Uno de los momentos más fascinantes que han protagonizado las ciudades europeas es, sin lugar a dudas, la del Berlín de entreguerras. Durante este período la urbe alemana vivió uno de sus momentos de mayor esplendor cultural, un acontecimiento que la situó en la vanguardia mundial.
Si algo resulta paradójico es ver cómo del caos, las fiestas desenfrenadas y el gusto por lo irracional surgió la creatividad, junto a un impulso innovador tanto en las artes como en el pensamiento. Mucho de lo que se dijo y se debatió en sus cafés forma parte del moderno mundo de las ideas que hoy nos es familiar.
Un poco de historia
El fin de la Primera Guerra Mundial marcó el antes y el después de una Alemania derrotada, empobrecida y con la moral por los suelos. No hace falta hacer un recuento de los desastres a los que condujo el conflicto. La gran inflación y el pago de las indemnizaciones estipuladas por el tratado de Versalles produjeron una crisis económica sin precedentes. Por si fuera poco, el país se vio envuelto en severas crisis políticas que desembocaron en huelgas y en actos de violencia. Ahí está la revolución de los espartaquistas y el asesinato de Rosa Luxemburgo en manos de los temidos freikorps. Sea como sea, el Berlín de los veinte fue un oasis cultural en medio de dos infiernos.
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