por Federico Mallo Ferrer y Patricia Pérez Castro
En los últimos decenios, el comer y la comida han estado en el centro de atención de las sociedades occidentales como nunca. Los programas de cocina y alimentación, los viajes de turismo gastronómico, la publicidad sobre alimentos o las cuentas en redes sociales centradas en composición de alimentos y pérdida de peso han proliferado hasta hacerse omnipresentes y convertirse en una verdadera plaga.
En un contexto así, resulta lógico que aumenten los trastornos de la conducta alimentaria. Cada vez más personas sufren algún tipo de afección relacionada con su alimentación, tanto por exceso como por defecto.
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