824-1914), a quien la mayoría le atribuye la invención de las papas fritas que ahora encontramos enfundadas en los supermercados. La historia, sin embargo, no es tan sencilla y tanto él como su hermana Catherine (1814-1916) y el cuñado de ambos, Peter Francis (1808-1868), parecen tener una cuota de responsabilidad.

Los tres trabajaban en restaurantes y hoteles de la Saratoga Springs de 1850. A George lo conocían por ser un cocinero capaz de hacer cualquier menú y, por eso, los restaurantes de la ciudad se disputaban por llevarlo a sus cocinas. Finalmente, luego de pasar por muchas, se mudó a Malta, un poblado vecino, e instaló su propio negocio.

Allí lo visitó un comensal -según la leyenda, Cornelius Vanderbilt- ansioso de ‘french fries’.

-¡Esto es una porquería! -le dijo luego de probar las que le sirvió-. Estas patatas son tan gruesas que ni siquiera se han cocinado por dentro.

George Speck y su esposa.
George Speck y su esposa.

George fue a la cocina e, imperturbable, se puso a cortar un nuevo tubérculo, pero esta vez en láminas redondas y tan delgadas que parecían papel, luego las hundió en aceite y las bañó en sal. Enseguida, llevó su invento al comedor y lo puso frente al hombre de mal humor.

-¿Es suficiente ese ancho o las corto más?

Sin embargo, el relato, perfectamente redondo, se poncha por culpa de la hermana de George que afirmaba ser ella la autora. En su versión, el azar también visita la cocina porque, mientras preparaba dónuts en el San Souci Hotel -aunque también pudo ser en el Moon’s Lake House-, unos pedazos de papa mal cortada cayeron en la olla de aceite hirviendo.

La tercera versión es la más modesta y atribuye la autoría principal a Peter Francis, el esposo de la hermana de George y Catherine, Mary, pero no hay nada extraordinario en el cuento salvo la colaboración posterior de sus parientes políticos para consolidar la receta.

Tras la muerte de George en julio de 1914, los periódicos locales lo convirtieron en celebridad atribuyéndole solo a él el invento de ‘las papas de Saratoga’. Enseguida, cualquier alusión a que un plato similar existía mucho antes del tiempo de los Speck fue descartada porque los americanos ya estaban enfundado ‘chips’ para venderlas en tiendas y farmacias con la cara del chef en el paquete.

Los mil y un inventos de Edison

De joven Thomas Alva Edison (1847-1931) tenía reputación no por sus inventos, sino por tratarse de un ‘operador de telégrafos incapaz de mantener su empleo’, Al menos así lo mencionó su obituario publicado por el New York Times el 18 de octubre de 1931. La verdad es que su curiosidad no conocía límites porque en cualquier sitio se le ocurría algún experimento. Entre sus hazañas estaban el incendio de un vagón de tren y provocar fugas en contenedores de productos químicos.

Edison exhibe una replica gigante de uno de sus inventos: la bombilla incandescente.
Edison exhibiendo una réplica gigante de sus inventos más importantes: la bombilla eléctrica.

Pese a todo, sobresalía por su tenacidad. Desde niño, fue un huésped del sótano de la casa de sus padres donde realizó ejercicios químicos cuyo resultado eran explosiones que, afortunadamente, no acabaron nunca con la muerte de alguien.

A los doce años, se hizo ‘carnicero de noticias’, mote con el que se conocía a los vendedores de periódicos que circulaban por estaciones de trenes y, luego, cansado de vender notas que no había escrito, se armó un diario para imprimirlo en el tren en pleno movimiento. De ese tiempo, data el incendio del vagón...

Como se la pasaba imaginando experimentos en lugar de trabajar, lo despidieron, así que tuvo que convertirse en telegrafista itinerante. Aburrido, renunció también y se fue a Nueva Jersey para montar su propio taller, patentando entonces un invento por primera vez: el telégrafo cuádruple, el mismo que permitía enviar cuatro mensajes al mismo tiempo.

Después de aquel aparato, vinieron más de mil creaciones con las que llenó los archivos del Registro de Patentes estadounidense: máquinas de tatuar, proyectores de películas, reproductores de sonido, etc. Sin embargo, su nombre está ligado a la bombilla eléctrica y su pugna por llevarse el crédito de la misma.

Y es que para la segunda mitad del siglo diecinueve ya existían algunos intentos de atrapar la luz dentro de un cristal, mas, su duración era demasiado breve pues la electricidad consumía los filamentos en tan corto espacio de tiempo que el aparato resultaba inútil.

Inventores de Alemania, Inglaterra y del propio Estados Unidos experimentaron con materiales distintos hasta que el 31 de diciembre de 1879, Edison llevó a los vecinos a su hogar-laboratorio de Menlo Park para mostrarles que lo mantenía completamente iluminado por catorce horas.

‘Mi luz es por fin perfecta’, le dijo a un periodista del New York Times, aunque omitió mencionar que 'su' invento ya había sido patentado antes en otras partes del mundo. Eso sí, la importancia de su trabajo fue perfeccionar la tecnología para que tuviese mayor duración, lo que consiguió sustituyendo los filamentos metálicos por unos de bambú.

En cualquier caso, la bombilla incandescente fue crucial porque permite realizar actividades laborales y recreativas en horas en las que no hay iluminación natural. Así, Edison, quien supo ligar su nombre al artefacto, se convirtió en el único recordado de una lista que incluía a socios o competidores como Heinrich Göbel y Joseph Wilson Swan. Al fin y al cabo, en términos de inventos lo importante no es el producto, sino el impacto que provoca.

Tres inventos más

  • El inodoro salió de la mente de un poeta. Sir John Harington, ahijado de Isabel I de Inglaterra, era un escritor incapaz de competir con sus contemporáneos Shakespeare o Walter Raleigh, por eso, aparcando la pluma temporalmente, se enfocó en hacer un baño. Después de la caída del Imperio romano, los desechos iban a dar en las calles expulsados a baldazos por las ventanas al grito de '¡aguas van!'. El poeta-inventor ideó entonces su sistema de evacuación conectándolo a un depósito de agua, lo instaló en el palacio real y quiso difundirlo en el país entero, pero la reina no quiso otorgarle la patente -acaso para ser la única en poseer el aparato- y hubo que esperar dos siglos más para que las cosas empezaran a irse por el caño.
  • Según la leyenda más difundida, el cuchillo como cubierto, es decir, con punta redonda, se lo debemos a la afiladísima mente del cardenal Richelieu (1585-1642), quien ordenó prohibir los filos en la cubertería de su casa luego de percatarse de que sus invitados los usaban tanto para hacer la guerra como para extraer restos de comida de entre los dientes. Por supuesto, esto era de pésimo gusto, pero sobre todo de máximo riesgo...
  • Aunque los antiguos egipcios ya usaban inmobiliarios para la siesta, el colchón de muelles moderno es un invento del alemán Heinrich Westphal, quien en 1871 puso resortes entre dos partes acolchadas; por desgracia, su creación no le permitió descansar y vivió hundido en la pobreza. Apenas un par de años después, sir James Paget retomó una idea de los persas para crear la versión contemporánea del colchón de agua.
Sir John Harington en un grabado antiguo.
Sir John Harington (1561-1612).

Etiquetas:

Finalizar Compra

DETALLES DE FACTURACIÓN

Requerido.
Requerido.
Ingrese un correo válido.
Documento inválido.
Celular inválido.
País / Región *
    Requerido.
    Región / Provincia *
      Requerido.
      Localidad / Ciudad *
        Requerido.
        Requerido.

        RESUMEN DEL PEDIDO

        Producto
        Cantidad Total 1
        Subtotal $0.00
        IVA 0% $0.00
        Total $0.00

        Pagos seguros vía:

        Visa Mastercard Amex Discover Diners

        Finalizar Compra

        Detalles de facturación

        Requerido.
        Requerido.
        Ingrese un correo válido.
        Documento inválido.
        País / Región *
          Requerido.
          Región / Provincia *
            Requerido.
            Localidad / Ciudad *
              Requerido.
              Requerido.
              Celular inválido.

              Resumen del Pedido

              Plan
              Subtotal $0.00
              IVA 0% $0.00
              Total $0.00

              Pagos seguros vía:

              Visa Mastercard Amex Discover Diners
              Revista Mundo Diners
              Resumen de privacidad

              Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.