
El Centro Una Familia de Familias es más que un colegio con especialidades artesanales y técnicas. Se trata de un refugio para aquellos que deben enfrentar la dureza de las calles. Le invitamos a conocer sus talleres y aulas, ¡Vamos allá!
El Centro Una Familia de Familias, antes llamado Muchacho Trabajador, salió de La Marín en 2017 y hoy funciona íntegramente en el norte de Quito. Allí, los niños en situación vulnerable del sector estudian el colegio y aprenden oficios técnicos, por ejemplo, carpintería, costura, ventas.
Y la institución tiene mucho de casa: los alumnos llegan muy jóvenes en busca de estudios, pero también comen y juegan adentro. Por eso, nace en ellos un vínculo que los hace regresar más adelante, pero en el papel de colaboradores.
El Centro fue una iniciativa del sacerdote jesuita Juan Halligan, quien desde 1964 ofreció alternativas y apoyo a los niños que trabajaban en las calles de Quito para que pudieran desarrollarse. En los 44 años que la sede se mantuvo en La Marín el centro benefició a más de 5000 familias. Ahora, en Cotocollao, la labor sigue.
El taller de carpintería

Antes incluso de cruzar la entrada del taller, se escucha el sonido agudo de las moladoras cuando entran en contacto con la madera. Al interior, los obreros con sus overoles y gafas se concentran en una nueva línea de muebles. El sitio es tan amplio que hay espacio para una oficina con tres escritorios que, pese a estar protegida por paneles, no logra aislarse del ruido. Aun así, desde ese rincón coordinan la fabricación y se buscan nuevos clientes.
El Centro Familia de Familias contrata a los obreros, aunque buena parte aprendió la carpintería en sus aulas cuando eran estudiantes. Víctor Rodolfo Roque es uno de ellos: permaneció allí hasta el tercer curso y trece años después regresó porque “quería devolver lo bueno que hicieron por él”.

Él dice que ese taller tiene algo especial y se transforma según las circunstancias: en el tiempo de confinamiento por la pandemia, fue un lugar de acopio de víveres y algunos obreros siguieron asistiendo para entregar ‘kits’ de ayuda a compañeros aislados o gente de los barrios del norte quiteño.
Tras el encierro, el taller reabrió. Sin embargo, algunas empresas que les encargaban muebles habían desaparecido, de manera que fue necesario diversificar los productos en busca de un mercado más amplio.
Hoy, se encuentran artículos promocionales hechos bajo pedido, por ejemplo, cajas, nacimientos, portacelulares, tablas de picar. Y también una gama de juguetes como rompecabezas, trompos, ábacos, camiones y hasta tableros de ajedrez.
Buena parte del trabajo se enfoca en escritorios, veladores y estanterías para cocina o estudio. Con ellos se surte sobre todo a grandes tiendas, aunque también fabrican de forma individual para quien lo solicita.

Centro de capacitación y colegio
Familia de Familias se mantiene con los ingresos de las ventas y donativos. No es una institución pública y, aparte de los trabajadores de la fábrica, debe encargarse de un colegio con alrededor de cuatrocientos estudiantes, quienes reciben clases, asistencia médica y comida.
El taller está al lado del patio de la secundaria. Al aire libre, la mayoría de los estudiantes juega fútbol, pero otros miran con curiosidad hacia donde trabajan los obreros. Ambas áreas están ligadas no solo por su ubicación, sino porque la idea es ofrecer a los jóvenes herramientas para el mundo profesional.

Las aulas educativas, repletas de niños y adolescentes, están en los dos pisos circundantes al área de juego. El segundo incluye un almacén en el que se guardan prendas de vestir donadas al Centro Familia de Familias y un área de costura. En esta, a menudo, los aprendices no pertenecen al colegio, sino que son las mamás, abuelas o tías de los alumnos.
El director ejecutivo del centro, Freddy Pérez, explica que abarcan tanto justamente para cumplir con el eslogan de otro tiempo y que hoy es el nombre de la institución: ‘una familia de familias’. Quieren, en definitiva, construir una casa en la que padres e hijos tengan espacio.
Familia de familias

A pocos metros de la garita de entrada, está la tienda del Centro donde se exhiben las obras del taller de carpintería: escritorios que, gracias a un juego de bisagras, se transforman en veladores para ocupar menos espacio, balancines con forma de caballos, rompecabezas, libreros y juegos didácticos.
Esperanza Chin, una de las trabajadoras, permanece tras el mostrador que funciona como caja y dice que devuelve a diario el apoyo que recibió: estuvo en esas aulas desde los ocho años hasta su graduación con una especialidad técnica en Ventas. Tiempo después, la invitaron a colaborar con el proyecto y ha pasado una década desde entonces.
“Es muy diferente a otros trabajos porque cada negocio que se cierra no es para beneficio personal, sino que ayuda a mantener los servicios que brindamos”, explica.
Pero no es la única que se encuentra en el almacén: Marisol Vimos, también encargada de conseguir nuevos clientes, llegó a la institución con diez años y cinco después se fue especializada en costura. Una Familia de Familias le hacía seguimiento para asegurarse de que trabajara en buenas condiciones; gracias a eso, pudo continuar sus estudios titulándose en Comercio y Administración. Con esa carrera trabaja allí desde el 2013.
Marisol se siente ligada a los niños porque le recuerdan a ella misma y a sus hermanos y dice, por eso, que el Centro no es un lugar de estudios, sino un camino para la gente en busca de esperanza.

Algunos datos
El Centro fundado por el padre John J. Halligan, S.J. tiene como objetivo apoyar a familias en situación de vulnerabilidad. Originalmente trabajó con niños lustrabotas en el Centro Histórico y les ofreció educación y oportunidades de crecimiento personal. Hoy funciona al norte de Quito, donde ya se cuentan alrededor de 1500 personas que se han beneficiado de los trabajos de la institución.
- Dirección: José Nogales N69-172 y Piedras Negras.
- Teléfono: (02) 2493459.
- Sitio web: familiadefamilias.org.
- Instagram: @ceffecuador


