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Mundo Diners al día

Ahí viene Frank Vargas

por Pablo Cuvi

Frank Vargas Pazzos
TIEMPO DE LECTURA 9 MINUTOS

Corre 1996, está a punto de arrancar la campaña electoral, Frank Vargas Pazzos. Corría para presidente por el Partido Acción Popular Revolucionaria (APRE). Y Mundo Diners lo siguió.

La primera vez que vi a Frank Vargas no le pude observar tan claramente que digamos. Estábamos jugando fútbol con los amigos del barrio cerca del Palacio Legislativo, cuando los aviones que habían despegado de Taura hicieron vuelos rasantes sobre el Congreso en defensa de Carlos Julio Arosemena, a quien Velasco Ibarra había encarcelado en el penal poco antes de caer del gobierno. Pues bien: uno de esos cuatro aviones iba piloteado por el teniente Vargas.

Veinticinco años después, en medio de la turbulenta presidencia de Febres Cordero, tenía lugar en el Hotel Colón un foro democrático, con la participación de Osvaldo Hurtado, Rodrigo Borja y toda la créme de la oposición, cuando Andrés Vallejo trajo la noticia de que el general Vargas se había tomado la Base Aérea de Quito, donde estaba prisionero y maltratado por órdenes del presidente. Muchos anti leoncistas no ocultaron su entusiasmo en la sala, aunque el flemático doctor Hurtado dejó en claro su respaldo a la democracia. Otras eran las armas en juego, sobre todo porque Rodrigo Borja había planteado que todos votaran SÍ como un ardid para desvalorizar el plebiscito leoncista por los in­dependientes, y ya se marchaba cuando Hurtado le detuvo levemente de la manga, para que escuchara su tesis del NO al gobierno, tesis que se convertiría en la primera gran derrota socialcristiana.

Luego, ya desatada la campaña del 88, la revista Diners planteó diez preguntas inquietantes para todos los candidatos. Entonces entrevisté por primera vez al general, quien tenía como asesor a mi antiguo profesor de economía política, Alfredo Castillo. Eran los días de Liberación Nacional, y Vargas me pareció un hombre enérgico, bien intencionado, consciente de su carisma, de gestos algo teatrales, acostumbrado al mando, pero con algunos vacíos en su preparación económica.

Y ahora que arranca la campaña del 96 he vuelto a la misma sede quiteña del 18 de septiembre para acompañar al general a Ibarra, donde participará en el pregón de las fiestas y lanzará su libro Tiwintza, toda la· verdad. En lugar de los muchachos de Liberación Nacional, encuentro a antiguos cuadros del MIR, en medio de las mismas banderas rojo y negro. Como ando investigando la mecánica electoral, les cito a Elgarresta, muy mentado estratega que ha asesorado a varios presidentes en América Latina, entre ellos a León y al binomio Sixto-Dahik: "Un buen candidato se concentra en dos funciones básicas: persuadir a los electores y recaudar dinero para la campaña". Al igual que varios entendidos, en la sede del APRE reconocen que ése es un problema de la candidatura, pero que existen muchas formas imaginativas para enfrentarlo.

(Tengo frescas las palabras de Jaime Durán, de Informe Confidencial, quien considera que el contendor de Nebot en la segunda vuelta es algo a dirimirse entre Vargas y Paz. "Como están en septiembre las cosas, ambos tienen posibilidades, todo depende de cómo hagan la campaña". Vargas proyecta una imagen de líder, es un tipo fajado, se trepa al escritorio, se acerca al perfil presidencial que desea la gente, por oposición a Sixto: alguien con personalidad, con fuerza, con decisión. Además, puede conseguir muchos votos anti socialcristianos, y no es percibido marcadamente como mono ni serrano. ¿Debilidades de financiamiento? "No creo que la plata hace presidente, pero sí ayuda. No creo que haya empresarios que apuesten a Vargas".

-Salvo que pase a la segunda vuelta -acoté.

- Pero no sería a favor de Vargas entonces, sino contra Nebot.)

Claro que el general, con poquísimo financiamiento obtuvo dos diputaciones por Pichincha el 94, llevando una campaña puerta a puerta, de modo que aún queda mucha tela que cortar hasta mayo del 96. Que eso del dinero es relativo, me dirá luego Vargas, "cuando se tiene una concepción de la lucha, se sabe cómo organizar, cómo estar presente en todos los espacios. Si sólo fuera por dinero serían presidentes inclusive elementos de la mafia. Para mí hoy está primando la conciencia colectiva de rechazo a la situación infamante de corrupción que vivimos”.

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Frank Vargas, 1996.

Frank Vargas tiene carisma

De la furgoneta conducida por Christian Johnson baja el general con un traje gris oscuro deportivo, onda safari, aroma militar, grandes gafas ahumadas y la pelada brillando al sol. Tras cargar gasolina Eco en Calderón, proseguimos en caravana por Guayllabamba y Tabacundo. "Si alguien me vio en la comitiva de Paz por Laja va a pensar que estoy jugando a dos puntas, como en el poker", digo a los dos jóvenes militantes del APRE que vienen en mi Suzuki doblando papelitos de propaganda con el programa y la foto del general. El uno fue alumno de Mariana Argudo en Guayaquil, el otro estudia Derecho en la U. Central de Quito, ambos admiran al líder y a sus respectivos profesores.

Rodeamos Otavalo y enfilamos hacia Ibarra por esta clásica ruta turística súbitamente politizada con las banderas del APRE. Vienen también en la comitiva el diputado Gustavo Larrea y un dirigente delgado y de lentes de la 10: Patricio Jijón. (Fue justamente en una convención de Ibarra, hace un par de meses, cuando la mayoría de delegados provinciales, comandados por Jorge Gallardo, decidieron aliarse con Frank Vargas, a despecho de los dirigentes históricos. Eso produjo un cisma en la ID, algunos de cuyos altos cuadros se integraron al buró político de Paz. En cambio, Varga obtenía con la alianza una estructura partidista y un buen candidato vicepresidencial, que le ayudaría a posicio­narse más hacia el centro político, algo clave en estas elecciones donde la vieja imagen izquierdista es contraproducente).

El desfile del pregón de las fiestas está a punto de arrancar frente al Colegio de Señoritas Ibarra. Entre las autoridades que van a encabezarlo se destacan el duro de la ID provincial, Luis Mejía Montesdeoca, actual prefecto y futuro diputado, y el alcalde Marco Tafur, con quien trabajábamos años atrás en la Facultad de Economía, y de quien jamás sospeché que podría lanzarse a la carrera política.

Saludamos con Marquito, ¡a los tiempos!, ¿qué hay de nueva? El burgomaestre sigue igualito: sencillo, amable, tranquilo. Pero no hay chance de recordar los días de la facultad pues se acercan a pedirle respaldo, a calentarle las orejas: "Me llamó el Marco Proaño", comenta luego Marquito, "del Paz también me llamaron. Pero del Vargas, primera noticia". ¡Elé!

Gran cantidad de gente se aglomera en las aceras. Vestido a lo Chaplin, el payasito Topín hace las veces de cachiporrero de la banda que abre la marcha. Luego vienen las autoridades, a cuya fila se ha integrado el diputado del MPD, Antonio Posso, artífice y rector de la Universidad Técnica del Norte. Sin embargo, la gente se emociona con el general. “¡Ahí viene el Frank Vargas!", exclaman apenas distinguen su perfil. Le llaman a gritos en el tumulto, “¡Frank!". El responde los saludos sin aflojar un instante la sonrisa, ni el brillo de la mirada, ni la quijada en alto. En los balcones, en los portales, las mujeres se emocionan realmente, porque "el man tiene carisma, sex appeal, gancho o como quieras llamarlo", confiesan. Cuánta de esa corriente de energía se convertirá en votos es otra historia, pero obviamente es una ventaja para el candidato y para su forma personal de llevar adelante la campaña.

Al llegar al parque central, las autoridades se sientan en la tribuna de honor a admirar el paso del desfile: comparsas ridiculizando a Dahik y a otros implicados en el escándalo de los fondos reservados, carros alegóricos, morenas del Chota que bailan la bomba, alegres y rubias universitarias del Canadá que hacen cola para saludar con beso al alcalde, cuyo abuelo, el legendario fundidor Tafur, ya fallecido, forjó el bronce de Pedro Moncayo, elevado detrás, en medio del parque.

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La gente aplaude a Frank Vargas Pazzos, 1996.

Barriga llena, voto contento

Para alimentar los viejos ritos de mis crónicas de viajes me escabullo del desfile en busca de las famosas empanadas de morocho. ¡Oh, desgracia!, se han mudado a no sé dónde y ya es tarde para los helados de paila, de manera que ingreso directamente al auditorio Monseñor Leonidas Proaño, que recuerda el origen ibarreño del Obispo de los Indios. El público va llenando los asientos y el acto empieza sin retraso, cosa extraña en estas lides, pero ése es otro punto a favor del general: la puntualidad, porque al buen soldado el clarín le queda. Un poco fuera de lugar, Christian Johnson actúa de presentador en calidad de "amigo, hijo político y admirador del general", a quien contempló varias noches en el arduo trámite de escribir el libro sobre Tiwintza que estamos a punto de conocer.

Suenan las notas compuestas por don Antonio Neumane, retumban tres vivas al candidato, se deslizan el discurso del aprista Gilberto Almeida, "pintor de puertas abiertas", que recuerda la batalla indepen­dentista del Tahuando. Cuando llega su hora, el general dice que el libro ha sido "escrito por este humilde campesino manabita", e hilvana un discurso que combina elementos del conflicto del Alto Cenepa con el programa dirigido "a los pobre y descamisados, a los hijos del hambre y del abandono, a lo hombres y mujeres que sobreviven día a día luchando por una Patria para todos". A ratos improvisa, a ratos se pone lentes para leer partes de un texto mecanografiado, destacando sobre todo el papel de las etnias orientales, shuar y achuar, en el conflicto. Las banderitas se alborotan en manos de sus partidarios, quienes se lanzan a felicitarlo cuando termina el acto: "¡Viva Vargas!".

Tipo nueve de la noche empieza la peña en la sede de la ID, pero el volumen de los parlantes es demasiado para un servidor, de modo que retorno a Otavalo, a recabar más información en el otro polo de la política provincial.

- ¿Cómo se ve el 96? -pregunto a Juanito Ruales mientras comemos una pizza.

-Todavía no se ve nada -bromea exhalando humo como brujo de Ilumán-. La ID con Mejía ha hecho obra, a veces demagó­gica, pero ha tenido una presencia permanente. Posso también a través de la Universidad del Norte y la Radio Universitaria. Pero aquí la campaña se acelera los últimos días. Hay partido que aprendieron que el último golpe es el que cuenta, y van la víspera a las comunidades a entregar arroz, camisetas, dinero. Es la vieja técnica de Víctor Alejandro Jaramillo, cuando la gente pasaba por su casa retirando una libra de azúcar, una de arroz y la papeleta de votación.

A la mañana siguiente doy una vuelta por la feria otavaleña. Inmersos en su comercio, indígenas y turistas permanecen ajenos a la fanfarria electoral, aunque ya es costumbre incluir indios en las listas provinciales. No en vano un metro de tierra en el centro de Otavalo vale tanto como en la exclusiva avenida quiteña González Suárez y los emprendedores indígenas han desplazado a los "blancos" de antaño. Ya de vuelta a la capital, hago un tambo y un locro en Guayllabamba y leo la propuesta de Vargas sobre las áreas estratégicas. Hablando de petróleo, electricidad, teléfonos, seguridad social, la biodiversidad y la órbita geoestacionaria, afirma que el Estado debe reservarse el derecho a dirigir las empresas que aseguren su propia existencia, con participación de la población. ¿Cómo? Frente al estilo neoliberal de modernización-privatización, éste será un punto clave del debate en los me­ses por venir.

La droga de Dahik

Ha pasado una semana. Anoche, en cadena nacional, un Sixto requete anciano pidió la renuncia a Dahik. El panorama amanece oscuro, lleno de especulaciones y rumores. Frank Vargas interpelará el lunes al vicepresidente; sin embargo, un periodista llamó esta madrugada a preguntarle si iba a tomarse la base de T aura. Que lo hacen por fastidiar, por tenderle trampas, di­ce. Los aviones comerciales pasan rozando su penthouse, ubicado en la avenida de las Naciones Unidas. Pero el rugido de los jets es para él música de cuna; no así el rugido de los leones socialcristianos, a quienes acusa de concubinato con el gobierno.

Mientras charlamos sobre su vida, llegan a entrevistarlo equipos de la televisión. Las paredes del estudio lucen placas, insignias, medallas y diplomas que dan cuenta de una brillante carrera militar. Porque detrás de esa imagen "acelerada" se halla el campeón de atletismo, el estudiante de di­plomacia, leyes, periodismo. Entre las interrupciones televisivas, le disparo una pregunta candente: si a Dahik le perdió la embriaguez del poder, ¿para qué busca usted esa droga? Sonríe: "Una presidencia sirve para llevar adelante tesis, proyectos. Con la experiencia que tengo como militar, he cumplido ya ese rol. Quizás el señor Dahik tenía pocos años en la vida política".

(Quizás, aunque diez años atrás yo escribí un editorial titulado: Dahik be not proud, cuando el entonces niño-maravilla de Febres Cordero prohibía opinar a quienes no hablaran inglés). Antiguo profesor de Don de Mando, el general distingue el liderazgo legal del liderazgo moral o carismático. "Lo carismático lo encontramos en la disciplina, en la honestidad, en la sinceridad, es decir, en los factores que el pueblo aprecia como cualidades morales profundas. El liderazgo carismático se lo gana con el ejemplo".

Para rematar este corto viaje en redon­do, le pregunto sobre la segunda vuelta.

"Más que el voto anti socialcristiano, habrá la reflexión de que el país necesita una alternativa liderada por un hombre de estructuras morales profundas, con un plan de trabajo que conoce el pueblo, y que sabe que me voy a entregar al servicio de la colectividad".

(Nadie, salvo el grupo conservador de Dahik, podía adivinar ese rato que su brillante exposición anti leoncista en el Congreso, acompañada de algunos amarres bajo la mesa, lograrían voltear un tercio de la opinión a su favor. Y nadie puede predecir aún y con certeza los efectos concretos de ese juicio en el desarrollo de la campaña. Pero, como decían los amigos del barrio cuando los aviones de Taura sobrevolaban Quito, "la pelea es peleando". Una vez más se ha probado que nadie tiene la victoria en el bolsillo de la guayabera).

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Acerca de Pablo Cuvi

Abrió el camino de la crónica de viajes cuando la revista Mundo Diners comenzaba y 33 años después sigue tan campante. Tiene cuentos, obras de teatro y una larga fanaticada que continúa admirando su producción.
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