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Señores del caucho

por Fernando Hidalgo Nistri

caucho

La región oriental ha sido siempre motivo de fascinación. Las riquezas, exotismo y rarezas de la Amazonía ecuatoriana han movilizado a religiosos, científicos y aventureros de toda clase. De ahí que durante cuarenta años se convirtió en un destino para los caucheros, uno de esos colectivos que, escapando de la miseria, se aventuró a hacer su vida en las selvas amazónicas.

Hacia la década de 1870 el mundo industrializado descubrió las utilidades del caucho, una circunstancia que disparó su demanda a nivel mundial. John Dunlop lo había popularizado gracias a su famoso invento de la rueda neumática y, años más tarde, Charles Goodyear mejoró sus propiedades con la vulcanización. La difusión de la bicicleta y de los primeros automóviles convirtió el látex en una materia prima de primerísimo orden. Estos requerimientos repercutieron directamente en la hoya amazónica, puesto que allí se hallaban las mayores reservas de dicho material. Fue tal el impacto que tuvo este fenómeno que desató eso que se llamó “fiebre del caucho”. A partir de la década de 1870, miles de hombres se desplazaron a la Amazonía para extraer el oro blanco.

La magnitud de la economía del látex propició la aparición de las primeras grandes urbes amazónicas, como Iquitos, Manaos o Pará. Es significativo ver cómo en la década de 1910 el caucho ya suponía el 40 % de las exportaciones de Brasil. Para hacernos una idea de la prosperidad del negocio, Manaos llegó a darse el lujo de construir un palacio para representar óperas perfectamente homologables a las de las ciudades europeas.

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