El ascenso a la cumbre del Carihuairazo es un recorrido a través de la historia del primer glaciar extinto del siglo XXI en el Ecuador. Aunque las capas de hielo desaparecieron, el paisaje insiste en mostrar su nueva cara.
Cubierto por nubes y escondido en la tenue oscuridad de las primeras horas del día, su silueta asoma recelosa frente a quienes estamos a sus pies para conocerlo de nuevo, porque su cara cambió, ya no luce abarbada por la nieve. Su rostro está despoblado, como el de un joven lampiño. Desde lejos y clavando la mirada en sus cumbres, se distinguen unos picos que la neblina oculta en segundos, como guardando un secreto. Lo que esta montaña no sabía es que su misterio nos había sido revelado. Por eso estamos aquí, para atestiguar la desaparición de su glaciar.
“El Cari es bravo y no le abre la puerta a cualquiera”, dice Tomás Azas, guía experto, desde el parqueadero de Abraspungo, que en kichwa significa ‘abre las puertas’. En este sitio, que está a 3800 msnm en la provincia de Tungurahua, inicia la ruta de ascenso a la base de la cumbre del Carihuairazo. Esa enormidad de 5020 msnm que, hasta el año pasado, todavía se la podía llamar glaciar. “El hielo llegaba hasta ahí abajo”, explica Tomás, mientras señala la parte inferior del nevado, donde ahora solo se distingue una mancha negra.
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