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Diners Club

Oktoberfest: la vuelta al mundo en un barril de cerveza

por José Luis Barrera

Oktoberfest
Las seis marcas admitidas en Oktoberfest colocan carpas donde se puede adquirir cerveza, pero también es posible encontrar comida y otras bebidas sin alcohol.
TIEMPO DE LECTURA 4 MINUTOS

El Oktoberfest es la gran fiesta alemana de la cerveza y uno de los eventos más populares alrededor del mundo, tanto que varios países la replican. Sin embargo, pese a su nombre, la celebración no se hace enteramente en octubre y admite solo seis cervezas especiales.

Entre las dos últimas semanas de septiembre y la primera de octubre, en Múnich se puede beber ocho millones de litros de cerveza. Es el Oktoberfest. Dicha festividad tiene dos siglos de tradición y, actualmente, atrae a un número de aficionados que llega a los siete millones.

Tal es su popularidad que alrededor del planeta hay varias versiones de la celebración: Córdoba, Madrid o Quito se han unido, más tarde o más temprano, a la fiesta. Por eso, hoy le invitamos a conocer su origen mientras levanta su jarro y brinda con nosotros. “Prost!”

El otro lado del Oktoberfest.

Un brindis para el rey

Las pesuñas de los caballos solo se silencian cuando alguien grita: “¡salud!”. La carrera de esos animales, pese a la pasión que despierta en Múnich, queda en segundo plano por culpa de la cerveza. La gente prefiere refugiarse al lado de la muralla de la ciudad para beber y bailar. Es 17 de octubre de 1810.

Cinco días antes, el príncipe Luis de Baviera se casó con Teresa de Sajonia y su padre, el rey Maximiliano I, decretó que se celebrase el enlace con la carrera y, por supuesto, comida y bebida gratis. El lugar escogido fue un terreno descampado al lado de las murallas que, desde entonces y en honor a la princesa, se conoce como “El Prado de Teresa”. Dos siglos después, aún se hace allí.

Asistentes al Oktoberfest.
Los asistentes suelen asistir con la ropa tradicional bávara, una tradición que viene desde el siglo XIX. Foto: Getty Images.

La tradición quedó asentada y unificó una serie de festivales que venían realizándose en diferentes ciudades de Baviera durante octubre. El objetivo era liquidar las existencias de cerveza -elaboradas en marzo- previo al inicio de la nueva temporada.

A partir de 1811, el Oktoberfest solo se interrumpió por conflictos bélicos, como en el caso de las guerras napoleónicas y las mundiales. O por las plagas, por el ejemplo, el cólera en 1853 o el covid de forma más reciente.

A finales del siglo XIX, el gran festival se transformó en la feria de 16 días que conocemos hoy, instalándose las carpas famosas, los asaderos de salchichas y, además, el arranque se movió a la penúltima semana de septiembre para aprovechar un clima menos húmedo que el del mes siguiente.

Justamente, en este periodo, Bernhard Dietrich -sajón y no bávaro- escribió los versos que hoy son parte del brindis tradicional de la fiesta: “Ein Prosit der Gemütlichkeit” que se puede traducir como “¡salud! Y a tener comodidad”.

Seis cervezas consagradas

Dieter Reiter, actual alcalde de Múnich, ofrece el primer jarro de cerveza al ministro presidente de Baviera, Markus Söder, para inaugurar el Oktoberfest 2025.
Dieter Reiter, alcalde de Múnich, ofrece el primer jarro de cerveza del Oktoberfest 2025 al ministro presidente de Baviera, Markus Söder. Foto: Peter Kneffel, DPA.

Al mediodía del primer sábado de Oktoberfest, el alcalde de Múnich “pincha” ─es decir, golpea─ el grifo de un barril de cerveza y da su beneplácito indicando al público: “¡ya está abierto!” De inmediato, el primer litro va para el ministro presidente de Bavaria. Pero no se trata de cualquier marca.

Los alemanes nunca bromean cuando se trata de cerveza, peor si son bávaros. Por eso desde el siglo XVI ya estaban dictando normas sobre su fabricación. “Solo debe tener agua, cebada malteada y lúpulo”, decían. Y, aunque la modernidad ha llegado, siguen siendo rigurosos: apenas admiten que en las carpas del Oktoberfest se vendan las marcas Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbräu, Löwenbräu, Paulaner y Spaten.

La Augustiner Lagerbier Hell se elabora desde hace seis siglos y medio, tiene cuerpo medio y un toque de limón. La Hacker-Pschorr Heffe Wiesse es 60% trigo y 40% cebada y se trata de una bebida muy pura. La Hofbraü München es el sabor muniqués por excelencia: refrescante y suave en la boca. La Löwenbräu Oktoberfestbier, de las cosechas de marzo, es un tanto dulce, gracias a la miel y las especias que contiene. Por otro lado, la Paulaner Oktoberfest Bier se fabrica desde 1818 tiene baja fermentación y es más ligera que las otras, mientras la Spaten Oktoberfestbier Ur-Märzen sabe a malta tostada y maíz.

De Múnich para el mundo

Oktoberfest en Blumenau en 2023.

En el Oktoberfest no solo hay muniqueses, sino gente de otras partes del mundo. Ellos alcanzan el 19% de los seis millones de asistentes. De ese porcentaje la mayoría son italianos, estadounidenses y británicos. Tal vez le sorprenda que entre los alemanes apenas el 9% son de regiones distintas a Bavaria.

Esta popularidad entre los extranjeros, junto con las múltiples emigraciones de bávaros en los periodos de crisis y guerra han hecho que se rieguen versiones del festival en varios países. Así, una de las seis marcas tradicionales, Paulaner, los organiza en Madrid y Cuneo.

Y en Blumenau, una ciudad fundada a mediados del siglo XIX por alemanes al sur de Brasil, el Okteberfest se realiza desde 1984. Buena parte de la población local tiene raíces alemanas y pretende mantener vivas sus tradiciones con la fiesta. De modo que se ven bailes folclóricos, se instalan tiendas al estilo muniqués, donde aparte de cerveza, venden salchichas, pretzels ─bollo horneado con forma de lazo─ y dulces típicos como el strudel, un pastel relleno de frutas.

En Córdoba, Argentina, que también recibió oleadas de emigrantes germanos, la Fiesta Nacional de la Cerveza se hace desde 1963. Incluye desfiles con carruajes, grupos de danza con trajes típicos y hasta perros salchicha. Arranca con el “espiche”, una ceremonia que consiste en introducir una válvula de madera en un barril de cerveza batida para que estalle en espuma.

Pero tal vez el Oktoberfest desbordó los límites de Múnich no por los emigrantes bávaros o la popularidad de la cerveza, sino por la alegría que contagia con su música y sus bailes. O al menos así lo sintió el poeta afroamericano Paul Dunbar, quien en los primeros versos dedicados a la fiesta estampó:

Me río y canto

Y a veces me muevo de aquí para allá

¿Me preguntas por qué estoy tan bien?

¡Es que ya no me faltan colegas para con una lager brindar!

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