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Mundo Diners al día

¿Adónde fueron las cartas de amor?

por José Luis Barrera

Mujer escribe cartas de amor
En San Valentín se ponen de modo las cartas de amor, pero la historia está llena de ellas: desde alguna de las hermanas Beethoven hasta Napoleón han escrito al menos una.
TIEMPO DE LECTURA 6 MINUTOS

Se acerca San Valentín, pero parece que ya no hay cartas de amor. Hasta las oficinas postales empiezan a extinguirse por el auge del internet. Pero, en otro tiempo, el romance tuvo que viajar en papel, no había otro medio. Por eso, le contamos cómo eran esos mensajes y si realmente han desaparecido.

Una de las cartas de amor más antiguas no se encuentra en un museo o en un archivo, sino en en el Cantar de los Cantares, libro de la Biblia atribuido a Salomón:

Levántate, amada mía; ven conmigo, preciosa. Mira que ya no hace frío y ha dejado de llover. ¡Han nacido flores nuevas y los pájaros han vuelto a cantar! (…) Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor…

En los tiempos antiguos, las pasiones llegaban escritas a mano. Las cosas, en todo caso, no han cambiado tanto como se cree, pues los sentimientos aún fluyen con letras, aunque no siempre se plasman con tinta y sobre papel.

La Reina de Saba en la leyenda de Hiram, dibujo de Pierre Méjanel.
La Reina de Saba en la leyenda de Hiram, grabado de Pierre Méjanel (1886).

Esas viejas cartas de amor

El poeta romano Ovidio dedicó varios volúmenes a las técnicas de seducción y también a los remedios para curar el rechazo. Entre estas obras destacan las Cartas de las heroínas, donde mujeres de la mitología grecolatina y poetisas como Safo de Lesbos desnudan sus emociones a punta de versos.

Por otro lado, en la Edad Media, la pasión se cargaba con tópicos caballerescos, en especial una entrega tanto terrenal como eterna. Así, la misiva más antigua que se conoce de este periodo se conserva en el Formulae Salicae Merkelianae, un mamotreto repleto de documentos legales de los siglos VIII y IX; entre ellos, se filtró el modelo de una carta de amor:

A mi más dulce y querida en todo, mi novia [pon su nombre aquí], yo, en el nombre de Dios [pon tu nombre aquí], con el más entrañable amor y un deseo incesante por ti. (…) Cuando me acuesto, siempre estás en mi mente; y cuando duermo, siempre sueño contigo. Cuídate durante el día y duerme bien por la noche. Siempre ten presente a tu novio y no lo olvides, porque yo no te olvido.

Sin embargo, aquel formulismo tenía un objetivo mucho menos casto pues, hacia el final, el autor señala: “piensa en una forma ingeniosa y te diré a través de qué engaño cumpliremos nuestro deseo…”

En Japón, las cartas de amor tienen una tradición muy antigua. Y en esa cultura, en la que la modestia y el pudor son imprescindibles, constituyen un medio perfecto para desnudar los deseos.

Así, en el diario de la escritora del siglo X Sei Shōnagon se describen episodios donde los amantes se pasan billetes con poemas. Y en el Kioto de 1600, apareció una Guía para mujeres sobre cartas amorosas. En esta se explican los tonos adecuados para cada situación y estatus social y hasta se ofrecen ejemplos.

De vuelta a Europa, Enrique VIII y Ana Bolena cruzaban sus mensaje en las páginas de un libro con las iluminaciones cristianas. Al pie del Varón de dolores, por ejemplo, el rey se presenta como ‘herido de amor’, mientras su amante le promete ‘ser buena’ justo bajo el arcángel Gabriel y la Virgen María en plena Anunciación.

En aquel tiempo, Enrique quería divorciarse de Catalina de Aragón, entre otras cosas porque ella no podía darle un heredero. Por eso, al escoger ese episodio bíblico Ana Bolena parece ofrecerle un futuro distinto…

Cartas de amor de Ana Bolena y Enrique VIII.
Mensajes de amor de Ana Bolena y Enrique VIII escritos en las páginas de un devocionario o 'Libro de las horas"'. Foto: Museo Británico.

Más adelante, el siglo XIX fue uno de los más prolíficos en las epístolas amorosas, tanto que el joven Werther, personaje de Goethe, murió escribiendo. La novelista Charlotte Brontë, en cambio, le envió recados a su profesor de Bruselas dispuesta a cualquier cosa por una migaja de su amor y Beethoven redactó un mensaje a su 'amada inmortal' que jamás llegó a enviar.

Y los hombres de Estado no se libraron de esa seducción literaria: en sus cartapacios, Napoleón maldecía a su ambición por alejarlo de Josefina. Y el hombre que lo derrotó en Trafalgar, Horatio Nelson, dejó un texto inconcluso para lady Emma Hamilton: “Se dio la señal indicando que las flotas combinadas del enemigo están por salir del puerto… Como esta es la última vez que escribo antes de la batalla, la carta será para ti. Pongo la esperanza en Dios de que viviré para terminarla luego”.

El deseo no se cumplió: ni la victoria salvó al marino de una bala francesa. Cuando lady Hamilton recibió el documento, colocó al final de la página una sola línea: “Oh, pobre desdichada Emma; oh, glorioso y feliz Nelson”.

Y en las Américas, Simón Bolívar y Manuela Sáenz hacían el amor como la guerra: implacables, furibundos. En una de sus cartas ella le dice:

Aquí hay de vivaz todo un hechizo de la hermosa naturaleza. Todo invita a cantar, a retozar; en fin a vivir aquí (…) Los bajíos a las riberas del Garzal hacen un coloquio para desnudar los cuerpos y mojarlos sumergidos en un baño venusiano; acompañado del susurro de los guaduales próximos y del canto de pericos y loros espantados por su propio nerviosismo. Le digo yo que ansío la presencia de usted aquí.

El ocaso del correo

En los últimos meses de 2025 los buzones de correo empezaron a desparecer de Dinamarca. No era un robo. PostNord, la empresa que ofrecía aquel servicio, dejó de franquear cartas por la baja demanda.

Los buzones fueron a parar en páginas de subastas y los coleccionistas pagaban hasta 2000 coronas (275 euros) por conservar alguno. Quizá aquello era efecto de la incredulidad: PostNord -resultado de una fusión de empresas estales danesas y suecas-, había funcionado sin interrupciones desde hace cuatro siglos.

Lo cierto es que la gente ahora manda menos cartas que en el año 2000. Según la empresa, la reducción en Dinamarca es casi del 90%. El país es uno de los más digitalizados del mundo y tanto gobierno como población en general prefieren ese modo de comunicación. Así que, ahora, el negocio está en la entrega de paquetes adquiridos en comercios electrónicos.

El 30 de diciembre de 2025, PostNord publicó un video en sus redes sociales anunciando que había entregado la última carta: “Querida Dinamarca -empieza-, esto es todo (…) y aunque se siente como el fin, no lo es, no hay rompimiento, solo un nuevo capítulo…”

Pero quizá aquel sea el primero de muchos, pues los correos de otras partes del mundo también se preguntan si no es hora de parar.

Despedida de PostNord.

El futuro de las cartas de amor

El historiador y sociólogo Jérôme Bourdon explicaba en 2019 en su artículo Las cartas del internet que la relación epistolar no ha desaparecido, solo se trasladó del papel a los correos electrónicos, los ‘blogs’ y los mensajes de texto. Su evolución es tal que ya no se requieren letras porque están disponibles el audio y el video. Pero la necesidad de transmitir ideas -uno a uno- persiste.

Tras el inicio de la pandemia del covid, su opinión se puso a prueba. Mucha gente no podía tener mucho contacto físico por culpa de las cuarentenas, de manera que se recurrió a las redes sociales. Aun así, quedaba la sensación de que no era suficiente.

Aparecieron entonces proyectos como ‘Viral Epistolary’ de 2020 que propuso utilizar la conexión del internet para compartir cartas. El proyecto estuvo a cargo de Ciro de Vincenzo de la Universidad de Padua. En su plataforma, la gente podía escribir y leer solo con el objeto de no sentirse abandonada. Al final, se recopilaron cerca de 340 y lo más importante es que la mayoría propició conexiones duraderas entre antiguos desconocidos.

Por otra parte, Michelle Janning en su libro “Cartas de amor: guardando el amor en la era digital” explica que el humano conserva los mensajes de un ser querido aun si son digitales. Sí, reemplazó los trozos de papel con capturas de pantallas, fotos o mensajes de voz, sin embargo, también suele depositarlos en carpetas especiales que cumplen la función de las cajas de otro tiempo.

La investigadora cree que la gente le otorga mayor relevancia a los manuscritos, pero se trata de un ideal y un prejuicio culturales que, como siempre, son susceptibles de cambio. Y quizás en esta época ya no se usan plumas o esferográficos con tanta frecuencia, pero eso no quiere decir que la humanidad se hizo menos afectuosa, sino que encontró nuevos modos para expresar el amor.

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