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Mundo Diners al día

100 años de Barcelona: “El aire huele a caramelo”

por José Luis Barrera

TIEMPO DE LECTURA 9 MINUTOS

“Salve, salve Barcelona/ ídolo del Ecuador/ has nacido de tu pueblo/ y estás en su corazón”. Lo que acaba de leer son los primeros versos de un himno que la mitad más uno del país ha cantado durante cien años y que resume el amor por una camiseta y un equipo que trascendió el mundo del fútbol y se coló en la política, la economía y la cultura popular de una nación.

Para que nazca un héroe hacen falta dos condiciones fundamentales: buscar una hazaña y acometerla, incluso si no hay posibilidad de salir victorioso. Y Barcelona Sporting Club obtuvo su sobrenombre deportivo por eso.

Cualquiera podría decir que dicha afirmación es un exceso, pero el hecho es que, desde sus primeras décadas, el equipo ha ido acumulando triunfos cuando la derrota estaba apenas a un silbatazo de distancia.

Sin embargo, no basta con el triunfo. Para consolidarse hace falta la devoción y esta resulta de la proximidad emocional del club con sus fieles. Y Barcelona la tiene: en 1925 nació entre la gente del barrio del Astillero que se ganaba la vida en el mar o en las fábricas, así que sus triunfos no eran los del poderoso, sino los de aquel que, acostumbrado a batirse en las calles, no tiene nada que perder.

Los periodistas le cuelgan el cartel de “ídolo” al Barcelona de 1959, curiosamente cuando no ganó nada: aquel es el año de la inauguración del estadio Modelo —hoy, Alberto Spencer— y desde el cuadrangular amistoso que se hizo para festejarlo hasta el campeonato provincial, el rival del barrio, Emelec, lo derrotó, al tiempo que el poderoso Patria se hacía con la corona.

Barcelona 1971
Barcelona, el campeón nacional en 1971.
De pie: Gerson Techeira, Édison Saldivia, Víctor Peláez, Walter Cárdenas, Miguel Pérez y Ángel Macías. Agachados: Washington Muñoz, Jorge Bolaños, Pedro Álvarez, Alberto Spencer y Cléver Ordóñez. Fotografía: EL FÚTBOL QUE MÁS NOS GUSTA 1899-2013 ® EL TELÉGRAFO.

Sin embargo, en ese momento, empezó a resonar el sobrenombre que desde los años veinte se cuchicheaba en las esquinas del Astillero: “Ídolo, Ídolo”. ¿Por qué en medio del fracaso? Incluso entonces, la entrega del equipo hacía brillar la esperanza.

Se abre el telón

El Guayaquil de la primera mitad del siglo XX no era tan futbolero como hoy, pues el entretenimiento favorito de sus habitantes eran las radionovelas, mientras que los clubes practicaban otras disciplinas, sobre todo boxeo, baloncesto, atletismo, natación y béisbol.

Este último era muy popular desde que los buscadores de fortuna estadounidenses lo llevaron a Guayaquil en la primera década del siglo y fue tal su éxito que el cabildo llegó a organizar torneos para celebrar sus fiestas de Independencia.

Así, la Gallada de la Modelo, un grupo de beisbolistas, boxeadores y futbolistas, empezó a buscar apoyo con el fin de fundar un club deportivo propio en el barrio del Astillero.

Barcelona 1985
Barcelona y un nuevo título en 1985. De pie: Toninho Vieira, Fausto Murciélago Klínger, Lupo Tanque de Muisne Quiñónez, Carlos Pestañita Morales, Hólger Piquetero Quiñónez y Severino Negro Vasconcelos. Agachados: Galo Mafalda Vásquez, Alfredo De los Santos, Mauricio Flaco Argüello, Flavio Fantasma Perlaza y Lorenzo Mono Klínger. Fotografía: EL FÚTBOL QUE MÁS NOS GUSTA 1899-2013 ® EL COMERCIO.

A inicios de la década de los veinte, en esa zona, existía una gran cantidad de comerciantes extranjeros atraídos por el boom del cacao y estos muchachos eran, por lo general, dependientes de sus almacenes u operarios en las fábricas.

Justamente, Manuel Murillo Moya visitó a su jefe, el catalán Eutimio Pérez, en abril de 1925 y lo convenció de ser el padrino de su “gallada” usando el balompié como anzuelo, a sabiendas de que dos puntos débiles del empresario eran ese deporte y el Fútbol Club Barcelona de España.

De inmediato, él le puso en contacto con sus paisanos, incluido el hijo del cónsul, Onofre Castells, y comerciantes como Valentín Salas, Arturo y Juan Domenech, quienes hicieron una buena donación para adquirir uniformes, acordando, además, una reunión con los jóvenes interesados para el 1 de mayo de 1925 en la casa de don Eutimio. Allí se fundó el club.

Los guayaquileños querían un nombre relacionado con el barrio del Astillero, pero en la votación se impuso el anhelo de los catalanes: homenajear a su ciudad. Tres meses más tarde, el equipo participó en la segunda categoría del campeonato de la Federación Deportiva del Guayas; obtuvo el segundo lugar y un puesto en la serie principal para el año siguiente.

En la primera nómina de jugadores estaban, entre otros, Manuel Murillo Moya, Otón Márquez de la Plata, Rigoberto Aguirre, Gonzalo Zevallos o José Morla; muchachos que tenían doble identidad: trabajadores entre semana y futbolistas de sábado o domingo por la tarde.

Acto 2: Primeros pasos internacionales

A las 22:45 del 31 de agosto de 1949 arrancó el partido entre Barcelona y Millonarios de Bogotá. El espectáculo pretendía recaudar fondos para los damnificados del terremoto de Ambato de ese mismo mes, sin embargo, no fue nada amistoso, sino una batalla.

En la mañana los periódicos anunciaron una nueva catástrofe, esta vez futbolística, toda vez que Millonarios contaba con una pléyade de argentinos: Néstor Raúl Rossi, Alfredo di Stéfano, Adolfo Pedernera y Pedro Cabillón.

Barcelona 1996
Barcelona, el mejor clasificado del año 1995.
De pie: Jimmy Mormón Montanero, Marcelo Pepo Morales, Julio César Emperador Rosero, Carlos Luis Pestañita Morales y Raúl Pavito Noriega. Agachados: Fricson George, Luis Chino Gómez, Carlos Yánez, Héctor Carabalí, Carlos Gruezo quien jugó la temporada con el Aucas y Carlos Alejandro Beto Alfaro Moreno. Fotografía: EL FÚTBOL QUE MÁS NOS GUSTA 1899-2013 ® GUILLERMO GRANJA.

Pero para sorpresa de los colombianos —o argentinos, según se mire—, a los cinco minutos, un ecuatoriano destinado a ser leyenda, Enrique Pajarito Cantos, anotó. Casi enseguida, Pedernera con un disparo desde fuera del área puso el empate y, antes de la media hora, Di Stéfano marcó el 2 a 1.

El Ballet Azul, como llaman aún hoy a Millonarios en Colombia, era intratable y los guayaquileños llegaron vivos al descanso solo por inercia. Sin embargo, al retomar el juego, Barcelona estaba recuperado. Cantos hizo saltar el balón sobre Rossi con la “bicicleta” y al poco: el empate.

Las entradas violentas siguieron al gol y el árbitro pensó en detener el juego. No lo hizo y faltando tres minutos para el cierre, Víctor Lindor, sustituto de Pajarito Cantos, marcó el 3 a 2. El partido acabó entre las protestas de los jugadores de Millonarios que exigían tiempo extra en plena madrugada del 1 de septiembre de 1949.

Acto 3: Milagros

Juan Manuel Basurco, un sacerdote de Guipúzcoa, llegó a Quevedo en 1969 para hacerse cargo de una iglesia, pero tenía un secreto: a menudo, cambiaba la sotana por el uniforme de futbolista. En el Ecuador decidió continuar con su práctica.

No hubo dispensa papal, pero las autoridades eclesiásticas aceptaron que compaginara el deporte con sus deberes sacerdotales, siempre que no hubiese ni una falta en estos. Y tal fue su eficacia —en el campo de fútbol— que el Barcelona lo fichó en 1971.

Barcelona
Barcelona fue subcampeón en la Copa Libertadores en 1998. Celebrando el gol de Anthony De Ávila en la semifinal. Fotografía: ® MUSEO DE BARCELONA.

Aunque el viaje a Guayaquil significaba incumplir su promesa al clero, pagó la indulgencia donando el dinero de su fichaje a los pobres de la parroquia, al tiempo que se ponía a entrenar junto con Alberto Spencer.

El partido más importante de Basurco fue de visitante con Estudiantes de La Plata, el tricampeón defensor de la Copa Libertadores.

La prensa argentina hizo polvo a Barcelona en los días previos: lo llamaban “equipo de tercera categoría” o “el lugar adonde el maestro Spencer iba para acabar su carrera”.

Antes del arranque del partido, el 29 de abril de 1971, en el estadio de La Plata los hinchas cantaban: “Mozo, mozo, traiga otra copa más”. Mas, pese a la presión, el marcador se mantuvo estático hasta el minuto 63 cuando el curita vasco, el menos esperado de los barcelonistas, tras recibir un pase de Spencer, hizo el único gol del encuentro.

—¡Benditos los botines del padre Basurco! —exclamó un locutor de radio al sonar el silbatazo final. Antes de terminar la temporada, el cura se retiró de Barcelona. Al poco, colgó tanto los botines como la sotana.

Acto 4: Barcelona del Ecuador

“El aire me huele a caramelo”, un verso de la canción de “Dale, dale Barcelona” de Juan Manuel Oleagoitia, resuena porque, en sus cien años, Barcelona acumula un palmarés que incluye cinco campeonatos provinciales, un amateur, dieciséis nacionales y dos vicecampeonatos en la Copa Libertadores. Hasta 2008 era el único en llegar a la final de aquel certamen.

Esos logros lo convirtieron en un fenómeno que ya no solo incluía a la muchachada del Astillero: políticos de diferentes divisas vestían los colores del club y, a veces, hasta se catapultaban en las preferencias de los votantes posando con ellos.

Abdalá Bucaram fue presidente del Ecuador y de Barcelona a un tiempo; Isidro Romero, también titular del club, estuvo en el Congreso, igual que Heinz Moeller o Galo Roggiero. Eduardo Maruri quiso salir del despacho barcelonista a una curul, pero no consiguió la votación necesaria.

Barcelona
El Barcelona, campeón más esperado en 2012.
De pie: Damián Kitu Díaz, Matías Oyola, Michael Gambetita Arroyo, Juan Carlos Ferreyra, Mauro Rosero, Damián Lanza, Frickson Erazo, apenas escondido, Pablo Saucedo, Carlos Morán, Edson Montaño, José Ayoví, Luis Gordo Lucho Caicedo y José Luis Perlaza. Agachados: Julio Mercado, Víctor Valarezo, Renzo Revoredo, José Ringo Amaya, Miguel Ibarra, Carlos Gruezo, Narciso Mina, Hólger Matamoros, Jorge Pony Ladines y Christofer Suárez. Fotografía: EL FÚTBOL QUE MÁS NOS GUSTA 1899-2013 ® API.

Y a nivel local Jaime Nebot, varias veces alcalde de Guayaquil, es presidente vitalicio del club, mientras que José Francisco Cevallos lideró al equipo cuando fungía de gobernador del Guayas. La lista más reciente incluye a Aquiles Álvarez, actual burgomaestre del puerto y directivo de Barcelona entre 2015 y 2022.

Más allá de las pasiones deportivas, sin duda, Barcelona atrae a los políticos por su cercanía con el pueblo: el equipo está en la sangre de la gente no solo de su ciudad, sino del Ecuador entero.

En el país están quienes aman y también quienes odian al equipo, pero no existen indiferentes. Por eso, el club puede mover los hilos del marketing o de lo que sea y es que el fútbol, como las religiones, crea dioses, y de ellos hay que tenerlo todo. Si existe alguna duda, basta mirar a la Argentina donde Maradona consiguió su propia iglesia.

Por lo demás, las victorias alimentan la fama de un ídolo, pero las derrotas, la esperanza. Y con esa receta Barcelona ha logrado trascender. Como dice una de las barras dedicadas al club: “Ídolo, cómo te explico cuánto te amo yo”.

Siete ídolos del Ídolo

Como toda lista, esta es excluyente y, por tanto, injusta, sin embargo, ofrecemos algunos de los nombres que han dejado huella en Barcelona:

Sigifredo Chuchuca: cuando Barcelona disputaba los primeros partidos de la era profesional, este delantero orense, que estuvo en el equipo desde 1946 a 1958, lo amó tanto que faltó a su fiesta de matrimonio para jugar en un partido.

Enrique Pajarito Cantos: puntero derecho que jugó en el club desde 1947 hasta 1961; fue clave en la victoria contra Millonarios que marcó a la hinchada barcelonista y, además, obtuvo tres títulos con el equipo —el amateur de 1950, el provincial de 1955 y el nacional de 1960—. Su muerte en 1996 enlutó a Guayaquil entero.

Los hermanos Cañarte: Simón y Clímaco debutaron en Barcelona en 1951 y 1952, respectivamente. Ambos eran delanteros implacables y, aunque el primero se retiró en 1957, pudo levantar un campeonato provincial, mientras su hermano estuvo en las plantillas ganadoras de los torneos nacionales de 1963 y 1966.

Carlos Luis Morales: debutó en el equipo en 1983 y dos años después celebró su primer campeonato nacional, logro que repitió en el 87, 89 y 91. Sin embargo, su mayor hazaña fue atajar con la pierna izquierda el penal definitivo en el partido contra River Plate, llevando al Barcelona a su primera final de la Copa Libertadores en 1990.

Rubén Darío Insúa: volante que llegó al equipo en 1991; su trato inteligente del balón lo convirtió en el cerebro del equipo y fue clave para el campeonato de ese mismo año. Se fue de Barcelona en 1994 para regresar como director técnico en 1997 y clasificarlo a la segunda final de la Copa Libertadores en 1998.

José Francisco Cevallos: portero de Barcelona por quince años —1990 a 2005—, sus atajadas fueron decisivas para los campeonatos nacionales de 1991, 1995 y 1997, así como para la clasificación a la final de la Copa Libertadores de 1998. Después de retirarse como jugador, llegó a ser presidente del club.

Carlos Alfaro Moreno: jugador valiente y astuto; empezó a jugar en el equipo en 1994 y disputó 182 partidos; figura clave de los campeonatos de 1995 y 1997, y también de la campaña en la Copa Libertadores de 1998; se retiró del fútbol en 2002 en Barcelona y, más tarde, fue su dirigente.

Bonus

Alberto Spencer: el jugador de Ancón que se hizo leyenda en Peñarol de Uruguay regresó al Ecuador para jugar su último año en Barcelona, levantando el campeonato de 1971 —el único en el Ecuador—; tras su muerte en 2006, hinchas tanto del club guayaquileño como el montevideano lo despidieron con sendos homenajes.

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