No es fácil dar un número exacto, pero se estima que cerca de dos mil habitantes de calle duermen a la intemperie en Quito. También les dicen indigentes o personas sin techo. Muchos ya están acostumbrados a (no) verlos. La Toca de Asís no es un albergue, sin embargo, alimenta y da dignidad a los que no tienen.
Caminan solos o en grupos dispersos, de a dos, de a tres. Dejan sus refugios temporales, sus no hogares, para ir en busca de comida. La subida desde el centro de Quito hasta El Tejar se vuelve interminable, después de pasar la noche en paradas de buses, albergues, quebradas o aceras que cambian de nombre según la zona en la que caen extenuados. Un hombre flaco, negro y de barba cana empuja un carrito de gas que asegura haber comprado cuando cruzó la frontera en Ipiales. Dice que es colombiano y que tiene “cincuenta y pico de años”. Sobre el vehículo transporta dos mochilas, cobijas y un colchón de esponja enrollado.
“Generalmente, las personas en situación de calle llevan su casa en fundas o mochilas”, dice uno de los voluntarios de La Toca de Asís, señalando el carrito, bolsas de basura llenas de ropa, mochilas con remiendos y cierres estropeados, y algunas en buen estado.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


