Comprobado: no fue don Darío Morla el que se salvó de morir en el Titanic. Pero, ¿fue otro miembro de la familia quien le pidió al médico, doctor Crespo, acompañarlo, y este no pudo hacerlo porque no recibió su instrumental? Varios Morla vivieron en París.
La historia del joven médico que perdió el Titanic, aparecida en Mundo Diners de marzo de este año, despertó inusitado interés. A la redacción de la revista llegaron durante semanas preguntas sobre qué pasó con los personajes. Tanto sobre el doctor Emiliano Crespo Astudillo —quien no se embarcó en el fatal viaje pues no le llegó el instrumental quirúrgico que había ordenado fabricar, única condición que había puesto— como sobre el señor Morla, aquel rico hacendado de cacao, cuyo nombre de pila no se conservó, y que le había propuesto lo acompañase en el viaje de retorno a Guayaquil.
Que no se embarcó Crespo es seguro. Que Morla tampoco lo hizo, casi seguro. Y ello porque no hay ninguna persona de ese apellido en la lista de muertos por el trágico hundimiento del famoso trasatlántico. Fueron 1518. Pero tampoco hay Morlas entre los sobrevivientes, que fueron 705, así que seguramente ni siquiera se embarcó.
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