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Mundo Diners al día

Así se vivió el inicio del Mundial 2026 fuera del Azteca

por Jéssica Zambrano Alvarado

Mundial 2026.
Hinchas mexicanos miran el partido inauguial en el Zócalo de Ciudad de México. Foto: Jéssica Zambrano.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

Mientras en el interior del 'Coloso de Santa Úrsula' la música y el fútbol acaparaban la atención de millones de personas, afuera la pasión futbolera se mezclaba con la indignación y la protesta social. Estuvimos en el lugar y, en esta crónica, le contamos los contrastes que marcaron la inauguración del Mundial 2026.

Después de días de lluvia, este jueves 11 de junio salió el sol. Se formó un corredor de pequeños grupos de bailarines, danzantes y mariachis en el camino hacia el Estadio Azteca, el primero en inaugurar tres copas del mundo y al que la FIFA renombró como el Estadio de la Ciudad de México. Aquí se inauguró la Copa del Mundo 2026.

Horas antes de que se jugara el partido entre México y Sudáfrica, un grupo de guardias federales había construido una muralla para impedir que, en el acceso de las vías principales, se filtraran los manifestantes que, durante los días previos, se habían tomado el Centro Histórico de la ciudad, donde se jugarán cinco partidos de un mundial compartido entre México, Estados Unidos y Canadá.

Ayer, la Ciudad de México —la metrópolis de los bailarines, los danzantes, los mariachis y los tacos— también fue la única que insistió en mostrar sus contradicciones mientras miles de turistas hacían colas interminables en restaurantes con estrella Michelin e intentaban sentir la furia del evento deportivo más grande del mundo.

Cuando faltaba una hora para la inauguración de la Copa del Mundo, el staff le gritaba a los últimos hinchas que llegaban a la puerta 7 del Estadio Azteca: "¡Vívelo, esta es la Copa del Mundo!". Había brasileños, colombianos, unos pocos ecuatorianos, argentinos y miles de hinchas mexicanos.

Unos cuantos vendedores de camisetas mexicanas, banderas y pelucas afro —popularizadas desde 2006 entre los hinchas— pasaron el filtro de seguridad. También lo logró un grupo de 10 familiares de las más de 122 mil personas desaparecidas y no localizadas en México desde 2006. Llevaban pancartas con los nombres de sus hijos, hermanos y cuñados, vestidos con la camiseta de la selección mexicana. Iban a gritar por los vivos, pero también por los desaparecidos.

Junto a un grupo de hinchas, se colaron al recibimiento del autobús del 'Tri' y, mientras los unos repetían arengas a favor del equipo, los otros gritaban: "México es campeón del mundo en desapariciones" y "¿Por qué los buscamos? ¡Porque los extrañamos!".

En medio del silencio, comenzaron a sonar los primeros fuegos artificiales y la cantante mexicana Lila Downs apareció con un huipil. “People of the world, welcome to Mexico”, dijo, mientras una banda de tambores reforzó su voz para declamar que esta es una nación de diversidad, herencia y orgullo de los rituales ancestrales y su espíritu de coraje. “El fútbol nos une a todos”, dijo en medio de un cuerpo de baile que rememoró la historia local.

Las afueras del estadio comenzaron a vaciarse y los bailarines, danzantes, mariachis, hinchas y los únicos familiares de los desaparecidos que lograron subir hacia el estadio bajaron hacia la ciudad. Lo hacían mientras dentro del Azteca aparecía, de manera sorpresiva, Maná, para después darle paso a Danny Ocean y a Los Ángeles Azules. ¡De México para el mundo!

Los que bajaron hacia la vía periférica aprovecharon los tacos de canasta que encontraron en el camino; tomaban cerveza o aguas de sabores en vasos de litro mientras salían del circuito custodiado por la Guardia Nacional y la FIFA.

Después de unos minutos, mientras J Balvin cantaba Qué calor y Shakira se llevaba toda la atención interpretando su cuarta canción oficial en un Mundial, un grupo de más de 500 manifestantes logró subir al estadio con pancartas en las que se leían proclamas en contra de la gentrificación, el incremento de las rentas en la Ciudad de México, las políticas de seguridad y las reglas que ha impuesto la FIFA, como el cambio de nombre al histórico estadio.

En ese momento, en el resto de la ciudad pasaron dos cosas: se instaló un aparente silencio y el tráfico se detuvo por un par de horas —ese sí, un milagro de la Guadalupana—. A 15 kilómetros de donde se inauguraba la Copa del Mundo no había vehículos, solo mototaxis.

En distintas alcaldías de la ciudad se montaron 18 Festivales Futboleros para ver la inauguración y el partido de México. Uno de los más concurridos fue el del Zócalo, un espacio con más de 500 metros cuadrados, de espaldas a la Catedral Metropolitana. Había personas con máscaras de axolotes y otras con coronas de flores al estilo de Frida Kahlo, e incluso hinchas con la 'playera' de México y disfraces de Mickey y Minnie Mouse: la globalidad en primera fila.

Antes del final del partido, un hincha gritó: "¡Es un dios!". Se refería al jugador Raúl Jiménez, el más popular del Tri y el que anotó el segundo gol de la jornada. En el camino alrededor del Zócalo, los hinchas que dejaron de ver el partido tomaban micheladas picantes y escuchaban música regional mexicana a alto volumen. Los hinchas querían un gol más, pero 20 minutos antes de que terminara el partido, comenzaron a dispersarse hacia el monumento del Ángel de la Independencia.

El periodista brasileño Mário Magalhães escribió en su crónica Juego de la Memoria su recuerdo del Mundial de 1970, una final que catapultó a Pelé y que se jugó en el mismo estadio donde ayer México inauguró la Copa del Mundo. En un pasaje del texto escribió: "En aquel tiempo, observaba en las calles de Copacabana los carteles oficiales de 'BUSCADOS' con fotos de los opositores a la dictadura estampados como terroristas sanguinarios. No sospechaba que no eran ellos los villanos".

Al final, como todos ya saben, México ganó 2 a 0 a Sudáfrica. El sol cayó. El agua de la lluvia provocó una tormenta, mientras los hinchas eufóricos comenzaron a caminar hacia el monumento del Ángel cantando “ayayay canta y no llores”. Lo que quizás pocos vieron es que allí los manifestantes se mantenían en guardia. Querían visibilizar su búsqueda de los desaparecidos y sus luchas por pensiones jubilares más justas, así como la mejora de la situación para los maestros.

Sí, este jueves 11 de junio de 2026 hubo fiesta futbolera en la Ciudad de México. Los hinchas nunca dejaron de alentar a su selección, pero como me cuenta Dora Navarrete, una de las gestoras culturales de la Librería Casa Tomada, ubicada en la colonia Condesa, tenemos que aprovechar el Mundial para hablar de fútbol, pero también de las grietas sociales que hay en Latinoamérica.

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Acerca de Jéssica Zambrano Alvarado

Periodista. Docente de la Escuela de Literatura de la Universidad de las Artes. Es editora y cofundadora de INDÓMITA Media.
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