
El fútbol está lleno de historias que trascienden lo deportivo y se convierten en relatos de vida. Una de ellas es la de Mauricio Alonso, jugador que hoy defiende con orgullo la camiseta de Universidad Católica. Su disciplina, pasión y le han asegurado un lugar en el corazón del hincha camaratta.
Mauricio recuerda su infancia en el Cerro de Montevideo como un tiempo feliz y libre. “Podíamos salir a jugar en la calle, no había problemas ni peligros, fue una etapa muy buena, no me quejo de mi niñez”, comenta con una sonrisa. Desde los tres años comenzó su camino en el fútbol en el club de baby fútbol Las Flores, donde se formó hasta los trece, antes de pasar a las divisiones juveniles de equipos de primera. Ahí empezó a forjar la carrera que lo llevaría a recorrer distintos países y torneos internacionales.

Como muchos jóvenes de su generación, creció admirando el fútbol brasileño. Sus referentes fueron Kaká y Ronaldinho, aunque también reconoce en Juan Román Riquelme. Ese aprendizaje de observar a los grandes le permitió moldear una forma de juego propia, marcada por la inteligencia y la intensidad.
Hoy, ya con experiencia en varios clubes, Mauricio vive un presente especial en Universidad Católica. “Soy un tipo que se enoja si empata o pierde, pero el club me está dando más alegrías que tristezas actualmente”, afirma convencido. Una de esas alegrías recientes fue el triunfo histórico frente a Barcelona en Guayaquil, que abrió las puertas al primer hexagonal del campeonato nacional. Ese resultado no solo fortaleció al grupo, sino que también lo hizo sentir parte de algo grande, de un proyecto sólido que representa al fútbol ecuatoriano con orgullo.
Fuera de la cancha
Su vida fuera de la cancha refleja equilibrio y tranquilidad. Mauricio vive con su esposa y su pequeño hijo de un año y ocho meses. Cada día regresa del entrenamiento a compartir momentos sencillos pero significativos: almorzar en familia, jugar en el patio, salir a caminar con su hijo, disfrutar de un helado o cenar juntos. “Tenemos una vida muy normal y tranquila, no somos de hacer muchas cosas, salvo cuando tenemos un fin de semana libre”, explica. Si antes se entretenía con videojuegos, hoy prefiere dedicar ese tiempo a su hijo, consciente de que la paternidad le ha dado un nuevo enfoque y motivación.
En el terreno deportivo, Mauricio ha vivido experiencias inolvidables. Una de ellas fue ganar en Brasil a Cruzeiro en una copa internacional con un club anterior, una hazaña que recuerda con emoción. Sin embargo, asegura que las alegrías que está experimentando en Universidad Católica le están marcando de manera especial, pues siente que está en un momento distinto de su carrera: más maduro, más consciente de la importancia de disfrutar cada partido y cada entrenamiento.
Ya pasó el momento de sentir presión. Hoy valoro lo que me brinda el fútbol porque sé que la carrera es corta”,
Mauricio Alonso

Entre sus grandes metas, hay una que no negocia: salir campeón con Universidad Católica. “No voy a dejar de intentarlo hasta conseguirlo”, asegura con firmeza.
Alonso está el lugar indicado
El sacrificio ha sido parte fundamental de su camino. Dejar a su familia y amigos en Uruguay para buscar un mejor futuro fue su mayor desafío. Una decisión difícil pero necesaria. Aunque mantiene la ilusión de volver algún día a vivir en su país natal, hoy está completamente enfocado en aportar lo mejor de sí a Universidad Católica. “Encajé muy bien en el equipo, llegué en un momento justo, en una posición que estaba libre. Además, siempre me atrajo el estilo de juego del club. Cada partido es un disfrute”, relata.
El camerino camaratta también ha jugado un papel clave en su adaptación. Para Alonso, el grupo humano es uno de los mayores valores del club. “Me siento muy bien, muy contento con el equipo y con todo lo que rodea a Universidad Católica. Hay un grupo de muy buenas personas y lo veo reflejado en el día a día. Eso me motiva a llegar a entrenar cada jornada”, comenta.
Más allá de Católica
Fuera del fútbol, Alonso se proyecta como una persona sencilla. Sueña con algún día aprender un oficio como electricidad, carpintería o albañilería, actividades que siempre le han llamado la atención. Pero lo que más anhela es poder regresar a Uruguay para reencontrarse con su familia y compartir con aquellos a quienes no ve desde hace mucho tiempo.
A los más jóvenes les deja un consejo claro: “Deben escuchar a los más grandes, preguntar, pedir consejos, ser más atrevidos y pisar fuerte, porque eso es lo que la gente grande valora”
Y cómo quisiera pasar a la posteridad. “Me gustaría que me recuerden como una buena persona dentro y fuera de la cancha. Creo que vamos por buen camino”, afirma con serenidad.

