
El bocadillo que nos llena de emoción tiene raíces asiáticas. En el siglo XIX, en China, existía una especie de pan frito muy parecido al churro llamado youtiao. Tenía forma alargada y estaba hecho a base de pan, aceite y sal. Normalmente se consumía con sopa de arroz o con leche de soja.
Los portugueses, al regresar de sus viajes de Oriente, modificaron ligeramente la receta pasando del salado al dulce con el rebozado final de azúcar y con la característica forma estrellada. Gracias a su proximidad fronteriza, los churros no tardaron en conquistar España donde el dulce fue concebido desde sus inicios como un producto ideal para consumir en fiestas, verbenas y celebraciones.
Ante el éxito del producto y la expansión del fenómeno churrero, comenzaron a aparecer negocios dedicados especialmente a elaborarlos. Se sabe que las primeras churrerías aparecieron por Zaragoza por el siglo XIX y los ofrecían de diferentes variedades: rellenos de crema o chocolate; de tamaños más o menos grandes; con o sin rebozado de azúcar.
Actualmente, la tradición española es consumir churros con chocolate en el desayuno o en la merienda, especialmente en los meses de invierno. Tradición que ha sido replicada en Francia, Bélgica y Filipinas, y en varios países de América.
Los turistas pueden encontrar este plato icónico de venta en las cafeterías, churrerías (locales, quioscos o carritos rodantes) y fábricas de churros.
Una oveja
La palabra churro proviene de las ovejas churras debido a que su forma se asemeja a la cornamenta. Es una raza ovina originaria de Castilla y León, autóctona de la península ibérica española.
Los pastores nómadas españoles pasaban mucho tiempo fuera y, al no poder ir a comprar pan en las ciudades, inventaron una masa fácil de cocinar en una sartén. Por esta razón, no es de extrañar que también se los conozca como ovejas fritas.
Servir los churros recién hechos, acompañados de una taza de chocolate caliente, es una perfecta combinación para días de invierno.

Turismo y churros
Luego de visitar el Palacio Real de la Alhambra, la casa de García Lorca y la belleza misma de Granada, no queda más que sentarse con una taza de chocolate caliente y churros a terminar de disfrutar de Andalucía.

Churros caseros
Ingredientes
250 ml de agua
120 g de harina
20 g de mantequilla
200 g de azúcar
1 pizca de sal
Aceite de girasol para freír
Manga pastelera con boquilla de estrella
Preparación
(2 docenas)
Poner a fuego el agua en una cazuela.
Añadir la mantequilla con una pizca de sal y esperar a que se funda. Cuando rompa a hervir, agregar la harina sin dejar de remover con cuchara de madera hasta que absorba toda el agua. La masa no debe pegarse en la cazuela.
Si la masa queda dura, añadir un poco de agua. Poner la masa de los churros en un bol y tapar con papel film transparente.
Dejar reposar al ambiente hasta que esté templado.
Fritura:
Compactar la masa en la manga pastelera y presionar para quitar burbujas. Poner una cazuela al fuego con abundante aceite, cuando esté muy caliente:
añadir los churros presionando la manga y cortar la masa con una tijera directamente sobre la cazuela. Freírlos poco a poco, si se echan muchos a la vez se enfriará el aceite
y no quedarán perfectos. Darles la vuelta para que se frían por todos los lados hasta que queden dorados.
Después, pasarlos a una fuente con papel absorbente para retirar el exceso de aceite. Espolvorear con azúcar y servir recién hechos para que se mantengan crujiente.

