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Mundo Diners al día

Gallardo y Castelló: el militar y el profesor

por Pablo Cuvi

Gallardo y Castelló
TIEMPO DE LECTURA 8 MINUTOS

En diciembre de 1995, el ex-ministro de Defensa y el dirigente del MPD ocupaban el sexto y el séptimo lugar en las intenciones de voto. Costeños ambos, llegaron a la contienda presidencial por vías opuestas: la carrera de las armas y la militancia de izquierda. Estas son sus historias.

¿Habrá soñado Juan José Castelló, combativo estudiante del Aguirre Abad, que la revista Vistazo llegaría a calificarlo veinticin­co años después, sin ironía ni desprecio, como “el principal exponente de la izquier­da ecuatoriana de fines de siglo”?

Advirtiendo la intensidad azul de su mirada, los pómulos marcados y el flujo incesante de adrenalina que alimenta su sistema nervioso mientras habla, uno piensa que sí. O con mayor precisión, deduce que ésa era una meta para un revolucionario como él en aquellos días iluminados desde el Lejano Oriente por el sol de Mao y su librito rojo -aunque Castelló se habrá visto a sí mismo entrando a la capital a bordo de una tanqueta y con el fusil en alto, como entraron los barbudos a La Habana, no como un respetable candidato constreñido a disputar los votos en el juego electoral.

Sin embargo, en 1978, cuando el plan de retomo a la democracia del triunvirato militar estaba en marcha, el partido "chino" -que ya no era maoista sino albanés- creó el Movimiento Popular Democrático, siendo el profesor Castelló uno de los fundadores.

"Era una respuesta a la necesidad de no desperdiciar el espacio de educación política que son las elecciones, porque ahí se habla del futuro del país, de gobiernos seccionales, de presupuestos", dice ahora que lo entrevisto en su oficina del Congreso Nacional. "El mensaje fundamental era aglutinar fuerzas para no tener que escoger entre candidatos de derecha sino tener candidatos propios para entregarles la responsabilidad."

Desde la planta baja sube el clamor y las consignas de los trabajadores eléctricos que se oponen a la privatización, perfecto telón de fondo para el currículum del profesor, que estudió Ingeniería Mecánica en la Politécnica del Litoral. "Pero en el año 77 me vinculé a la educación y me matriculé en la Facultad de Filosofía. Ingresé a trabajar en el Colegio Municipal José Joaquín de Olmedo, llegué a ser su dirigente, fui presidente de los maestros municipales. Mi inclinación profesional está en el área de la Física y la Matemática. Eso dicté durante quince años hasta que tuve que renunciar."

En las paredes de su despacho cuelgan una gran máscara de Tigua y placas de homenaje y diplomas de agradecimiento de maestros de provincia, miembros de la UNE que Castelló presidió del 90 al 92, cuando la huelga de 45 días contra el gobierno de Borja. ¿Por qué los maestros hacen tantas huelgas?, es la pregunta nacional. "No nos queda otra cosa porque a los gobiernos no les interesa la educación -responde una vez más-. El estado no invierte en educación". Para no perder la viada le planteo la Ley de Educación Religiosa.

''Nosotros hicimos grandes esfuerzos por impedir esa ley. Hoy tenemos una ley que ha sido aprobada con gastos reservados. Es una vergüenza para la iglesia ecuatoriana conseguir una ley que no tiene razón de ser en esas circunstancias. El Tribunal de Garantías resuelve la inconstitucionalidad, se va a la Sala de lo Constitucional y ahí resuelven la constitucionalidad, cuando Dahik dice que han tenido que, inclusive a mi­nistros jueces, dar apoyo económico, para sus bolsillos, no para la Corte Suprema, para que le declaren la constitucionalidad de deter­minadas leyes... como la ley religiosa."

Pepe vs. León

José Gallardo nació en Piñas, en 1935, así que le tocó vivir de niño la invasión peruana a la provincia de El Oro. Desde los 15 años, llevado por su hermano mayor, militó en ARNE, ese partido inspirado en la Falange española, con fuertes contenidos nacionalistas y anticomunistas. De modo que la comezón de la política viene de antaño, pero se mantuvo en suspenso hasta que fue ascen­dido a general en el gobierno de Febres Cordero, un mes antes del alzamiento de Vargas en Manta. "No hubo una participación política en ese evento -dice-, sino más bien una actitud profesional de los miembros del ejército de hacer todo el esfuerzo para evitar un enfrentamiento dentro de las Fuerzas Armadas." Pero luego intervinieron para reducir a Vargas en la Base Aérea.

Estamos charlando en su apartamento, adornado con numerosas figuras de porcelana y ubicado precisamente sobre el aeropuerto quiteño donde tuvieron lugar los hechos. Minutos antes, al ingresar a este edificio gris sombrío tuve la sensación de acceder a un bunker. Sin embargo, el ambiente hogareño y la actitud benévola del general, vestido de sport, modifican la imagen. Inquiero sobre el origen de su rivalidad con Febres Cordero. El general la remonta a cierta agitación confusa en parte del mando del ejército el año 88, aduciendo que se venía un triunfo de Abdalá Bucaram en la segunda vuelta contra Borja. "Yo conceptuaba que ésos eran pretextos, probablemente golpistas, y con otros oficiales nos opusimos a esto, creímos que debía continuar el proceso electoral. Yo no sé si el presidente fue informado de nuestra conducta". (Se debe recordar que el candidato socialcristiano Sixto Durán había sido descartado en la primera vuelta.)

El enfrentamiento directo se daría el 93 cuando el ministro Gallardo se negó a acatar la exigencia del alcalde Febres, concerniente a expulsar a los pobladores de Estero de las Ranas y Puerto Lisa. "Me parecía una cosa inaudita que los fuéramos a desalojar, echar por los suelos tantos años de esfuerzos". Algo semejante ocurrió con los informales de la Bahía. Vista su firmeza ante el todopoderoso alcalde, varios políticos empezaron a tentarle con el 96. El resto es historia fresca: dos semanas antes del conflicto Febres volvió a emplazarlo públicamente, pero el rol protagónico del general durante la guerra opacó (momentáneamente) a su rival: Entonces, los cantos de sirena se volvieron irresistibles y brotó la duda: ¿habrá usado Gallardo el conflicto como plataforma de lanzamiento?

"Ese fue un comentario que sacaron, pero yo realmente decidí intervenir porque había grupos populares que querían que intervenga. Pero la razón fundamental es que no le veía salida al país sino con un gobierno de otro enfoque, con otro carácter, con otros ideales. Porque la política se ha con­vertido en una especie de negocio, en una inversión”.

¿Pecó de ingenuo el general al partir a la guerra política sin dinero ni organización? Él lo ve como idealismo. "Al fin y al cabo no soy el primer hombre que de nada parte, solamente con la mochila de ideales". (Uno puede pensar en el Che o en Mao, pero recordando la actitud del entonces ministro de Defensa ante las denuncias de torturas a los once campesinos del Putumayo acusados injustamente de terroristas, comprende que en el fondo de esa mochila no reposa preci­samente el Canto General de Neruda.)

La euforia del No

El diálogo con Castelló empezó días atrás, cuando viajé a Riobamba para observar algo del Tercer Congreso de Afiliados del Seguro Social Campesino. Hubo por la mañana una marcha multitudinaria de campesinos y delegados de los rincones más pobres del país. Atrasado y a revienta cinchas, llegué a la Sultana a las cinco de la tarde y al ver tanto movimiento y alegría en las calles centrales pensé que, luego de elegir alcalde a un militante del MPD, precisamente, los riobambeños se habían izquierdizado en masa. Pero no, se trataba solamente del pregón del colegio salesiano. Que los campesinos estaban reunidos en el coliseo, me informaron luego en la alcaldía, y hacia allá encaminé mis pasos, pensando que esa adoquinada cuna de la aristocracia terrateniente era también, por oposición dialéctica, cuna del movimiento indígena, desde la insurrección de Daquilema Rex hasta el apostolado de Leonidas Proaño, el Obispo de los Indios.

Y eran indios de poncho rojo y campesinos de zamarro y negros esmeraldeños y montuvios con sombreros de paja, quienes copaban el graderío norte del coliseo Teófilo Gallegos, mientras en la cancha de básquet se hallaba sentada la plana mayor del MPD: Castelló, María Eugenia Lima, el candidato a la vicepresidencia Lenin Rasero, el alcalde Castro, el líder de la UNE Gustavo Terán y un par de delegados de instituciones estatales. Tal escenario delataba un control político hegemónico, pero hablaba también de millares de campesinos pobres de este país, que no necesariamente comulgan con el MPD pero que se identifican con planteamientos esenciales como el No a la privatización del Seguro Campesino.

Porque el resultado de la Consulta irradiaba en el coliseo un optimismo que apuntalaría las posteriores respuestas de Castelló: "El No es una evidencia clarísima de un pueblo que aspira a cambios diferente a lo que las cámaras, los partidos tradicionales, las propuestas electorales neoliberales le vienen ofreciendo. Ese cambio maquillado ha sido rechazado... Petróleo, electrificación y telecomunicaciones en mi gobierno se mantendrán en manos del estado, pero transformando la legislación de las empresas estatales. Nosotros planteamos empresas que, teniendo el capital estatal, sean competitivas con la empresa privada, que tengan absoluta libertad de gestión pero que cumplan con las regulaciones de la empresa privada sobre los derechos de los trabajadores, los niveles de rentabilidad. Planteamos que el patrimonio del estado sea eficientemente administrado".

Entre discurso y discurso entraban grupos de danza y música nacional, aunque el volumen de los parlantes distorsionaba malamente las canciones. Muy encima del tablero de básquet colgaba destartalado un marcador eléctrico donde se leía: Home -Guest; faltaba que alguien hubiera anotado 11 a 0. “¡Levantamos la bandera por el No y hemos derrotado a la crema y nata de la derecha!", decían en diversas formas sucesivos oradores, coronados por Castelló: "Mi partido me ha enseñado el camino de la lucha. Es la hora de la gran unidad del pueblo para acelerar los pasos de la transformación".

En cierto modo, uno se sentía transportado a las asambleas de los años 70, aunque nadie pronunciaba ya las palabras sagradas de la Revolución y Socialismo. Brillaba también por su ausencia algún rubio entre los hijos de los asistentes: los hijos de la aristocracia que coqueteaban con la izquierda eran evi­dentemente una cosa del pasado.

¡Ni un paso atrás!

El primer reparo que oponen los analistas políticos a José Gallardo es su falta de carisma, el rostro inexpresivo y un hablar pausado, casi monótono, que el general atribuye al largo ejercicio de la cátedra en las academias militares, pero que simplemente no funciona en las pantallas o en los tablados electorales donde impone su ritmo un Abdalá Bucaram. Sin embargo, el candidato guarda otras armas en la mentada mochila y no oculta su emoción cuando le pregunto cómo compararía la campaña militar con la campaña política.

"En las dos se necesita tener nervios bien templados. Veo a las gentes que andan conmigo cómo se desesperan, yo les doy valor. La vida me ha hecho tan optimista, siempre he partido de la nada. En mi caso no se reunió un grupo de gente a designar tal persona y aportar tantos millones de dólares para la campaña; mi candidatura es del pueblo.

Segundo, se necesita tener visión estratégica. A mí me pudieron haber hecho variar en mi línea electoral, realizar cosas que habrían sido tal vez éxitos tácticos pero que me hubieran sacado de mi estrategia: darle una alternativa al pueblo ecuatoriano. Eso me propongo mantener contra viento y marea. En lo militar hay el principio de la guerra que se llama objetivo. En el Cenepa fue obtener la paz con dignidad, en la política mi objetivo último es dar mi aporte para ir forjando un país que resuelva los terribles problemas sociales".

¿Mas cómo enfrentar por ahora el financiamiento de la campaña?: "Voy a sacar adelante una campaña electoral muy modesta. Hay gentes que usted no se imagina, gentes pobres que mandan quinientos mil sucres, un millón, y así vamos. Pero yo voy a convertir esa debilidad, esa es otra de las cosas militares, con mi palabra y con mi fe, en mi fuerza. Y voy a convertir la fuerza de ellos, su dinero, en su debilidad. Con maña, con habilidad, hay que transformar la fuerza adversaria."

A diferencia de Castelló, el general parece no concederle mayor importancia a la consulta, sobre la que tuvo muchos reparos por considerar muy enredados los planteamientos. Sin embargo, votó SÍ en 8 de las 11 preguntas. Le planteo la pregunta 12, sobre la educación religiosa: "La mejor forma de enseñar religión es con la práctica honrada y con una expresión sincera de la solidaridad. Son las iglesias con su trabajo las que deben hacerlo. Yo creo que debe haber formación espiritual para el ser humano. Lo que no creía es que el lugar más adecuado son los colegios. Siempre tuve miedo de que en un aula se esté enseñando una religión, y al lado, otra, y no se esté enseñando la moralidad y la solidaridad sino dando las nociones históricas que destruyan las religiones contrarias".

Al despedirme, como quien no quiere la cosa le digo que se habla del retiro de su candidatura. "Han tratado de que me retire, pero las razones por la cuales estoy en esta lucha no han desaparecido, sino que se han agravado." ¡O sea que ni un paso atrás? "¡Ni un paso atrás!".

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Acerca de Pablo Cuvi

Abrió el camino de la crónica de viajes cuando la revista Mundo Diners comenzaba y 33 años después sigue tan campante. Tiene cuentos, obras de teatro y una larga fanaticada que continúa admirando su producción.
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